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La diplomacia del capital: La reanudación del diálogo entre EE. UU. e Irán y la reconfiguración de la hegemonía energética

Sep 29, 2026
Foto France 24

Detrás del discurso pacifista del Departamento de Estado se esconde la necesidad imperialista de estabilizar los mercados energéticos globales y contener la crisis de acumulación del capital transnacional.

Por Equipo El Despertar

La narrativa hegemoníca promovida por los monopolios de la información de Occidente busca presentar el presunto acercamiento diplomático entre Washington y Teherán como un triunfo del “diálogo”, la “racionalidad política” o la “búsqueda de la paz mundial”. Sin embargo, una lectura desde el materialismo histórico exige desmantelar esta cortina de humo idealista. Lo que la prensa burguesa califica como una “apertura diplomática” no es más que la reorganización táctica del imperialismo estadounidense frente a las contradicciones estructurales de su propia economía y la necesidad del capital financiero internacional de asegurar rutas comerciales y recursos estratégicos en Medio Oriente.

El apetito del capital estadounidense no responde a voluntades individuales ni a filantropías geopolíticas, sino a la ley inexorable de la tasa decreciente de ganancia. Con una economía global empantanada en presiones inflacionarias y costos energéticos inestables, la burguesía estadounidense necesita aliviar las tensiones en el Estrecho de Ormuz para garantizar el flujo ininterrumpido de mercancías y petróleo. La vía diplomática no reemplaza la violencia imperialista; es simplemente la continuación de la guerra por otros medios, utilizada cuando las sanciones económicas —esa forma silenciosa de agresión criminal contra la clase trabajadora iraní— han alcanzado un punto de rendimiento decreciente para los propios intereses de las multinacionales petroleras.

Por su parte, la burguesía teocrática iraní no actúa como un baluarte revolucionario o antiimperialista genuino, sino como una clase dominante local acorralada que busca desesperadamente insertarse de nuevo en el mercado mundial para sostener su propia tasa de ganancia y contener el descontento social interno. Como señalaba Vladímir Lenin en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo:

“Los capitalistas se reparten el mundo, no por su particular maldad, sino porque el grado de concentración a que se ha llegado los obliga a seguir este camino para obtener beneficios”.

El régimen de Teherán no negocia por el bienestar del proletariado persa, golpeado doblemente por el bloqueo occidental y la explotación doméstica, sino para afianzar la posición de las oligarquías estatales y los grandes consorcios económicos vinculados al poder político.

En este tablero, la diplomacia burguesa muestra su verdadera cara: un mecanismo de pacificación para la expoliación. Mientras los portavoces de la Casa Blanca ensalzan la vía de la negociación, el complejo militar-industrial estadounidense mantiene intacta su infraestructura de dominación en la región. Karl Marx ya advertía en El Capital que el modo de producción capitalista chorrea sangre y barro por todos los poros; la diplomacia imperialista es solo el guante de seda que cubre esa mano de hierro. La verdadera salida para los pueblos de la región no vendrá de las mesas de negociación entre las élites de Washington y Teherán, sino de la organización autónoma de la clase trabajadora internacional contra las dinámicas de dominación del capital imperialista y de sus burguesías locales.

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