La escalada militar entre Washington y Teherán, la sistemática violación del alto el fuego en Gaza por parte de Israel y la irrupción de nuevos frentes en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo han llevado a Oriente Medio al borde de una confrontación regional de proporciones catastróficas. Mientras la maquinaria de guerra del imperialismo y el sionismo siembra muerte y destrucción sobre los pueblos de Palestina, Líbano e Irán, la clase trabajadora del mundo ya está pagando el costo de esta locura con el alza de los precios de la energía, la inflación galopante y la amenaza de una nueva crisis alimentaria global. La paz de los sepulcros que pregona la Casa Blanca no es más que una cortina de humo para encubrir el saqueo de los recursos y la consolidación de la hegemonía del capital, mientras los pueblos de la región se organizan para resistir. Como ha quedado demostrado en cada una de estas escaladas, el imperialismo no tiene límites éticos; su única lógica es la acumulación de poder y riqueza a costa de la sangre de los de abajo.
Por Equipo El Despertar
La guerra sin fin: el imperio contra las cuerdas y la resistencia que no cesa
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán con el objetivo declarado de “aniquilar” su potencial militar y desmantelar su programa nuclear. Más de cuatro meses después, la guerra no solo no ha terminado, sino que se ha recrudecido. El 17 de junio, Washington y Teherán firmaron un memorando de entendimiento que prometía poner fin a las hostilidades y abrir negociaciones sobre el programa nuclear. Pero la tregua duró apenas unas semanas. A inicios de julio, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) lanzó más de 170 ataques en 48 horas contra objetivos en Irán, incluidos sistemas de defensa aérea, instalaciones de vigilancia costera y depósitos de misiles y drones, dejando al menos 14 muertos y 78 heridos. Irán respondió con misiles contra bases estadounidenses en Qatar, Bahréin y Kuwait, en una espiral de violencia que amenaza con arrastrar a toda la región.
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, sigue siendo el campo de batalla decisivo. Desde el inicio de la guerra, Irán ha bloqueado de facto el paso, y el 15 de julio la Guardia Revolucionaria Islámica anunció su cierre indefinido. Trump, en su delirio de omnipotencia, se ha autoproclamado “GUARDIÁN DEL ESTRECHO DE ORMUZ” y ha reinstaurado un bloqueo naval contra los puertos iraníes, amenazando con cobrar un peaje del 20% a todo buque que intente cruzar. La declaración, que desafía abiertamente el derecho internacional, convierte una vía marítima internacional en una aduana privada del imperio.
La masacre cotidiana: el alto el fuego que nunca existió para los gazatíes
Mientras los reflectores se centran en el enfrentamiento con Irán, la masacre en Gaza continúa con una crueldad sistemática. El alto el fuego firmado el 10 de octubre de 2025 es una ficción: entre esa fecha y el 15 de julio de 2026, las violaciones israelíes han dejado al menos 1.123 palestinos muertos y 3.616 heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza. Solo entre el 8 y el 15 de julio, 40 palestinos fueron asesinados y 127 resultaron heridos. Los ataques israelíes han golpeado mercados, funerales, refugios de desplazados y posiciones policiales.
La crisis humanitaria es de tal magnitud que más de 100 organizaciones internacionales han exigido la apertura inmediata de todos los cruces para poner fin al asedio israelí. La actividad militar israelí cerca de la “Línea Amarilla” en el norte de Rafah está interrumpiendo gravemente la distribución de ayuda esencial, incluyendo agua, alimentos y servicios de saneamiento. Mientras tanto, el gobierno de Benjamin Netanyahu no solo mantiene el asedio, sino que alienta abiertamente la colonización de Gaza. El domingo 19 de julio, varios ministros israelíes lideraron una marcha de más de diez mil colonos hacia la frontera de Gaza para exigir la “repoblación judía” del enclave, en un acto de provocación que viola flagrantemente el derecho internacional.
El nuevo rostro de la resistencia: Hamás elige a Jalil al Haya
En medio de esta tormenta de fuego y sangre, Hamás ha designado a Jalil al Haya como nuevo jefe de su buró político, un cargo que permanecía vacante desde la muerte de Yahya Sinwar en octubre de 2024. Al Haya, de 66 años, es el principal negociador del movimiento y ha sobrevivido a múltiples intentos de asesinato israelíes. Su nombramiento, que se produce tras el asesinato de Ismail Haniyeh en Teherán en julio de 2024 y de Saleh al-Arouri en Beirut en enero de 2024, es una declaración de principios: Hamás, pese a la ofensiva israelí contra su liderazgo, sigue siendo un movimiento regido por sus instituciones y su consejo consultivo.
El nuevo líder, que encabezó las negociaciones que llevaron al alto el fuego de octubre de 2025, ha reiterado el compromiso de Hamás con la aplicación del plan estadounidense para Gaza, pero acusa a Israel de “obstruir” y “sabotear” su implementación. El nombramiento de Al Haya, un negociador curtido en decenas de batallas diplomáticas, es un mensaje claro a la comunidad internacional: la resistencia palestina no se rinde, y la vía política sigue abierta, aunque el imperialismo y el sionismo intenten cerrarla a sangre y fuego.
El frente se expande: el riesgo de una conflagración regional
La guerra ya no se limita a Gaza e Irán. El conflicto se ha extendido a otros países de la región, con incidentes que involucran a Kuwait, Bahréin, Jordania y el Mar Rojo. El ataque iraní contra bases estadounidenses en Bahréin, Jordania y Kuwait ha abierto nuevos frentes que podrían arrastrar a otros actores regionales. La amenaza de una confrontación regional de mayor escala es cada vez más real.
La función de clase de la guerra
Desde una perspectiva marxista, esta escalada no es un conflicto “entre naciones”, sino la expresión de la lucha interimperialista por el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en el campo de batalla decisivo. El peaje del 20% que Trump pretende imponer no es más que un impuesto a la clase trabajadora global, que paga el costo de esta guerra en el precio de la gasolina, el transporte y los alimentos. Mientras Washington y Teherán intercambian misiles, los pueblos de la región —y los trabajadores de todo el mundo— siguen pagando el precio de una guerra que no han elegido.
Epílogo: la resistencia como única salida
La profundización de la crisis en Oriente Medio no es un accidente ni una fatalidad. Es el resultado de un modelo imperialista que necesita la guerra para sostener sus ganancias. La clase trabajadora del mundo debe leer estos acontecimientos con otros ojos: no se trata de un conflicto lejano entre “democracias” y “dictaduras”, sino de una guerra de clases disfrazada de confrontación geopolítica. Los verdaderos beneficiarios son los fabricantes de armas, las petroleras y los especuladores financieros. Las víctimas son los pueblos de Palestina, Líbano e Irán, y los trabajadores de todo el planeta que ven cómo sus salarios se esfuman en medio de la inflación y la incertidumbre. La única salida no es esperar que el imperio decida la paz, sino organizarse para construir un mundo donde la vida de los de abajo valga más que las ganancias de los de arriba.
