Sáb. Sep 19th, 2026

La contradicción histórica en La Araucanía: las apelaciones eclesiales a la dignidad mapuche tropiezan con la lógica de desposesión del capital agroforestal

Sep 19, 2026

El reconocimiento expresado en Temuco por el obispo Monseñor Jorge Concha Cayuqueo sobre los derechos e identidad del pueblo mapuche pone de relieve el conflicto de fondo en el Wallmapu, donde el discurso del diálogo humanista choca frontalmente contra las estructuras de acumulación por desposesión impulsadas por el Estado y el latifundio.

Por Equipo El Despertar

Las recientes declaraciones de Monseñor Jorge Concha Cayuqueo, obispo de la Diócesis de Temuco y de origen mapuche, situando en el centro del debate la dignidad fundamental, la historia y la deuda social histórica hacia el pueblo mapuche, abren una rendija en el cerrojo comunicacional del orden dominante. Presentado por los medios burgueses como una mera exhortación moral a la «paz social» y la «tolerancia pacífica», el pronunciamiento del prelado adquiere, desde una perspectiva materialista, una dimensión sustancial: evidencia el fracaso secular de la integración forzada y la vigencia inalterada de una contradicción de clase estructurada sobre el despojo territorial.

Sin embargo, el apelo ético a la concordia tropieza inexorablemente con las determinaciones económicas que oprimen a la región. El problema en Wallmapu no deriva de una incomprensión abstracta o cultural, sino de la dinámica misma del capital en la periferia. Karl Marx analizó en El Capital que «el descubrimiento de las comarcas manufactureras o agrícolas y la expropiación de las poblaciones originarias constituyen la aurora de la era de producción capitalista, fundada en la transformación del suelo en un mero instrumento de valorización». En La Araucanía, este proceso histórico de despojo violento se perpetúa hoy bajo la hegemonía del extractivismo forestal, la concentración de la propiedad de la tierra en pocas familias latifundistas y la militarización del territorio para resguardar la tasa de ganancia corporativa.

Al reducir el conflicto a un dilema de «reconocimiento» o «voluntad política», el marco institucional vela que la dignidad del pueblo trabajador mapuche es incompatible con la propiedad privada sobre sus tierras ancestrales. La invocación a «reconstruir confianzas» desde las cúpulas religiosas o estatales resulta infructuosa mientras el aparato represivo de Estado continúe actuando como el guardián de los intereses de la patronal agraria y forestal. Como planteó Lenin al abordar la cuestión nacional en El derecho de las naciones a la autodeterminación, «ninguna proclamación abstracta de igualdad de derechos o fraternidad resolverá la opresión de los pueblos si no se ataca la base económica del dominio imperialista y la explotación de clase que la sustenta».

La auténtica emancipación del pueblo mapuche y de la clase trabajadora de la región no vendrá de las concesiones simbólicas del bloque dominante ni del paternalismo de las instituciones del orden establecido, sino de la articulación plurinacional de las masas desposeídas. La superación del conflicto histórico exige cuestionar el modelo extractivista en sus raíces, reconociendo que la soberanía y la dignidad efectiva solo se conquistarán mediante la recuperación territorial y la transformación radical de las relaciones de propiedad que rigen la tierra.

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