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El desnudo del espionaje de los patrones: la mayor filtración de la historia desenmascara al servicio secreto marroquí y su guerra de clases contra los migrantes

Ago 25, 2026
Foto El Confidencial

El grupo de hackers Jabaroot ha infligido esta semana el mayor golpe a los servicios de inteligencia de Marruecos al filtrar los nombres, números de identificación y cargos de más de 70.000 agentes de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN). La filtración, presentada como un “regalo a España”, expone las tripas de un aparato represivo que, según los hackers, orquestó la entrada masiva de más de 70.000 personas en Ceuta el pasado 30 de julio y ha utilizado el espionaje, las escuchas y el soborno a políticos y empresarios como herramientas de dominación. La crisis del servicio secreto marroquí no es un mero escándalo de inteligencia: es la constatación de que el Estado alauita utiliza la migración como un arma de presión geopolítica, mientras los trabajadores de ambos lados del Estrecho pagan las consecuencias de una guerra de clases que se libra con cuerpos humanos como moneda de cambio.

Por Equipo El Despertar

Casablanca / Madrid. El lunes 24 de agosto, el colectivo de hackers Jabaroot cumplió su amenaza. En su canal de Telegram, el grupo publicó una base de datos con los nombres, números de identificación, cargos y años de reclutamiento de más de 70.000 agentes de los servicios de inteligencia y policía de Marruecos. La filtración incluye a miembros de la DGST, el servicio de inteligencia interior, y la DGSN, la policía nacional. Entre los afectados figuran el director de recursos humanos de la DGST, el director adjunto de contraespionaje y el jefe de una de sus células de investigación. Varios exagentes de la inteligencia marroquí han validado la autenticidad de las listas, lo que convierte esta filtración en la mayor brecha de seguridad jamás sufrida por los servicios de seguridad del reino alauita.

La verdad detrás de la avalancha: el plan de Estado como política de clase

Jabaroot, un grupo vinculado por algunos analistas a Argelia, ha presentado la filtración como un “gran regalo a Europa, y especialmente a España”. Pero el mensaje que acompaña a los datos va mucho más allá de un simple acto de hacktivismo. “Jabaroot cumple con ustedes la promesa de publicación, para confirmar que las operaciones de traslado (migración forzada) de marroquíes hacia Europa, comenzando por España, son un plan oficial marroquí”, escribió el grupo. Los hackers aseguran haber tenido acceso a las copias de las órdenes de misión de los agentes que se trasladaron a Castillejos (Fnideq) antes y después de los sucesos del 30 de julio, y han prometido publicar una nueva lista con los nombres de los agentes que “dirigieron y coordinaron” el plan de Ceuta.

La acusación apunta directamente a la cúpula del régimen marroquí. Jabaroot señala a Abdellatif Hammouchi, director general de la DGSN y la DGST, y a Fouad Ali El Himma, uno de los principales consejeros del rey Mohamed VI, como los responsables de haber planificado la presión migratoria sobre Ceuta. Según los hackers, la operación se habría llevado a cabo “con conocimiento de un país grande y de otro Estado ficticio”, en una referencia que parece apuntar a Estados Unidos e Israel. La filtración también denuncia que los agentes marroquíes “recorrieron Europa llevando a cabo las misiones de inteligencia más sucias, como espionaje, instalación de dispositivos de escucha y soborno de políticos y empresarios”.

La función de clase de la migración como arma de presión

Desde una perspectiva marxista, la crisis del servicio secreto marroquí y la filtración de Jabaroot no son un mero escándalo de inteligencia. Son la expresión de la lógica de clase que gobierna las relaciones entre el capitalismo europeo y los Estados del norte de África. La migración no es un fenómeno natural; es una herramienta de dominación que los Estados utilizan para disciplinar a sus poblaciones y presionar a sus vecinos.

El uso de la migración como arma de presión no es nuevo. El propio gobierno español había identificado esta estrategia en su Perspectiva Estratégica 2026, que recordaba cómo en mayo de 2021 Marruecos utilizó la entrada en Ceuta de alrededor de 9.000 ciudadanos marroquíes como un “instrumento de presión” para asegurar el respaldo español a su posición sobre el Sáhara Occidental. El diagnóstico ya estaba sobre la mesa antes de que decenas de miles de personas volvieran a cruzar la frontera este verano. Los sindicatos policiales llevaban tiempo advirtiendo sobre la presión montante. El mismo 30 de julio, Jupol denunció que Marruecos había levantado efectivamente los controles de salida y argumentó que la inmigración estaba siendo utilizada como instrumento de presión contra España.

La filtración de Jabaroot confirma lo que los sindicatos y los analistas ya señalaban: la avalancha migratoria no fue un accidente, sino una operación planificada. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es: ¿quién se beneficia de esta guerra de clases? La respuesta es clara: el capital. Para los Estados, la migración es un mecanismo para externalizar los costos de la crisis y disciplinar a los trabajadores. Para las élites marroquíes, es una herramienta de presión geopolítica. Para los trabajadores de ambos lados del Estrecho, es una condena: los marroquíes son empujados a una migración forzada, y los españoles son sometidos a un régimen de miedo que legitima políticas de control y represión.

El desnudo del aparato represivo: el Estado alauita contra las cuerdas

La filtración de Jabaroot no es solo una humillación para el régimen marroquí; es una ventana abierta a la podredumbre de un sistema que utiliza el espionaje y la represión como herramientas de dominación. El propio Ignacio Cembrero, periodista especializado en el norte de África, ha señalado que la información filtrada tiene un enorme valor para los servicios de inteligencia, ya que permite identificar a quienes trabajaban para la inteligencia interior marroquí, una agencia con ramificaciones fuera del país y a la que se atribuye el uso masivo del programa Pegasus para espiar a ciudadanos marroquíes, periodistas y miembros del Gobierno español.

El silencio de Rabat ante la filtración es una confesión involuntaria. El régimen alauita, que ha construido su poder sobre la base de la represión y el control, ha sido desnudado por un grupo de hackers. La filtración no es solo un golpe a la seguridad nacional marroquí; es un golpe a la legitimidad de un sistema que utiliza el espionaje para reprimir a su propia población y presionar a sus vecinos.

Epílogo: la guerra de clases no tiene fronteras

La crisis del servicio secreto marroquí no es un asunto lejano ni exótico. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo global: un sistema que utiliza la migración como un mecanismo de control, el espionaje como una herramienta de dominación y la represión como una forma de disciplinar a los trabajadores. La filtración de Jabaroot ha desnudado a un régimen que utiliza la migración como arma de presión, pero también ha expuesto la complicidad de los Estados europeos, que responden a la crisis con más control, más represión y más miedo.

Mientras los gobiernos de España y Marruecos se enredan en disputas diplomáticas, la clase trabajadora de ambos países sigue pagando el costo de una guerra que no ha elegido. Los marroquíes son empujados a una migración forzada por un modelo económico que los excluye; los españoles son sometidos a un régimen de control que criminaliza a los migrantes y legitima la represión. La crisis del servicio secreto marroquí es un espejo de la crisis del capitalismo: un sistema que utiliza a los cuerpos de los trabajadores como moneda de cambio en una guerra de clases que no tiene fronteras.

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