Mié. Jul 15th, 2026

El peaje de la sangre: el imperio blinda el estrecho para cobrar la muerte

Jul 14, 2026

Mientras la Casa Blanca decreta un nuevo bloqueo naval y exige un peaje del 20% a todo buque que cruce el estrecho de Ormuz, las fuerzas de la Resistencia lanzan oleadas de misiles contra bases estadounidenses en Bahréin, Jordania y Kuwait. La guerra que Trump prometió “muy dura” ya suma tres noches consecutivas de bombardeos, con al menos 28 muertos en Irán y una estela de destrucción que se extiende por todo el Golfo. En este escenario, el discurso de la “paz” del imperio se revela como una farsa: mientras las bombas caen, Washington negocia para mantener el control de las rutas energéticas y la hegemonía regional. El costo, una vez más, lo pagan los pueblos de Asia Occidental y la clase trabajadora global, que ve cómo el precio del petróleo se dispara mientras los gobiernos de la región se convierten en mercenarios de una guerra que no es suya.


Por Equipo El Despertar

La nueva ofensiva: bombardeos y bloqueo

El martes 14 de julio, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) completó su tercera noche consecutiva de ataques contra Irán, una ofensiva de cinco horas que, según el Pentágono, buscaba “degradar la capacidad de Irán para atacar el transporte marítimo comercial”. Los blancos incluyeron instalaciones militares en Bushehr —donde se encuentra la primera central nuclear operativa de Irán—, Chabahar, Jask, Konarak, Abu Musa y Bandar Abbas.

Horas antes, el presidente Donald Trump había sido explícito: “Vamos a golpearlos muy fuerte esta noche, y los golpearemos fuerte mañana”. La advertencia no era retórica vacía. Trump formalmente notificó al Congreso la reanudación de operaciones militares contra Irán, abriendo un período de 60 días para que el Pentágono opere en la región sin aprobación legislativa.

Al mismo tiempo, Washington reinstauró un bloqueo naval contra los puertos iraníes y anunció que cobraría un arancel del 20% a todo buque que transitara el estrecho de Ormuz. Trump se autoproclamó “GUARDIÁN DEL ESTRECHO DE ORMUZ”, una declaración que desafía abiertamente el derecho internacional y convierte una vía marítima internacional en un peaje privado al servicio del imperio.

La respuesta de la Resistencia: misiles sobre las bases del imperio

Lejos de amedrentarse, el Eje de la Resistencia respondió con contundencia. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) lanzó ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en Bahréin, Jordania y Kuwait. En Bahréin, el objetivo fue la base militar de Juffair, sede de la Quinta Flota de Estados Unidos, donde los proyectiles impactaron almacenes de armamento, centros de comunicaciones por satélite y edificios de las fuerzas estadounidenses. En Jordania, la Guardia Revolucionaria atacó una base aérea utilizada para lanzar ataques contra Irán, mientras las defensas aéreas jordanas interceptaban cuatro misiles que ingresaron a su espacio aéreo. Kuwait también fue blanco de ataques contra sistemas de defensa Patriot, depósitos de combustible e instalaciones de comunicaciones.

Los Emiratos Árabes Unidos confirmaron que dos de sus petroleros fueron alcanzados por misiles de crucero iraníes en el estrecho, con un tripulante muerto y varios heridos. La guerra, que comenzó el 28 de febrero con bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel, se ha extendido ahora a todo el Golfo Pérsico.

La farsa de la “paz” y el negocio de la guerra

En medio del intercambio de misiles, Trump insiste en que “un acuerdo con Irán sigue siendo posible”. Pero sus acciones contradicen sus palabras. El bloqueo, las amenazas de “golpear muy duro” y el intento de imponer un peaje en el estrecho revelan la verdadera agenda: el control de las rutas energéticas del mundo.

El canciller iraní, Abbas Araqchi, respondió con la ironía de quien sabe que la historia lo respalda: “El 20% es, por supuesto, demasiado. Nosotros seremos justos”. Teherán ha dejado claro que el estrecho “permanecerá cerrado hasta nuevo aviso” y “hasta el fin de la interferencia de Estados Unidos en esta región”. Para el imperio, la guerra es un negocio que se paga con la sangre de los pueblos del Sur Global.

La función de clase del conflicto

Desde una perspectiva marxista, esta escalada no es un conflicto “entre naciones”, sino la expresión de la lucha interimperialista por el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales. El estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en el campo de batalla decisivo. El peaje del 20% que Trump pretende imponer no es más que un impuesto a la clase trabajadora global, que paga el costo de esta guerra en el precio de la gasolina, el transporte y los alimentos.

Mientras Washington y Teherán intercambian misiles, los pueblos de la región —y los trabajadores de todo el mundo— siguen pagando el precio de una guerra que no han elegido. La paz que promete el imperio es una paz de los sepulcros, una paz que solo puede imponerse mediante la fuerza y el terror. Pero la Resistencia, como ha demostrado en cada una de estas escaladas, no se rinde.

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