Mientras la clase trabajadora chilena ya no puede llegar a fin de mes y el desempleo supera el 9,4%, las proyecciones del economista Nicolás Bohme –excoordinador tributario de Hacienda y asesor del equipo económico de Jeannette Jara– son lapidarias: el recorte fiscal de US$6.000 millones en 18 meses que prometió José Antonio Kast “va a producir una recesión en nuestra economía”. La misma administración que regaló US$4.400 millones anuales a los más ricos mediante la megareforma tributaria pretende ahora ajustar el gasto con una tijera que, según los cálculos de Bohme, solo podría alcanzarse cerrando programas sociales esenciales como la alimentación escolar que beneficia a 1,8 millones de niños. La hipocresía es monumental: mientras los consejeros del Banco Central reciben aumentos del 14,4% y los grupos económicos se embolsan el botín de la megareforma, los trabajadores enfrentan la amenaza de un ajuste que, de concretarse, profundizará la precarización y la desigualdad.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. Cuando el economista Nicolás Bohme, integrante del equipo económico de la candidata Jeannette Jara y excoordinador de Política Tributaria de Hacienda, analiza el programa fiscal de José Antonio Kast, no encuentra números que cuadren. Encuentra una “ruta fiscal que es totalmente irrealizable”. Una promesa de recorte de US$6.000 millones en 18 meses que, según el especialista, en un contexto de compromisos fijos del Estado y una rebaja de impuestos sin financiamiento, no tiene forma de concretarse sin golpear de lleno los programas sociales que sostienen a la clase trabajadora.
“Una cifra de esa magnitud va a producir una recesión en nuestra economía”, sentenció Bohme durante un conversatorio en la Universidad Católica. La declaración no es un exabrupto político: es la advertencia de un economista que conoce las cuentas fiscales y que ha visto cómo la promesa de “eficiencia” de la derecha se traduce siempre en el mismo resultado: más sacrificios para los de abajo.
La aritmética del despojo: cómo se financia el recorte
El asesor económico del oficialismo fue categórico al desmontar la narrativa de Kast sobre un ajuste “sin tocar el gasto social”. El coordinador económico de la candidatura republicana, Jorge Quiroz, había asegurado que el recorte se lograría eliminando US$1.500 millones de programas “mal evaluados”. Bohme respondió con una pregunta que expone la brutalidad de la propuesta: “¿Cuál es el programa con falencias más grandes?”.
La respuesta es demoledora: el Programa de Alimentación Escolar (PAE), que entrega desayuno y almuerzo a 1,8 millones de niños en todo el país y que cuesta aproximadamente US$1.000 millones anuales. “Para reducir US$1.500 millones el gasto en ese aspecto, tal como propone Quiroz, lo que hay que hacer es cerrar el programa de alimentación escolar. Eso es, a nuestro juicio, una locura”, afirmó Bohme. Y agregó: “Si uno toma todo el resto de programas con falencias en la evaluación y deja fuera este, no dan los US$1.500 millones, dan del orden de US$900 millones o US$1.000 millones”. La conclusión es clara: “O no se están poniendo bien los dedos en la calculadora o se está pensando cerrar programas que son programas sociales”.
El regalo a los ricos y la factura a los trabajadores
La promesa de ajuste de Kast no es una medida aislada. Es la otra cara de la misma moneda: la megareforma tributaria, que según un informe elaborado por exasesores de Hacienda del gobierno de Boric –incluido el propio Bohme– involucra una pérdida de ingresos fiscales del orden de **US$4.400 millones anuales en régimen (1,2% del PIB)**. Y lo que es más grave: “Prácticamente la totalidad de los beneficios directos de esta reforma irá a parar al 1,5% más rico de la población”. “Cada uno de los 1.500 contribuyentes de mayores rentas recibirán beneficios anuales superiores a los $400 millones anuales”.
La lógica de clase es brutal: el gobierno de los patrones primero regala el Estado al capital, reduciendo los ingresos fiscales en 4.400 millones de dólares anuales, y luego amenaza con cerrar la alimentación escolar de 1,8 millones de niños para “ordenar las cuentas”. La misma administración que encontró tiempo y recursos para autorizar un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, ahora dice que no hay plata para el desayuno de los niños.
La recesión anunciada
Bohme fue explícito al advertir sobre las consecuencias de esta política: “La propuesta fiscal de Kast es realismo mágico, propone una reducción de impuesto a las empresas de 27 a 20% junto con un recorte fiscal de 6 mil millones de dólares que es totalmente irrealizable a menos que se hicieran cosas como por ejemplo despedir a médicos de los hospitales o detener la inversión pública para reducir el déficit habitacional en el país”.
La advertencia no es teórica. El economista señaló que el ajuste fiscal de US$6.000 millones en 18 meses –que representa poco más del 6% del presupuesto del gobierno central– no puede ejecutarse sin generar un impacto recesivo. Es decir: la misma política que los grupos económicos celebran como “orden fiscal” hundirá la economía, destruirá empleos y golpeará con más fuerza a quienes ya no pueden llegar a fin de mes.
La función de clase del “orden fiscal”
Desde una perspectiva marxista, la propuesta de recorte de Kast y la megareforma tributaria que la financia no son dos políticas separadas. Son las dos caras de la misma lógica de clase: transferir recursos desde el Estado hacia el capital, y luego usar la “crisis fiscal” generada por esa transferencia para justificar el desmantelamiento de los derechos de la clase trabajadora. El “orden fiscal” que defiende la derecha es el orden de los patrones: un orden que prioriza el pago de la deuda y la ganancia de los grupos económicos por sobre la vida de los de abajo.
Mientras los consejeros del Banco Central reciben aumentos de 14,4% y los 1.500 contribuyentes más ricos se embolsan más de $400 millones anuales gracias a la megareforma, los niños de la alimentación escolar –que son hijos de trabajadores– ven cómo su desayuno y su almuerzo están en la mira del ajuste. La hipocresía es monumental: la misma administración que encontró tiempo y recursos para regalar 4.400 millones de dólares a los ricos ahora dice que no hay plata para los niños.
Epílogo: la factura de los patrones
Las proyecciones de Nicolás Bohme no son una opinión política: son un ejercicio técnico que desnuda la verdadera naturaleza del proyecto de Kast. El recorte de US$6.000 millones en 18 meses no es una medida de eficiencia; es una transferencia de recursos desde los sectores populares hacia los grupos económicos. La megareforma tributaria no es un incentivo a la inversión; es un regalo a los de arriba que se pagará con el hambre de los de abajo.
La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso del “orden fiscal”. La verdadera lucha no es contra el déficit, sino contra un sistema que siempre encuentra plata para los de arriba y siempre encuentra excusas para los de abajo. Mientras los patrones celebran sus rebajas de impuestos y los consejeros del Banco Central reciben sus aumentos, los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. La factura de los patrones, como siempre, la pagan los de abajo.
