Vie. Sep 25th, 2026

La paz mercantil del capital: EE. UU. e Irán negocian en Ormuz para salvar la acumulación global

Sep 25, 2026
Foto France 24

Detrás de los discursos de pacificación y la «diplomacia de emergencia» se esconde la necesidad del imperialismo estadounidense y la burguesía teocrática iraní de restablecer el flujo del valor mercantil en una arteria vital del sistema capitalista internacional.

Por Equipo El Despertar

La fachada de la diplomacia burguesa ha vuelto a desplegar su retórica en los pasillos de las Naciones Unidas. Washington y Teherán exploran un marco de negociación por etapas —impulsado por la reciente propuesta iraní de un plan de siete días— que contempla el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a cambio de la reapertura de la navegación comercial en el estrecho de Ormuz. Mientras los medios de comunicación hegemónicos presentan este acercamiento como un triunfo de la «moderación» o un pragmático ejercicio de «geopolítica pacificadora», un análisis fundamentado en el materialismo histórico revela la verdadera naturaleza del fenómeno: no asistimos a una búsqueda de paz para los pueblos, sino a una reorganización táctica para estabilizar la circulación del capital global y frenar la volatilidad de los precios de la energía.

El estrecho de Ormuz no representa simplemente una vía navegable en la cartografía del Medio Oriente; actúa como un pivote central en la circulación del capital constante de la economía imperialista, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. La interrupción de este flujo no solo amenaza con agravar las crisis inflacionarias que golpean el consumo de la clase trabajadora en el centro imperial —factor que presiona electoralmente al régimen estadounidense en vísperas de sus comicios de mitad de mandato—, sino que tensiona las tasas de ganancia de las grandes corporaciones transnacionales. Así, la coerción militar y el asedio económico ejercidos por Estados Unidos revelan el rol del Estado capitalista como el «comité de administración de los negocios comunes de la burguesía», utilizando el aparato bélico para forzar condiciones de acceso a los recursos energéticos y garantizar la hegemonía del petrodólar.

Por su parte, la oligarquía clerical y burguesa que dirige el Estado iraní no actúa desde la resistencia de emancipación popular, sino desde la preservación de su propia tasa de ganancia y la supervivencia de su modelo de acumulación interna. El uso estratégica del control sobre el estrecho responde a la necesidad de la burguesía iraní de levantar las sanciones económicas y liberar activos financieros congelados en el exterior —estimados en más de 12.000 millones de dólares—, reconectando la economía nacional a los circuitos del mercado global. Como señaló Karl Marx en El Capital, «la única fuerza motriz que pone en movimiento a la economía política es la codicia y la guerra entre los codiciosos». Ambas facciones negociadoras instrumentalizan el territorio y los recursos estratégicos como moneda de cambio para salvaguardar sus respectivas estructuras de dominación de clase.

La narrativa oficial intenta enmascarar este proceso bajo la ilusión de que el libre comercio y la reanudación del tránsito marítimo restaurarán el bienestar general. Sin embargo, cualquier acuerdo alcanzado en este marco dejará intactas las contradicciones de fondo: la dominación imperialista en la región, la explotación de la fuerza de trabajo en el Oriente Medio y la subordinación de la vida humana a los imperativos de la ganancia corporativa. Para la clase trabajadora internacional, la «salida negociada» en Ormuz no representa el fin del conflicto, sino la reconfiguración temporal de las alianzas geopolíticas del capital para garantizar que el valor siga fluyendo sin obstáculos sobre las espaldas del proletariado global.

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