Vie. Sep 18th, 2026

El shock energético global: La transferencia del costo de la crisis del capital a la inflación, las tasas de interés y la carestía de la vida obrera

Sep 18, 2026

El encarecimiento de los combustibles y la energía desata una espiral de pérdida de poder adquisitivo para las mayorías trabajadoras, mientras la banca central y las corporaciones protegen la tasa de ganancia mediante el ajuste monetario y la especulación de precios.

Por Equipo El Despertar

El brusco incremento en los costos de los insumos energéticos en los mercados internacionales ha sido interpretado por los medios de comunicación hegemónicos y la prensa financiera como un “evento externo impredecible”, una “perturbación geopolítica de la oferta” o un simple desequilibrio entre oferta y demanda. La narrativa dominante se apresura en responsabilizar a factores exógenos aislados, intentando desligar el fenómeno de la lógica interna del capitalismo tardío y encubriendo cómo las grandes corporaciones transnacionales del sector hidrocarburos y de la energía aprovechan la coyuntura para inflar sus márgenes de ganancia mediante la fijación de precios especulativos.

Sin embargo, desde una rigurosa lectura de la economía política y el materialismo histórico, el traslado del shock energético hacia la inflación generalizada y la posterior subida de tasas de interés por parte de los bancos centrales constituye un mecanismo directo de transferencia de valor desde la clase trabajadora hacia el gran capital. El encarecimiento de la energía —insumo transversal para la producción, el transporte y la reproducción de la vida cotidiana— no es absorbido por las ganancias del empresariado, sino que se remarca de inmediato en el precio final de los alimentos, la vivienda y los bienes básicos, destruyendo el salario real de las familias trabajadoras a nivel global.

Para contener esta dinámica inflacionaria sin tocar los beneficios corporativos, la oligarquía financiera aplica la receta clásica del ajuste: la elevación de las tasas de interés por parte de la banca central. Lejos de ser un instrumento neutral de estabilización monetaria, la subida del costo del crédito busca enfriar la economía provocando desempleo, contención salarial y restricción del consumo popular, asegurando que el costo de la desacumulación recaiga enteramente sobre los hombros del proletariado. Como explicara Karl Marx al develar la dinámica de las crisis e inflación en El Capital: «El capital no mide las crisis por las privaciones de la población, sino por la alteración en la tasa de ganancia; cuando los costos de producción se elevan, el sistema busca restablecer el equilibrio conteniendo el valor de la fuerza de trabajo y sacrificando las condiciones de vida de la clase obrera».

El escenario actual demuestra que la denominada “crisis del costo de la vida” no es un accidente técnico ni una fatalidad inevitable, sino el resultado del dominio de los monopolios energéticos y la dictadura del capital financiero. Para la clase trabajadora mundial y los movimientos populares, hacer frente a esta embestida exige trascender las meras demandas de subsidios estatales paliativos y avanzar hacia un programa de lucha que plantee la expropiación sin indemnización del entramado energético, la desmercantilización de las fuentes de energía y la planificación democrática de la producción al servicio de las necesidades humanas básicas.

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