Lun. Sep 14th, 2026

La disputa hegemónica en el gigante del Sur: La ventaja táctica del petismo y la vigencia del fascismo de mercado

Sep 14, 2026
Foto Ex Ante

A semanas de las elecciones presidenciales en Brasil, el ajustado liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva expone los límites de la conciliación de clases frente a la contraofensiva de la ultraderecha corporativa, en un escenario donde el capital busca blindar la estructura primaria-exportadora.

Por Equipo El Despertar

En la recta final de la campaña presidencial del país más extenso y populoso del Cono Sur, la contienda electoral ha ingresado en una fase de máxima tensión política e ideológica. La ventaja que los sondeos atribuyen al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, frente a las huestes del bolsonarismo reagrupado, refleja la resistencia de las masas populares ante la amenaza de un retorno explícito al autoritarismo y la desregulación salvaje. Sin embargo, presentar esta coyuntura como un simple triunfo del “centrismo democrático” frente a la “polarización” —como insisten en categorizar las agencias de noticias del capital financiero— constituye un ejercicio de ocultamiento ideológico que invisibiliza la confrontación de fondo.

La disputa actual no se reduce a una mera preferencia de estilos de gestión, sino a la contradicción dialéctica entre el modelo redistributivo de pacto social y el programa ultraliberal que el agronegocio, el capital financiero y los aparatos represivos promueven para profundizar la superexplotación del trabajo. Si bien la conducción de Lula ha logrado articular una amplia coalición institucional para sostener su candidatura, su estrategia de pactar con sectores de la burguesía industrial y financiera limita la capacidad de desmontar las reformas estructurales impuestas tras el golpe parlamentario de 2016. Como advertía el teórico y sociólogo marxista Florestan Fernandes al analizar la formación social brasileña: «La burguesía brasileña nunca vaciló en sacrificar la democracia formal en el altar de la preservación de sus privilegios de clase y el orden neocolonial».

Por su parte, la ultraderecha —rearticulada bajo la bandera del conservadurismo moral y el servilismo al imperialismo occidental— conserva una potente base de sustentación en las fracciones más reaccionarias del capital agrario y en la superestructura mediática dominante. El fenómeno del bolsonarismo no fue un accidente histórico ni una anomalía pasajera, sino la respuesta del gran capital para disciplinar a la fuerza de trabajo, desmantelar la soberanía energética y liquidar los derechos sociales cuando la tasa de ganancia se vio amenazada. La vigencia de este bloque reaccionario demuestra que el peligro fascista no se extingue en las urnas si no se alteran las bases materiales que lo engendran y financian.

Frente a la ilusión de que el voto por sí solo clausurará el avance de la extrema derecha en la región, la perspectiva del materialismo histórico exige comprender que la contención definitiva del fascismo requerirá trascender los márgenes de la institucionalidad burguesa. El triunfo electoral del proyecto popular será un respiro indispensable para la clase trabajadora de la región, pero la tarea histórica del pueblo brasileño continuará siendo la movilización de masas, la reconstrucción del tejido comunitario y la construcción de un poder popular capaz de disputar, de raíz, el control de la riqueza y el destino soberano de Nuestra América.

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