Mientras el grupo económico más poderoso de Chile, la familia Edwards, celebra las rebajas tributarias de la megareforma de Kast y la megafortuna de su patriarca, los trabajadores de sus propios diarios —El Mercurio de Valparaíso, La Estrella y El Líder— sobreviven con sueldos atrasados y cotizaciones previsionales impagas por meses e incluso un año. La votación de huelga legal de los trabajadores de El Mercurio SAP es la respuesta a una empresa que les descuenta las cotizaciones de sus salarios pero no las paga a las AFP y a Fonasa, que les adeuda cinco meses de remuneraciones a los colaboradores a honorarios, que les niega el diálogo y que, ante las denuncias, responde con la soberbia de quien sabe que la ley es un papel mojado para los poderosos: “Denuncien, pagamos las multas”. La clase trabajadora asiste a la confirmación de una verdad incómoda: el mismo grupo económico que predica el “orden” y la “probidad” desde sus editoriales es el que explota a sus propios trabajadores, precariza el empleo y saquea el erario con la complicidad de un Estado que nunca investiga a los de arriba.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile / Valparaíso. La noticia debería conmover los cimientos del duopolio mediático chileno, pero la prensa hegemónica la ha tratado con la misma indiferencia con la que el grupo Edwards trata a sus trabajadores. El Sindicato N° 2 de Periodistas de la Empresa El Mercurio de Valparaíso ha denunciado una situación que roza la esclavitud moderna: cotizaciones previsionales descontadas de los salarios pero no pagadas a las AFP y a Fonasa por meses e incluso hasta un año, descuentos por seguros médicos contratados y nunca transferidos, irregularidades en las tarjetas de alimentación y un desfase de 13 días —y contando— en el pago de las remuneraciones. Los colaboradores a honorarios, que sostienen el funcionamiento de los diarios, acumulan en algunos casos más de cinco meses de sueldos adeudados.
La respuesta de la empresa ha sido, como era de esperar, el desprecio de clase. Ante las justas demandas laborales, los ejecutivos de Santiago han respondido con un cinismo que delata su impunidad: “Denuncien, pagamos las multas (de la Dirección del Trabajo)”. La traducción es clara: para los Edwards, violar la ley laboral es un costo de operación más, un gasto menor comparado con el inmenso patrimonio que acumulan mientras sus trabajadores no pueden pagar su propia salud ni garantizar su futura pensión.
La votación de huelga: el grito de los que ya no pueden callar
Frente a esta situación insostenible, los trabajadores de El Mercurio SAP votaron una huelga legal luego de que la empresa respondiera negativamente a sus demandas por regularizar las faltas en sus sueldos y cotizaciones. Entre los puntos en cuestión se cuenta la obtención de un fuero por posibles despidos, una cláusula penal que regularice los incumplimientos de la entidad periodística y un bono de término de conflicto que sirva como retribución ante los atrasos en el pago de remuneraciones y cotizaciones.
Los trabajadores, periodistas, diseñadores y reporteros gráficos que aún forman parte de los diarios regionales del grupo —El Mercurio de Valparaíso, La Estrella de Valparaíso y El Líder de San Antonio— no solo han tenido que afrontar como modalidad única y arbitraria el teletrabajo desde hace más de seis años, sino también padecer estos incumplimientos sucesivos. El presidente del Sindicato, Miguel Campos, ha sido claro: llevan cuatro años con desfases en los cumplimientos de fechas de pago. La situación afecta también a funcionarios a honorarios como periodistas, diseñadores, servicios fotográficos y de transporte, quienes, en algunos casos, acumulan más de cinco meses sin recibir pagos.
La hipocresía del duopolio mediático: el predicador que no se aplica el sermón
La contradicción es brutal. El grupo Edwards, a través de El Mercurio y sus medios asociados, ha construido su discurso editorial sobre la base de la defensa del “orden”, la “probidad” y el “libre mercado”. Ha criticado a los gobiernos progresistas por su “irresponsabilidad fiscal” y ha exigido “mano dura” contra los trabajadores que se atreven a movilizarse. Pero cuando se trata de sus propias obligaciones laborales, la misma empresa que predica el respeto a la ley se convierte en la peor de las infractoras.
Los trabajadores han denunciado que la empresa no solo les adeuda cotizaciones, sino que también ha abandonado su histórico edificio patrimonial en calle Esmeralda 1002 en Valparaíso, que fue quemado en octubre de 2019. “Si la crisis es tal, no se entiende que sus dueños conserven una actitud pasiva y no tomen la determinación de arrendar o vender y, por el contrario, dejen que el edificio y junto con él, su invaluable archivo histórico, sigan deteriorándose”, denuncian los trabajadores. La indolencia de los ejecutivos de Santiago contrasta con el valor histórico y comercial del inmueble, que permanece en abandono mientras los trabajadores son obligados a trabajar desde sus casas sin certeza sobre su futuro.
La función de clase del saqueo
Desde una perspectiva marxista, lo que está ocurriendo en El Mercurio de Valparaíso no es una anomalía, sino la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo chileno. El grupo Edwards, como toda la burguesía, no es un empleador generoso ni un defensor de la “libertad de prensa”: es un acumulador de capital que utiliza sus medios de comunicación para consolidar su poder económico y político, mientras explota a sus trabajadores hasta el límite. La empresa descuenta las cotizaciones de los salarios, pero no las paga, convirtiendo los ahorros previsionales de los trabajadores en una fuente de financiamiento ilegal. La misma lógica que permite a los grandes grupos económicos evadir impuestos y utilizar paraísos fiscales es la que permite a El Mercurio robarle a sus trabajadores el dinero de sus futuras pensiones.
La respuesta de la empresa —“Denuncien, pagamos las multas”— es la confesión de una clase que sabe que el Estado chileno no la va a perseguir. Las multas de la Dirección del Trabajo son un costo de operación más, un gasto menor comparado con el inmenso patrimonio que acumulan los Edwards mientras sus trabajadores no pueden pagar su propia salud ni garantizar su futura pensión. Es la misma lógica que permite a las grandes empresas contaminar, evadir impuestos y precarizar el empleo: el Estado de los patrones nunca investiga a los de arriba.
Epílogo: la huelga como resistencia
La votación de huelga legal de los trabajadores de El Mercurio SAP no es un capricho gremial. Es la respuesta de una clase trabajadora que ha llegado al límite de su paciencia. Es la constatación de que la lucha por los derechos laborales no se gana en los tribunales ni en las direcciones del trabajo, sino en las calles, con la organización y la solidaridad de clase.
La clase trabajadora chilena debe solidarizarse con los trabajadores de El Mercurio, La Estrella y El Líder. La lucha de estos periodistas, diseñadores y reporteros gráficos no es solo una lucha gremial: es una lucha contra el saqueo sistemático de los grupos económicos, contra la impunidad de los poderosos, contra un sistema que permite que los dueños del capital se enriquezcan a costa del sudor y la sangre de los trabajadores. Mientras los Edwards celebran sus rebajas tributarias y la megafortuna de su patriarca, los trabajadores de sus propios diarios se preparan para una huelga que podría paralizar una de las cadenas mediáticas más Por Equipoi El Despertarimportantes del país. La historia no la escriben los que tienen más plata, sino los que tienen más razones para luchar.
