Mar. Jun 23rd, 2026

El ministerio de los patrones: La guerra interna del “gobierno de las mujeres” desnuda la lógica del botín

Jun 22, 2026
Foto Ciper

El gobierno de José Antonio Kast, que llegó a La Moneda vendiendo una imagen de orden, unidad y firmeza, asiste a la implosión de otra de sus carteras más sensibles: el Ministerio de la Mujer. La remoción de la subsecretaria Daniela Castro (RN) tras solo 98 días en el cargo [1†L9] no fue más que la punta del iceberg de una crisis que incluye denuncias de acoso laboral y de género contra la ministra Judith Marín (PSC) [6†L39-L40], la activación del protocolo de la Ley Karin por primera vez en la cartera [0†L8-L9], y una guerra abierta entre los equipos de ambas autoridades que ha dejado a funcionarias en medio del fuego cruzado [10†L22-L28]. La presidenta de la Asociación Nacional de Funcionarias del Ministerio de la Mujer (ANFUMEG), Paulina Cid, ha sido lapidaria: “Aquí hay un caos que es responsabilidad completa de quienes asumieron el gobierno” [7†L6-L7]. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de un Estado que se desgarra en disputas internas por el control de las instituciones, mientras las políticas públicas y los derechos de las mujeres quedan relegados a un segundo plano en la trastienda de la pelea por el poder entre facciones de la burguesía.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La ficción del “gobierno de la eficiencia” se ha derrumbado en el Ministerio de la Mujer. Lo que debía ser un espacio para avanzar en equidad de género se ha convertido en un campo de batalla donde las balas no son de fogueo. El 16 de junio, el Presidente José Antonio Kast removió a la subsecretaria Daniela Castro (RN) [0†L22-L23], apenas 98 días después de su nombramiento [1†L9]. La decisión, presentada por La Moneda como un gesto de “zanjamiento” de tensiones [0†L30-L31], no fue más que el reconocimiento de una fractura que venía gestándose desde el inicio mismo de la administración.

El detonante fue el polémico despido de la directora del SernamEG, Priscilla Carrasco, quien se encontraba en tratamiento contra el cáncer y cuya salida fue solicitada por la propia ministra Marín apenas unas semanas después de asumir [10†L31-L33]. La decisión, calificada por parlamentarias del oficialismo como una “señal preocupante” para la agenda de la mujer [0†L39-L40], tensó la relación entre la ministra socialcristiana y el sector de Renovación Nacional. La senadora Paulina Núñez (RN), presidenta del Senado, llegó a pedir al Presidente que interviniera en la pugna [8†L13-L14], y la propia ministra Marín, en un gesto de desprecio hacia sus críticos, habría calificado a Chile Vamos como la “derechita cobarde” [8†L9-L10].

La trinchera del capital: denuncias de acoso y la Ley Karin como campo de batalla

La crisis no se detuvo en la renuncia de Castro. El 21 de junio, The Clinic reveló que la semana pasada se activó por primera vez el protocolo de la Ley Karin en el Ministerio de la Mujer [0†L8-L9], luego de que una funcionaria presentara una denuncia por acoso laboral contra una asesora de confianza de la exsubsecretaria [6†L28-L30]. Pero el foco de la tormenta son las denuncias contra la propia ministra. Según información de The Clinic, la primera denuncia fue ingresada el 31 de mayo, acusando a Marín de un “patrón reiterado de malos tratos, desautorización y hostigamiento” hacia una funcionaria [6†L29-L30]. La segunda denuncia, presentada el 16 de junio, acusa directamente a Marín de “acoso laboral y de género” [6†L39-L40]. La víctima asegura haber sido marginada de procesos internos tras diferencias con el equipo ministerial, y relata que la ministra no solo impidió su contratación, sino que comenzó a ignorarla, “quitándome el saludo e incluso evitando mirarme” [6†L42-L43].

La respuesta del entorno de Marín ha sido, como era de esperar, la negación y el ataque a las denunciantes. Sin embargo, el episodio expone con crudeza una contradicción de clase: un ministerio que debiera ser un espacio de protección y promoción de los derechos de las mujeres se convierte en un escenario de reproducción de las mismas lógicas de poder y abuso que se suponen combatir.

“Un ministerio que no vale nada”: el diagnóstico de las trabajadoras de base

La presidenta de la ANFUMEG, Paulina Cid, ha sido la voz más lúcida en medio de este caos. En una entrevista con The Clinic, fue categórica: “Todo lo que ha pasado solo hace ver como que el ministerio no vale nada” [7†L16-L17]. Cid apunta directamente a la responsabilidad política de la crisis: “Aquí hay un caos que es responsabilidad completa de quienes asumieron el gobierno” [7†L6-L7]. La dirigenta sindical denuncia que los partidos enviaron a los nombres “más débiles” a hacerse cargo de la repartición, y lamenta que el ministerio sea tratado como “un botín” [7†L14-L15].

Esta declaración es una confesión de la lógica de clase que guía el funcionamiento del Estado. Para la burguesía chilena, el Ministerio de la Mujer no es un espacio de transformación social, sino una pieza más en el tablero de la repartición de cuotas de poder entre las distintas facciones de la derecha. La lucha por el control de la cartera no se libra en nombre de las mujeres, sino en nombre de los intereses de Renovación Nacional y del Partido Social Cristiano. En el centro del conflicto no está el bienestar de las chilenas, sino la disputa por la hegemonía al interior del bloque gobernante.

Epílogo: el ministerio del olvido

La crisis del Ministerio de la Mujer es un síntoma de una enfermedad más profunda: la instrumentalización de las instituciones del Estado al servicio de los intereses particulares de las élites. La presidenta de la ANFUMEG, Paulina Cid, fue clara al señalar que lo ocurrido es una “demostración de que el ministerio no es importante” para la actual administración [7†L11-L12]. Y tiene razón. Para el gobierno de Kast, el Ministerio de la Mujer no es un espacio para la emancipación de las mujeres; es un botín que repartir entre las facciones del poder. Las trabajadoras de base, las funcionarias que día a día sostienen la institucionalidad, quedan atrapadas en el fuego cruzado de una guerra que no les pertenece. Mientras la clase dirigente se desgarra en disputas internas, las mujeres chilenas —especialmente las más pobres, las trabajadoras, las madres solteras— siguen esperando políticas públicas que no llegan. Porque el ministerio, como bien lo dijo la dirigenta sindical, no vale nada para quienes lo gobiernan.

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