A poco más de 50 años del golpe militar que instauró la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, la desclasificación de archivos del Foreign Office ha confirmado lo que la memoria popular siempre supo: Gran Bretaña no fue un mero espectador, sino un actor activo en la intervención contra la democracia chilena. Bajo el gobierno laborista de Harold Wilson, una unidad secreta del Ministerio de Asuntos Exteriores inició una ofensiva propagandística para impedir que Salvador Allende ganara las elecciones de 1964 y 1970. Los cables revelan que funcionarios británicos en Santiago colaboraron con una organización de medios financiada por la CIA, que fue parte de la extensa operación encubierta de Estados Unidos para derrocar a Allende, la cual culminó en el sangriento golpe del 11 de septiembre de 1973. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: cuando el capital y el imperio no pueden ganar en las urnas, no dudan en recurrir al lawfare y al terrorismo de Estado, mientras la historia oficial intenta enterrar las pruebas de su complicidad en los archivos de los servicios de inteligencia.
Por Equipo El Despertar
Londres / Santiago. La historia, esa vieja maestra de la vida, suele tener la costumbre de resurgir cuando los poderosos creen haberla sepultado en las bóvedas de sus archivos nacionales. Esta semana, una investigación del periodista John McEvoy para Declassified UK ha vuelto a poner sobre la mesa los cables desclasificados del Foreign Office que documentan el papel activo de Gran Bretaña en la desestabilización de Chile durante los años previos al golpe de Estado de 1973. Los documentos revelan que, bajo el gobierno laborista de Harold Wilson (1964-1970), una unidad secreta del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Departamento de Investigación de Información (IRD), inició una ofensiva propagandística en Chile con el objetivo explícito de impedir que el líder socialista Salvador Allende ganara el poder.
La planificación del Foreign Office, tal como consta en un documento de 1964, ya señalaba que América Latina era “un área vital en la Guerra Fría” y que “frenar una toma del poder comunista aquí es un interés nacional británico al menos tan importante como negociar el comercio y aumentar las exportaciones”. La coartada de la “Guerra Fría” y el fantasma del “comunismo” eran, como siempre, la máscara de una operación de saqueo: proteger los intereses del capital británico en la región, especialmente el cobre, y mantener a raya cualquier intento de soberanía popular.
La maquinaria propagandística del imperio
El IRD, la unidad secreta británica, no se limitó a observar: actuó. En los meses previos a las elecciones de 1964, lanzó una ofensiva propagandística encubierta apoyando al candidato democratacristiano Eduardo Frei, quien finalmente se impuso con el 56% de los votos frente al 39% de Allende. Elizabeth Allott, una oficial del IRD, detalló cómo la unidad se centró en la distribución de “material más serio a contactos confiables” y en “asegurar la publicación de ciertos artículos de prensa” críticos con Allende y favorables a Frei.
El modus operandi del imperio era siempre el mismo: utilizar la “información” como arma de guerra. El IRD recopilaba material diseñado para dañar a Allende y dar legitimidad a sus oponentes políticos, y lo distribuía a figuras influyentes dentro de la sociedad chilena. La unidad también compartió información de inteligencia sobre la actividad de izquierda en el país con el gobierno estadounidense. La “guerra de la información” no es un invento del siglo XXI; es la misma lógica de dominación que el imperio ha utilizado durante décadas para controlar a los pueblos del Sur Global.
La complicidad con la CIA y el golpe de 1973
Pero la intervención británica no se limitó a la propaganda electoral. Los cables desclasificados revelan que los funcionarios británicos en Santiago ayudaron a una organización de medios financiada por la CIA, que fue parte de una extensa acción encubierta de Estados Unidos para derrocar a Allende, que culminó en el golpe de 1973. La colaboración entre Londres y Washington no fue una coincidencia; fue la expresión de una alianza de clase que trascendía las fronteras nacionales.
El propio Foreign Office había señalado en 1964 que Estados Unidos estaba “ansioso de que el Reino Unido haga todo lo posible en el campo de la propaganda” en América Latina. La petición de Washington fue atendida con creces. El IRD no solo distribuyó propaganda; también asesoró al Comité Contra la Subversión británico, afirmando que “será importante impedir avances significativos de la extrema izquierda” en Chile, “ahora y más adelante”.
La función de clase del imperialismo británico
Desde una perspectiva marxista, los cables desclasificados del Foreign Office no son una curiosidad histórica; son la confirmación de la lógica de clase que ha guiado al imperialismo británico durante décadas. Gran Bretaña, como todas las potencias imperialistas, no intervino en Chile por una abstracta defensa de la “democracia” o la “libertad”, sino para proteger sus intereses económicos. “Nuestro principal interés es el cobre”, declaró un funcionario británico en documentos de la época, como recoge Consortium News. La nacionalización del cobre, una de las promesas centrales del programa de Allende, era una amenaza directa a los intereses del capital británico y estadounidense.
La intervención británica en Chile no fue un episodio aislado. Fue parte de una estrategia global de dominación que el imperio ha desplegado en todo el mundo, desde el Medio Oriente hasta el Sudeste Asiático. El “Departamento de Investigación de Información” no era una unidad excepcional; era la norma en la maquinaria del Foreign Office. Y su legado perdura en las prácticas de los servicios de inteligencia y en las estrategias de desinformación que las potencias occidentales siguen utilizando para controlar a los pueblos del Sur Global.
La impunidad como política de Estado
Casi 50 años después del golpe que derrocó a Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet, los cables desclasificados del Foreign Office confirman lo que la clase trabajadora chilena siempre supo: Gran Bretaña no fue un mero espectador, sino un actor activo en la destrucción de la democracia chilena. La complicidad británica con el terrorismo de Estado no terminó con el golpe. Los documentos también revelan que el gobierno de Margaret Thatcher, ya en los años 80, mantuvo estrechos vínculos con la dictadura pinochetista, mientras esta torturaba y asesinaba a miles de chilenos.
La impunidad de las potencias imperialistas es la otra cara de su intervención. Mientras los tribunales chilenos han condenado a algunos de los responsables del golpe y la dictadura, los verdaderos artífices de la desestabilización —los funcionarios británicos y estadounidenses que planificaron y ejecutaron la intervención— nunca han rendido cuentas. La historia oficial, como la del Foreign Office, ha intentado enterrar las pruebas en los archivos desclasificados, pero la verdad siempre encuentra la manera de resurgir.
Epílogo: el imperio que nunca se fue
La desclasificación de los cables del Foreign Office es un recordatorio de que el imperialismo británico no es un fenómeno del pasado, sino una realidad presente. La misma lógica que llevó a Londres a intervenir en las elecciones chilenas de 1964 y 1970 es la que hoy guía a las potencias occidentales en sus intervenciones en América Latina, el Medio Oriente y el África. La “guerra de la información” que el IRD desplegó en Chile es la misma que hoy se libra con bots, desinformación y campañas mediáticas.
La clase trabajadora del mundo no debe olvidar esta lección. Los cables desclasificados del Foreign Office no son solo un documento histórico; son un manual de cómo el imperio opera para proteger los intereses del capital. Mientras los archivos se desclasifican y la historia se reescribe, la lucha por la soberanía y la justicia social sigue siendo la tarea de los pueblos que se niegan a ser sometidos. El imperio que intervino en Chile en 1964 nunca se fue. Solo cambió de métodos. Y la clase trabajadora, como siempre, debe estar alerta para resistir.
