El desempleo en Chile se mantiene en su nivel más alto en cinco años, alcanzando el 9,4% en el trimestre abril-junio de 2026, sin dar señales de retroceso. Mientras el gobierno de José Antonio Kast asegura haber contenido “un deterioro mayor del mercado laboral”, las cifras del INE revelan una realidad mucho más brutal: la informalidad laboral llegó al 27%, el desempleo femenino se disparó al 10,4% y la subutilización total de la fuerza laboral alcanza el 22,5%, equivalentes a 2,5 millones de personas con problemas de empleo. La clase trabajadora asiste a la consumación de un modelo que no solo no genera empleo digno, sino que profundiza la precarización como política de Estado, mientras la derecha celebra sus “éxitos legislativos” y los grupos económicos se frotan las manos con las rebajas tributarias.
PorEquipo El Despertar
Santiago de Chile. El viernes 31 de julio, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) entregó su reporte trimestral sobre el mercado laboral, y los números confirmaron lo que la clase trabajadora ya sabía: el desempleo no da tregua. La tasa de desocupación nacional se mantuvo en el 9,4% durante el trimestre abril-junio de 2026, la misma cifra que en el período anterior y el nivel más alto en cinco años. Las personas desocupadas aumentaron un 7,7%, incididas por quienes perdieron su empleo (7,5%) y por quienes buscan trabajo por primera vez (9,8%).
El gobierno de Kast ha intentado vender la idea de que sus medidas han logrado “contener un deterioro mayor”. Pero la realidad es tozuda: Chile acumula más de 36 meses consecutivos con desempleo por encima del 8%. La crisis laboral no es un fenómeno coyuntural, sino estructural.
La precarización como regla: la informalidad se consolida
El verdadero rostro del mercado laboral chileno no es el desempleo, sino la precarización. La tasa de ocupación informal alcanzó el 27% en el trimestre abril-junio. El crecimiento de las personas ocupadas fue impulsado exclusivamente por asalariados informales, con un alza del 10,9%, y por trabajadores por cuenta propia, con un 1,8%. En otras palabras, el único “empleo” que se genera es aquel que carece de contrato, de seguridad social y de derechos.
Como señala un análisis de Le Monde Diplomatique, el empleo existe, pero “lo que no existe es la protección que debería acompañarlo”. La precarización no es un accidente del mercado, sino una característica del modelo de acumulación. Gonzalo Durán sintetiza la tensión central: “bajas tasas de empleo formal con alta precariedad no son un indicador de progreso para las mayorías que viven del trabajo, sino una señal de cómo el modelo organiza la acumulación”.
La brecha de género: las mujeres, las primeras víctimas del ajuste
La crisis laboral golpea con especial crudeza a las mujeres. La tasa de desocupación femenina alcanzó el 10,4%, con un aumento de 0,5 puntos porcentuales en el período. El desempleo femenino se ha convertido en el centro de la crisis, como ha documentado El País. Las mujeres desocupadas se expandieron un 7,9%, incididas por las cesantes (8,7%) y por aquellas que buscan trabajo por primera vez (1,7%).
La precarización también es más intensa entre las mujeres: la informalidad femenina alcanza el 27,9%. La combinación de desempleo y precariedad no es un accidente, sino el resultado de un modelo que ha relegado a las mujeres al trabajo doméstico no remunerado y a los empleos más precarios, mientras el Estado se desentiende de su responsabilidad de garantizar el cuidado y la igualdad.
La hipocresía de la “reactivación”: recortes, flexibilización y más precariedad
Mientras el desempleo se enquista y la informalidad se consolida, el gobierno de Kast ha impulsado una agenda que profundiza la precarización. La “megarreforma” tributaria, que reduce los impuestos a las grandes empresas en más de 4.000 millones de dólares anuales, no ha generado empleo, sino que ha transferido recursos desde el Estado hacia el capital. Los recortes en salud, vivienda y desarrollo social han golpeado a los sectores más vulnerables, mientras el gobierno anuncia la flexibilización de la jornada laboral y la eliminación de la restricción de “única naturaleza” en los contratos.
La contradicción es brutal. El mismo gobierno que encontró tiempo y recursos para aprobar un blindaje tributario de 20 años para las grandes inversiones, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, dice ahora que el desempleo es su prioridad. Pero sus políticas no apuntan a generar empleo digno, sino a abaratar el costo de la mano de obra y profundizar la explotación.
La función de clase del desempleo
Desde una perspectiva marxista, el desempleo y la precarización no son fallas del sistema, sino sus características centrales. El capital necesita un ejército de reserva de trabajadores desocupados para ejercer presión a la baja sobre los salarios y disciplinar a la clase trabajadora. La informalidad es la forma más cruda de este ejército de reserva: trabajadores que aceptan cualquier condición porque la alternativa es el hambre.
El gobierno de Kast, como todo gobierno burgués, actúa como el comité de administración de los intereses del capital. Sus políticas no están diseñadas para resolver el desempleo, sino para profundizar la precarización y garantizar la acumulación de capital. La “reactivación” que pregona la derecha no es una reactivación para los trabajadores, sino para los grupos económicos que se benefician de la explotación.
Epílogo: la lucha continúa
El desempleo se mantiene en el 9,4%, la informalidad alcanza el 27% y las mujeres son las principales víctimas de una crisis que el gobierno de Kast no tiene interés en resolver. La clase trabajadora chilena no debe dejarse engañar por el discurso de la “reactivación”. La verdadera solución al desempleo no pasa por más flexibilización ni por más recortes, sino por la construcción de un modelo económico que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías.
La resistencia es la única salida. Mientras el gobierno de Kast celebra sus “éxitos legislativos”, los trabajadores siguen esperando empleo digno, salarios justos y derechos laborales. La lucha por el empleo es la lucha por la dignidad. Y esa lucha, como siempre, la libran los de abajo.
