La administración Trump, a través del Departamento de Estado, convocó esta semana a más de 60 países a una cumbre en Washington para declarar al “terrorismo de extrema izquierda” como una amenaza global, en una maniobra que el Partido Comunista de Chile ha calificado como un intento de reeditar el macartismo y las peores prácticas del Plan Cóndor. El canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, participó en la reunión y calificó a Estados Unidos como el “principal socio estratégico” de Chile, un gesto de sumisión que el PC ha denunciado como una afrenta a la soberanía nacional y un alineamiento con la escalada belicista del imperio. Mientras Washington busca estigmatizar y perseguir a los movimientos progresistas de la región, la clase trabajadora asiste al montaje de una nueva cruzada ideológica que, bajo el pretexto de la “seguridad”, pretende justificar el bloqueo a Cuba, la agresión a Irán y el genocidio en Palestina. La historia se repite: el imperio vuelve a tejer una cortina de humo para ocultar su crisis de hegemonía, y los gobiernos de ultraderecha del continente se postran, una vez más, como sus lacayos.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El fantasma del macartismo y el Plan Cóndor ha regresado a la agenda continental. Así lo denunció este viernes el Partido Comunista de Chile en una declaración pública que repudia la campaña internacional impulsada por la administración de Donald Trump, destinada a “estigmatizar y perseguir a las organizaciones de la izquierda y sectores progresistas vinculándolas con la violencia y el terrorismo”. El texto, emitido por la Comisión de Relaciones Internacionales del PC, advierte que la Casa Blanca busca “reeditar el macartismo y el nefasto papel ejercido por el gobierno de EE.UU en años pasados como promotor y soporte de las dictaduras del Cono Sur, basadas en el terrorismo de Estado y coordinaciones internacionales del crimen político como el abominable ‘Plan Cóndor’”.
La declaración del PC llega en un contexto de máxima tensión geopolítica. Hace apenas dos días, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, convocó a 66 países a una reunión en Washington para abordar el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”. La cumbre, que contó con la participación de gobiernos de toda la región, ha sido interpretada por la izquierda como el inicio de una nueva ofensiva ideológica del imperio para deslegitimar a los movimientos populares y allanar el camino a una escalada represiva.
El canciller chileno y la sumisión a Washington
Uno de los momentos más críticos de esta ofensiva se vivió en Chile, donde el canciller Francisco Pérez Mackenna no solo asistió a la reunión convocada por Rubio, sino que declaró sin ambages que Estados Unidos es el “principal socio estratégico” de Chile. La frase, repetida en diversas entrevistas y declaraciones públicas, ha sido interpretada por el PC como un acto de subordinación que sella el alineamiento del gobierno de José Antonio Kast con la agenda belicista de Washington.
La declaración del Partido Comunista es categórica al respecto: “Las declaraciones emitidas en el marco de esa reunión por el Canciller de nuestro país, señalando a Estados Unidos como principal socio estratégico de Chile, constituyen un hecho de particular gravedad en este contexto”. Para la organización política, esta postura no solo compromete la soberanía nacional, sino que convierte a Chile en un engranaje de una maquinaria imperial que busca “subordinar a los gobiernos de sus respectivos países a la delirante escalada belicista y represiva comandada por Trump, como último recurso para sortear la crisis de su posición imperial”.
La lógica del imperio: una nueva cortina de humo
La campaña impulsada por la Casa Blanca, según denuncia el PC, no es un esfuerzo genuino por combatir el terrorismo, sino un intento de establecer “un protocolo de persecución global contra los movimientos que luchan por La Paz y los Derechos Humanos”. El comunicado advierte que esta estrategia incluye “el bloqueo contra países de orientación distinta, la acentuación de sanciones unilaterales contra quienes les presten apoyo y la persecución contra toda ayuda humanitaria a los pueblos afectados por conflictos provocados por la intervención del propio Trump y su gobierno”.
El PC establece un vínculo directo entre esta nueva ofensiva y las agresiones imperialistas en curso: “pretende justificar con los mismos pretextos la agresión y el genocidio contra el pueblo palestino, contra la civilización iraní y el derecho a la autodeterminación de los pueblos de Cuba y toda América Latina”. La declaración del partido denuncia que el discurso de la “lucha contra el terrorismo de izquierda” no es más que una cortina de humo para ocultar la crisis de hegemonía del imperio y legitimar sus crímenes.
La función de clase de la nueva cruzada
Desde una perspectiva marxista, la cumbre convocada por Marco Rubio y la declaración del canciller chileno no son fenómenos aislados, sino eslabones de una misma cadena: la ofensiva del capital financiero internacional contra los movimientos que cuestionan el orden neoliberal. La estigmatización de la izquierda como “terrorista” es un recurso clásico del imperialismo para deslegitimar las luchas populares y allanar el camino a la represión. El Plan Cóndor, que en los años 70 coordinó el terrorismo de Estado en el Cono Sur, no fue un accidente de la historia, sino la expresión más brutal de esta lógica.
La participación de Chile en la cumbre de Washington y la declaración del canciller Pérez Mackenna revelan la profundidad del alineamiento del gobierno de Kast con los intereses del imperio. Al calificar a Estados Unidos como “principal socio estratégico”, el canciller no solo está definiendo una política exterior, sino que está sellando la subordinación de Chile a los designios de Washington, incluso cuando eso significa avalar el bloqueo genocida a Cuba, la agresión a Irán y el apoyo incondicional al genocidio en Palestina.
Epílogo: la resistencia como única respuesta
La declaración del Partido Comunista de Chile es un llamado a la resistencia frente a una ofensiva que amenaza con reeditar los peores episodios de la historia reciente del continente. La campaña de estigmatización de la izquierda, el bloqueo a los pueblos que resisten y la persecución a los movimientos progresistas son parte de una misma estrategia: la de un imperio en decadencia que, para mantener su dominio, no duda en recurrir al terrorismo de Estado y a la manipulación ideológica.
La clase trabajadora latinoamericana debe leer esta declaración con otros ojos: no se trata de un documento político más, sino de una advertencia sobre el rumbo que está tomando el continente. La cumbre de Washington y la sumisión del gobierno de Kast son la confirmación de que el imperialismo no ha renunciado a su proyecto de dominación. Pero también son el recordatorio de que la resistencia es posible. La historia del Plan Cóndor no terminó en los años 80; se ha reeditado bajo nuevas formas. Y la única manera de enfrentarla es con organización, conciencia de clase y solidaridad internacional.
