Lo que alguna vez fue una presencia discreta se ha convertido en una ofensiva abierta. El sionismo, de la mano de Estados Unidos y los nuevos gobiernos de ultraderecha del continente, ha desplegado una red de influencia política, económica y militar que abarca desde Argentina hasta Colombia, pasando por Costa Rica y Centroamérica. Detrás del discurso de la “cooperación” y los “Acuerdos de Isaac” se esconde la misma lógica de siempre: la subordinación de los recursos y la soberanía de los pueblos latinoamericanos a los intereses del capital global y del proyecto colonial sionista. Mientras los gobiernos progresistas y los defensores de la causa palestina son desalojados mediante lawfare, golpes blandos e injerencia electoral directa, la clase trabajadora del continente asiste a la consolidación de un bloque de ultraderecha que, bajo la bandera de la “seguridad” y el “libre mercado”, entrega las llaves de la región a Tel Aviv y Washington.
Por Equipo El Despertar
La geografía del dominio sionista
El expansionismo sionista en América Latina y el Caribe ya no es una estrategia encubierta. Como documenta Carlos Aznárez en un reciente análisis para Resumen Latinoamericano, “Israel”, su diplomacia político-militar, no descansa y sigue expandiendo la influencia del sionismo y su doctrina de muerte, por todo el continente. No se trata solo de la apertura de relaciones políticas, económicas y militares, sino de una “audaz maniobra de presión y cooptación de mandatarios y altos cargos de distintos países”.
El caso de Argentina es el más emblemático. Desde 2023, con la llegada de Javier Milei al gobierno, el relacionamiento con Israel pegó un “salto monumental”. Milei se jacta de ser “el primer y principal presidente sionista” del continente, y ha convertido a Buenos Aires en lo que muchos analistas consideran la “segunda Tel Aviv”. Allí, la embajada y las entidades comunitarias judías ejercen un “papel decisivo” en la implementación de las estrategias del gobierno argentino.
Los Acuerdos de Isaac, lanzados por Milei e inspirados en los Acuerdos de Abraham, son el instrumento de esta ofensiva. Su objetivo: una red permanente de cooperación en comercio, inversión, innovación tecnológica e inteligencia. Doce países latinoamericanos ya los han respaldado, en un movimiento que busca “expandir la influencia de Israel” en una región cada vez más derechizada.
La injerencia electoral como política de Estado
Las elecciones en América Latina ya no se dirimen únicamente en las urnas. La injerencia israelí, en alianza con Estados Unidos, se ha convertido en un factor determinante. El caso más reciente es el de Colombia. El presidente Gustavo Petro ha denunciado abiertamente que la empresa de inteligencia israelí Black Cube manipuló los algoritmos del escrutinio para favorecer al ultraderechista Abelardo de la Espriella.
Petro fue explícito: “La empresa que suministró algoritmos viciados es una empresa de inteligencia privada israelí de nombre Black Cube”. Según su denuncia, los algoritmos se usaron “con el censo electoral de los que nunca votan para ser reemplazados por votantes que podían hacerlo varias veces o sin votantes en las mesas de jurados homogéneos”. De la Espriella, por su parte, ha hecho de Israel el centro de sus prioridades diplomáticas, prometiendo reubicar la embajada colombiana en Jerusalén y convertir a Colombia en un “socio estratégico” en materia comercial y armamentística. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró su triunfo: “Los amigos de Israel siguen triunfando. ¡Vivan los Acuerdos de Isaac!”.
Black Cube no es un actor nuevo. La misma firma fue señalada en Eslovenia por orquestar filtraciones que pretendían vincular al primer ministro Robert Golob con una trama de corrupción. La injerencia electoral israelí, lejos de ser excepcional, es un patrón global.
El lawfare y las dictaduras: el sionismo como brazo represivo
La influencia sionista en América Latina no es un fenómeno reciente. Históricamente, Israel entrenó y vendió armas a las dictaduras militares de la región: Paraguay, Guatemala, Chile, Argentina, Ecuador, Nicaragua, El Salvador. Como documentó Israel Shahak en su libro “El Estado de Israel armó las dictaduras de América Latina”, Tel Aviv proporcionó armas a los regímenes militares durante los años 70 y 80, incluyendo fusiles Uzi, Galil y aviones Arava.
Hoy, esa alianza se ha renovado bajo nuevas formas. El sionismo está “en estrecha relación con los gobiernos de ultraderecha y con los establecidos a través de los llamados golpes blandos (o lawfare) y en las persecuciones políticas”. Los casos de Lava Jato en Brasil, las causas contra Rafael Correa en Ecuador, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y Fernando Lugo en Paraguay son ejemplos de cómo el lawfare, impulsado por alianzas entre la ultraderecha local, Israel y Estados Unidos, ha desalojado a gobiernos progresistas.
La ideología sionista y el militarismo son los pilares de esta ofensiva. Israel sigue entrenando a las fuerzas represivas de la región, sobre todo durante los gobiernos conservadores. Es el décimo exportador de armas del mundo y un proveedor clave de tecnología de espionaje como el software Pegasus.
La subordinación de los pueblos
La expansión del sionismo en América Latina no es un fenómeno aislado, sino parte de la reconfiguración del mapa político del continente bajo la tutela del imperialismo. La ultraderecha, con sus líderes como Javier Milei en Argentina y Abelardo de la Espriella en Colombia, se ha convertido en el brazo político de esta ofensiva. Sus gobiernos abrazan el trumpismo, saludan la invasión a Venezuela y solicitan el intervencionismo estadounidense e israelí.
La clase trabajadora latinoamericana paga el costo de esta alianza. Los Acuerdos de Isaac no traerán desarrollo ni soberanía; traerán más militarización, más vigilancia y más subordinación a los intereses del capital global. Mientras los gobiernos de ultraderecha entregan las llaves de la región a Tel Aviv y Washington, los pueblos del continente son sometidos a una nueva ola de explotación y represión.
Epílogo: la resistencia como única salida
La expansión del sionismo en América Latina no es un destino inevitable. Es el resultado de una correlación de fuerzas que los movimientos populares y la clase trabajadora pueden y deben revertir. La denuncia de Petro sobre la injerencia de Black Cube en Colombia, la resistencia de los pueblos palestinos y la solidaridad internacional son las primeras grietas en este muro de impunidad.
La historia enseña que los imperios caen cuando los pueblos se organizan. El sionismo, como el imperialismo que lo sostiene, es una ideología de muerte y dominación. Pero la vida y la dignidad de los pueblos de Nuestramérica son más fuertes que cualquier tentáculo de Tel Aviv. La lucha por la soberanía, la justicia social y la paz en Palestina es también la lucha por la emancipación de América Latina.
