El Juzgado de Letras y Garantía de Río Bueno dictó el pasado 25 de julio una sentencia histórica: por primera vez en Chile, un medio de comunicación fue condenado por discriminación arbitraria bajo la Ley Zamudio (N° 20.609). La radio Biobío deberá pagar una multa, eliminar las publicaciones ofensivas y capacitar al 90% de sus periodistas en materia de no discriminación, tras haber calificado a la machi Millaray Huichalaf como “la machi de los sacrificios” y vincular sus ceremonias tradicionales con “ritos satánicos”. La resolución no es un hecho aislado: es la constatación de que la prensa hegemónica chilena, lejos de cumplir una función informativa, ha operado como un dispositivo de estigmatización cultural al servicio de los intereses de la clase dominante, perpetuando el racismo estructural que el capitalismo chileno ha tejido durante siglos contra los pueblos originarios.
Por Equipo El Despertar
Río Bueno, 25 de julio de 2026. El juez titular Claudio Ernesto Thomas Veloso, en la causa Rol C-538-2025, declaró que Radio Bío Bío incurrió en discriminación arbitraria contra la machi Millaray Virginia Huichalaf Pradines. La demanda se originó a raíz de dos reportajes publicados por la unidad de investigación del medio los días 14 y 28 de septiembre de 2025, en los que se referían a la autoridad espiritual del pueblo mapuche-williche como “la machi de los sacrificios” y se vinculaban ceremonias tradicionales de sanación con supuestos “ritos satánicos”.
Los hechos que dieron origen a la cobertura periodística fueron la muerte de una adolescente de 15 años y un hombre de 49 durante una ceremonia de sanación realizada en el río Pilmaiquén en agosto de 2025. La menor fue arrastrada por la corriente y, en un intento por rescatarla, el hombre se lanzó al lecho, falleciendo ambos. Pero lo que el tribunal determinó como discriminatorio no fue la información sobre los hechos, sino la forma en que el medio construyó la narrativa: el uso reiterado del apodo “la machi de los sacrificios”, las comillas en torno al término “machi” y subtítulos como “Una mujer perdida”, que, en su conjunto, generaron un efecto estigmatizador que deslegitimaba la autoridad espiritual de la demandante.
La Ley Zamudio como trinchera: el giro estratégico de la defensa
El abogado de la machi, Gonzalo Sánchez, explicó que la decisión de recurrir a la Ley Zamudio y no a un recurso de protección fue deliberada. “Para no traer esta discusión clásica que es entre libertad de expresión y honra, sino que más bien los límites al discurso eventualmente discriminatorio”, señaló. “Una tensión entre la libertad de expresión y el derecho a no ser discriminado”.
La estrategia fue acertada. Radio Bío Bío esgrimió la libertad de expresión como principal argumento de defensa, pero el tribunal consideró que el uso del lenguaje y la construcción editorial del medio iban más allá de la información objetiva, configurando un acto de discriminación arbitraria. La sentencia ordena que el 90% de los periodistas de la radio reciban capacitación obligatoria en respuesta a la estigmatización.
La función de clase de la prensa hegemónica
Desde una perspectiva marxista, este fallo no es un hecho aislado. Es la confirmación de que la prensa hegemónica chilena ha operado históricamente como un dispositivo de dominación cultural al servicio de la clase dominante. El racismo estructural no es un accidente del sistema; es su característica central. La estigmatización de las autoridades mapuche no es un exceso de un periodista, sino la expresión de una lógica de clase que ha construido al pueblo mapuche como el “otro” inferior, como un obstáculo al “progreso” y al “desarrollo” del capital.
El uso de términos como “la machi de los sacrificios” no es una elección neutral de lenguaje. Es la imposición de un marco interpretativo que deslegitima las prácticas culturales y espirituales del pueblo mapuche, presentándolas como “oscuras” y “satánicas”. Es la misma lógica que durante siglos ha justificado el despojo territorial, la represión y el genocidio cultural. El fallo contra Radio Bío Bío no es un ataque a la libertad de expresión, sino un límite a la libertad de discriminar.
El silencio cómplice de los grandes medios
El hecho de que esta sea la primera vez que la Ley Zamudio se aplica a un medio de comunicación en Chile no es casualidad. Durante décadas, la prensa hegemónica ha operado con total impunidad, construyendo narrativas que criminalizan a los pueblos originarios, estigmatizan a los movimientos sociales y legitiman el modelo de acumulación neoliberal. El silencio de los grandes medios ante este fallo es elocuente: la industria periodística chilena no está dispuesta a reconocer su rol en la reproducción del racismo estructural.
La comunidad mapuche ha valorado la sentencia como un paso adelante en la lucha contra la discriminación. Pero la batalla no se gana con un solo fallo. Mientras el Estado chileno siga siendo un instrumento al servicio de los intereses del capital, mientras la propiedad de los medios de comunicación siga concentrada en manos de los mismos grupos económicos, mientras la educación pública siga negando la historia y la cultura de los pueblos originarios, el racismo estructural seguirá reproduciéndose.
Epílogo: la machi que no se doblegó
La condena a Radio Bío Bío no es un triunfo de la justicia, sino una derrota de la impunidad. Millaray Huichalaf, una machi del pueblo mapuche-williche, se enfrentó a una maquinaria mediática que intentó deslegitimarla, y lo hizo con las herramientas que el propio sistema burgués le ofrecía: la Ley Zamudio. Su resistencia no es un acto individual; es la expresión de una lucha colectiva que el pueblo mapuche ha librado durante siglos contra la dominación colonial y capitalista.
La clase trabajadora chilena debe leer este fallo con otros ojos. No se trata de una disputa entre un medio de comunicación y una autoridad espiritual. Se trata de la constatación de que la prensa hegemónica, lejos de ser un espacio de información objetiva, es un dispositivo de dominación de clase que reproduce el racismo estructural como parte de su función ideológica. La lucha contra la discriminación no se ganará con un solo fallo, sino con la organización de los pueblos originarios y la clase trabajadora para construir un nuevo orden social que ponga la vida y la dignidad de los de abajo por encima de las ganancias y los privilegios de los de arriba.
