Vie. Sep 4th, 2026

Una voz que no se apaga: el legado de clase de la feminista que desafió al capital

Sep 3, 2026
Foto BBC

La periodista y activista estadounidense, considerada una de las figuras más emblemáticas del feminismo del siglo XX, falleció este miércoles a los 92 años en su casa de Nueva York, según informó su fundación . Cofundadora de la revista Ms., su vida y obra estuvieron marcadas por la denuncia de las condiciones de vida de las mujeres y por una profunda crítica al sistema que las oprime. Sin embargo, su legado también está atravesado por contradicciones que reflejan las tensiones entre el activismo feminista y el establishment político, como su vínculo con la CIA, una arista que la izquierda no puede pasar por alto al analizar su figura.

Por Equipo El Despertar

La noche del 2 de septiembre de 2026, Gloria Steinem se apagó. Lo hizo “rodeada de algunas de las muchas personas que la querían” , según el comunicado de la Gloria’s Foundation. Su muerte, a los 92 años, cierra una vida que atravesó los momentos más convulsos del siglo XX: desde la posguerra hasta la era de Trump, pasando por la revolución sexual, la segunda ola del feminismo y el auge del neoliberalismo . Nacida en Toledo, Ohio, en 1934, Steinem fue testigo y protagonista de la transformación de la condición femenina en Occidente .

Su activismo se forjó en la experiencia personal. Su despertar feminista ocurrió en 1969, durante una reunión en la que las mujeres hablaron abiertamente sobre el aborto, una práctica que ella misma había vivido en la clandestinidad. “Eso dio un sentido a mi propia experiencia. Yo había abortado y no se lo había dicho a nadie”, recordaría luego . Desde entonces, su vida se convirtió en una lucha por la “libertad de reproducción”, entendida no solo como el derecho a no tener hijos, sino como la autonomía plena sobre el cuerpo .

Su trabajo como periodista fue el vehículo de esa lucha. En la década de 1960, se infiltró en la mansión Playboy durante once días haciéndose pasar por una conejita, para denunciar las condiciones laborales y el trato que recibían las mujeres que trabajaban en el club . Fue un acto de periodismo de investigación que la convirtió en una figura pública y que reveló, con crudeza, cómo el capitalismo convierte el cuerpo de las mujeres en una mercancía más. Aquel reportaje no solo expuso el sexismo de la industria del entretenimiento, sino que mostró cómo la explotación laboral y la opresión de género son caras de una misma moneda.

En 1971, fundó la revista Ms., un proyecto editorial que rompió con la prensa tradicional y dio voz a las demandas del movimiento feminista. La revista fue, en muchos sentidos, un instrumento de agitación cultural que cuestionó los roles de género y visibilizó la violencia doméstica, el acoso laboral y la desigualdad salarial. Steinem se convirtió así en la cara visible del feminismo estadounidense, una presencia inconfundible con sus grandes gafas de aviador y su cabello con la raya al medio .

Pero su legado no está exento de contradicciones. Una de las más incómodas para la izquierda es su vínculo con la CIA. Durante los años de la Guerra Fría, Steinem trabajó como directora de la “Independent Research Service”, una organización financiada por la agencia de inteligencia estadounidense . Este dato, que la propia Steinem reconoció en su autobiografía, ha sido utilizado por sus críticos para cuestionar la coherencia de su activismo. No se trata de una anécdota menor. El hecho de que una figura emblemática del progresismo haya colaborado con el aparato de espionaje del imperio revela las tensiones entre el feminismo institucional y los movimientos populares, y plantea preguntas incómodas sobre el carácter de clase de las luchas por la igualdad en el seno del capitalismo.

Desde una perspectiva marxista, la obra de Steinem debe ser leída a la luz de estas contradicciones. Su crítica al patriarcado fue aguda y necesaria, pero no siempre se acompañó de un análisis igualmente profundo del sistema económico que lo sostiene. El feminismo liberal, del que Steinem fue una de sus máximas exponentes, tiende a buscar la igualdad dentro del marco capitalista, sin cuestionar la propiedad privada ni la explotación laboral. Este enfoque, aunque logró avances importantes en el plano legal y cultural, no ha sido suficiente para erradicar la opresión de las mujeres, que sigue siendo estructural.

La propia Steinem, sin embargo, fue más allá del liberalismo en algunos momentos. Su defensa de la “libertad de reproducción” implicaba una crítica al control que el Estado y el mercado ejercen sobre los cuerpos de las mujeres. Su oposición a la guerra de Vietnam y su apoyo a los movimientos de derechos civiles la acercaron a posturas antimperialistas. Pero su colaboración con la CIA y su posterior apoyo a la candidatura de Hillary Clinton (2021) revelan hasta qué punto su activismo se mantuvo dentro de los márgenes del establishment demócrata.

La muerte de Steinem llega en un momento en que el feminismo está en el centro del debate político global. En América Latina, los movimientos por el derecho al aborto han conquistado victorias históricas, mientras que en Estados Unidos la derecha conservadora ha logrado revertir el fallo Roe vs. Wade. En este contexto, el legado de Steinem es un campo de batalla. Para la prensa hegemónica, será la oportunidad de consagrar a una heroína del progresismo americano, omitiendo sus contradicciones y su vínculo con el poder. Para la izquierda, es una ocasión para recuperar su crítica al patriarcado, pero también para señalar los límites de un feminismo que no cuestiona las bases del capitalismo.

Steinem pidió que, en lugar de flores, quienes deseen honrarla realicen una donación a la Gloria’s Foundation, una organización creada para preservar su hogar en Nueva York como un “refugio para activistas internacionales” . Es un gesto que refleja su espíritu: el deseo de que su legado no se convierta en un monumento, sino en una herramienta para la lucha. Que su muerte no sea el fin de su obra, sino el comienzo de un nuevo debate sobre el feminismo y la clase trabajadora.

Su partida deja un vacío, pero también una pregunta: ¿es posible construir un feminismo que no solo critique la opresión de género, sino que también combata el sistema que la reproduce? La respuesta, como la propia Steinem sabía, no está en los libros ni en los discursos, sino en la organización de las mujeres trabajadoras, en las calles y en las fábricas, allí donde el capital y el patriarcado se dan la mano para oprimir.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *