Sáb. Sep 26th, 2026

El cálculo de los imperios: la propuesta de paz de Teherán sitúa a Washington ante la encrucijada del valor mercantil

Sep 26, 2026
Foto LA Times

Al trasladar formalmente la responsabilidad de la tregua a la Casa Blanca mediante un plan de siete días, la burguesía teocrática iraní utiliza la parálisis del tránsito en Ormuz como un certero chantaje económico que golpea la circulación global del capital y tensiona los equilibrios políticos internos del imperialismo estadounidense.

Por Equipo El Despertar

La diplomacia de gabinete ha dado un giro estratégico tras la presentación de un ultimátum formal por parte del régimen de Teherán: un plan escalonado de siete días que exige el cese de la agresión bélica y el levantamiento simultáneo del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos a cambio de la reapertura de la navegación comercial en el estrecho de Ormuz y el retorno a la mesa de negociación nuclear. La respuesta inicial de la administración en Washington, calificada por sus portavoces como una cautelosa negativa a «precipitarse» ante los plazos iranios, revela las contradicciones estructurales del aparato imperialista. Mientras el bloque dominador occidental intenta encuadrar la iniciativa como una «maniobra de dilación», la realidad material evidencia que la dirección política iraní ha trasladado hábilmente el costo político y financiero de la continuidad de la guerra directamente al centro de mando del capital global.

Lejos de responder a una genuina vocación pacifista de los pueblos, la audacia diplomática de la oligarquía clerical busca forzar la descompresión del asedio financiero para reinsertar la economía iraní en la dinámica de acumulación internacional. Al amenazar implícitamente con mantener paralizado el tránsito por una vía por donde circula el 20 % de la masa total de petróleo global, Teherán instrumentaliza una arteria crítica de la economía mundial, castigando la tasa de ganancia de las corporaciones occidentales. Como señaló Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, «los capitalistas se reparten el mundo, no por su particular maldad, sino porque el grado alcanzado en la concentración de capital los obliga a seguir ese camino para obtener beneficios». En esta disputa, el Estrecho de Ormuz actúa simplemente como la mercancía logística definitiva para condicionar la política exterior de las potencias rivianas.

Por su parte, la indecisión del gobierno estadounidense no es un mero síntoma de prudencia táctica, sino el reflejo de la presión ejercida por la contradicción entre los intereses del capital financiero-energético y la estabilidad política interna. El sostenimiento de las hostilidades encarece los costes de la energía e impacta en la inflación consumidora del proletariado estadounidense, amenazando la rentabilidad electoral del régimen washingtoniano en las vísperas de sus comicios gubernamentales. Sin embargo, capitular ante los términos fijados unilateralmente por Teherán debilitaría la posición de dominación geopolítica de Estados Unidos sobre las petromonarquías del Golfo y fracturaría la arquitectura de contención regional.

La propuesta de paz iraní pone al desnudo la hipocresía de la narrativa hegemónica, la cual oculta que la guerra y la paz en el sistema-mundo capitalista son solo fases alternas de una misma contienda por la redistribución del plusvalor global. Para la clase trabajadora de ambos hemisferios, la aceptación o el rechazo de esta iniciativa por parte de la Casa Blanca no representará un triunfo de la justicia internacional, sino la simple calibración de un nuevo punto de equilibrio entre las fuerzas burguesas para continuar la explotación sin el estorbo de la parálisis logística.

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