La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha encendido todas las alarmas: 67 millones de jóvenes están desempleados en el mundo, y la inteligencia artificial podría dejar sin empleo a 5,6 millones más si se automatiza el 10% de los puestos altamente expuestos. América Latina podría ser la segunda región más afectada, con 785 mil puestos juveniles en riesgo. Pero la OIT, en su afán por presentar la IA como un “desafío técnico”, oculta la verdadera naturaleza de clase de esta transformación: la inteligencia artificial no es una fuerza neutral, sino la herramienta más reciente del capital para aumentar la explotación, precarizar el trabajo y desechar a la fuerza laboral joven cuando ya no es rentable. La clase trabajadora del mundo no debe dejarse engañar por el discurso de la “modernización”. La IA no es el problema; el problema es un sistema que, históricamente, siempre ha utilizado la tecnología para profundizar la desigualdad.
Por Equipo El Despertar
La condena de los de abajo: la IA como herramienta de disciplina de clase
El informe “Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2026” de la OIT pinta un panorama sombrío para la juventud trabajadora. La tasa de desempleo juvenil global aumentó al 12,4% en 2025, equivalente a 67 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años sin trabajo. Más de 257 millones no trabajan, ni estudian, ni reciben capacitación. Pero lo que la OIT presenta como un “problema de habilidades” es, en realidad, la crónica de una ofensiva de clase.
El organismo multilateral advierte que el 6,1% de los empleos ocupados por jóvenes de entre 15 y 29 años se encuentra en las ocupaciones más expuestas a la IA. Pero, ¿qué significa realmente “exposición”? Significa que los puestos de entrada —aquellos que históricamente han servido como rampa de acceso al mercado laboral para los jóvenes— están siendo sistemáticamente destruidos por la automatización. La OIT señala que los puestos administrativos, de oficina, ventas y manufactura, tradicionales puertas de entrada al mercado laboral, están disminuyendo. Y las investigaciones citadas por la OIT indican que hasta un 64% de las empresas prevé reducir la contratación de perfiles junior, asumiendo que la IA generativa puede ejecutar con mayor rapidez y menor coste las funciones iniciales de análisis de datos, asistencia técnica, redacción documental y programación básic].
La contradicción es brutal: mientras el capital invierte miles de millones en desarrollar IA para reemplazar trabajadores, los gobiernos de derecha, como el de José Antonio Kast en Chile, recortan el gasto social y regalan 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas. La IA no es un “avance tecnológico” neutral; es una inversión de capital para eliminar puestos de trabajo, aumentar la explotación y reducir costos laborales. Como ha señalado el director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo: “Una generación que no puede encontrar un trabajo decente no puede construir su futuro con confianza”. Pero para el capital, la confianza de la juventud es un costo que se puede reducir.
La geografía del saqueo: América Latina como laboratorio de la precarización
América Latina, la región más desigual del mundo, está en el centro de esta tormenta. Un informe conjunto de la OIT y el Banco Mundial revela que entre el 30% y el 40% de los empleos en la región están expuestos de alguna manera a la IA generativa. La IA generativa pone en riesgo de automatización al 2-5% de los empleos en la región, afectando desproporcionadamente a trabajadores jóvenes, educados, urbanos y, especialmente, a mujeres, que tienen el doble de probabilidades de ser afectadas.
El Banco Mundial advierte que hasta la mitad de los 17 millones de empleos que podrían beneficiarse de la IA no podrán hacerlo debido a la falta de infraestructura digital. Es decir, el capital global no solo está destruyendo empleos en la región, sino que también está excluyendo a América Latina de los beneficios de la tecnología que está utilizando para destruirlos. Es la misma lógica del saqueo que ha caracterizado al capitalismo en la región durante siglos: extraer recursos, explotar mano de obra barata y dejar a los países con la deuda y el subdesarrollo.
La hipocresía de la “transición” y el discurso de las habilidades
El discurso dominante sobre la IA se centra en la necesidad de “alfabetización digital” y “habilidades sociales”. La OIT señala que la alfabetización en IA y habilidades sociales serán clave para mejorar la empleabilidad. Pero la clase trabajadora debe preguntarse: ¿de qué sirve tener habilidades digitales si el capital está decidido a automatizar los puestos de trabajo? ¿De qué sirve la “formación” si el sistema está diseñado para desechar a los trabajadores cuando ya no son rentables?
La OIT señala que los jóvenes con educación avanzada enfrentan una mayor exposición a la automatización que aquellos con menor escolaridad. Esta es una confesión involuntaria de la lógica de clase del sistema: incluso la educación, que debería ser una herramienta de emancipación, se convierte en un factor de riesgo en el mercado laboral. Cuanto más educado eres, más expuesto estás a ser reemplazado por una máquina.
El informe también advierte que la IA podría ampliar las brechas laborales en América Latina. Pero la brecha no es un accidente: es una característica del sistema. El capital no necesita una fuerza laboral educada y empoderada; necesita una fuerza laboral flexible, barata y desechable. La IA es la herramienta perfecta para lograr ese objetivo.
La función de clase de la inteligencia artificial
Desde una perspectiva marxista, la inteligencia artificial no es una fuerza tecnológica neutral, sino la encarnación más reciente de la lógica de acumulación del capital. La automatización no es un “desafío” que deba ser “gestionado”; es una herramienta de clase para aumentar la tasa de explotación, reducir los costos laborales y disciplinar a la clase trabajadora. Como ha ocurrido con cada revolución tecnológica, el capital utiliza la IA para desechar a los trabajadores que ya no necesita y extraer más plusvalía de los que quedan.
El director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo, advierte que “cuando se bloquea el acceso de los jóvenes al empleo de calidad, los países pierden talento, productividad y cohesión social”. Pero el capital no necesita cohesión social; necesita acumulación. Y la IA es la herramienta más eficiente para lograr esa acumulación a costa de la juventud trabajadora.
Epílogo: la resistencia como única salida
La advertencia de la OIT sobre el impacto de la IA en el empleo juvenil no es un llamado a la “adaptación”, sino una confirmación de la lógica de clase del capitalismo. La inteligencia artificial no es el problema; es la herramienta. El problema es un sistema que convierte a los jóvenes en carne de cañón de la acumulación, que precariza el trabajo y que destruye las esperanzas de una generación entera.
Mientras los gobiernos de derecha, como el de Kast, celebran la llegada de la “modernización” y regalan el erario al capital, la clase trabajadora del mundo debe organizarse para resistir. La lucha contra la automatización no es una lucha contra la tecnología, sino una lucha contra el capital que la utiliza para explotar. La única salida no es esperar que la OIT publique informes o que los gobiernos implementen políticas de “recapacitación”, sino construir un movimiento internacional de trabajadores que ponga la vida y la dignidad de los de abajo por encima de las ganancias de los de arriba.
