Dom. Sep 20th, 2026

La contradicción de la legitimidad burguesa: cae la aprobación de Kast mientras la clase trabajadora desmiente la narrativa del «consenso»

Sep 20, 2026

El desplome del respaldo al Ejecutivo radical de derecha expone el agotamiento del programa neoliberal y la creciente distancia entre las instituciones del capital y las necesidades materiales de las mayorías populares.

Por Equipo El Despertar

La nueva caída registrada en las encuestas de opinión respecto a la gestión del presidente José Antonio Kast, alcanzando sus niveles más bajos de aprobación en lo que va de su mandato, expone con nitidez las grietas del modelo de dominación neoliberal. Presentado por los medios de comunicación hegemónicos como un «desgaste coyuntural» o un mero problema de «estrategia comunicacional», el rechazo popular hacia el Ejecutivo responde en verdad a la agudización de las contradicciones de clase. Las políticas de austeridad, la flexibilización laboral y el desmantelamiento de las escasas protecciones sociales han transferido sistemáticamente los costos de la crisis económica sobre las espaldas de la clase trabajadora, evaporando la base social que sustentó la avanzada de la extrema derecha.

Lejos de ser un fenómeno abstracto, el desafecto ciudadano refleja cómo la realidad material de la explotación choca frontalmente contra las promesas de orden y prosperidad del discurso burgués. Karl Marx advertía en La ideología alemana que «las ideas de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes», pero este monopolio ideológico encuentra su límite cuando las condiciones mínimas de reproducción de la vida se ven fracturadas. El aumento sistemático de la desaprobación demuestra que la retórica autoritaria y el chovinismo de Estado resultan insuficientes para enmascarar la inflación, la precarización del empleo y el encarecimiento generalizado del costo de la vida que favorecen al gran capital financiero y empresarial.

Por otro lado, el fenómeno paralelo donde ciertos sectores del análisis oficial intentan sobredimensionar los picos de apoyo residual revela la función encubridora de la demoscopia burguesa. Como señalaba Vladimir Lenin al analizar las dinámicas del Estado representativo, «la democracia burguesa es siempre una democracia limitada, falsa, un paraíso para los ricos y una trampa para los explotados». Las encuestas, lejos de ser instrumentos neutrales, operan frecuentemente como mecanismos de ingeniería social orientados a moldear la opinión pública y validar la agenda del bloque en el poder. Sin embargo, la brecha insalvable entre los índices de aprobación y el descontento cotidiano en las calles ratifica que la legitimidad del régimen no se sostiene sobre el consenso, sino sobre la preservación de las relaciones de propiedad.

La pérdida de respaldo gubernamental no debe interpretarse únicamente como un síntoma de debilidad institucional, sino como una oportunidad histórica para la articulación del movimiento popular. La superación de la crisis social no vendrá del mero recambio de nombres dentro del parlamento ni de los cálculos electorales de la política tradicional. La tarea urgente para la clase obrera, los sectores precarizados y las organizaciones de base reside en canalizar el rechazo difuso hacia la acumulación de fuerza social y política, transformando el descontento en una alternativa independiente capaz de cuestionar las bases del modelo extractivista y la dominación de clase en el país.

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