Sáb. Jul 18th, 2026

El negocio de la oscuridad: las empresas eléctricas acumulan ganancias millonarias mientras el Estado de Kast abandona a los damnificados a su suerte

Jul 18, 2026
Foto Radio Activa

Mientras un sistema frontal de características excepcionales golpea a diez regiones del país, dejando a su paso más de 370 mil clientes sin suministro eléctrico, el gobierno de José Antonio Kast se limita a activar un fondo de emergencia que no resuelve el problema estructural de una infraestructura eléctrica diseñada para la rentabilidad del capital y no para la seguridad de las personas. La contradicción es brutal: las empresas eléctricas, que han multiplicado sus ganancias gracias a un marco regulatorio que les garantiza el monopolio de la distribución, no han invertido lo suficiente en reforzar sus redes, y el Estado, en lugar de fiscalizar y sancionar, se ha convertido en un mero espectador de la crisis. La clase trabajadora asiste, una vez más, al desamparo de un Estado que prioriza la acumulación del capital por sobre la protección de sus ciudadanos.

Santiago de Chile. El sistema frontal que azota al país desde el martes ha dejado una estela de destrucción y caos que expone, una vez más, las profundas grietas del modelo. Mientras el último balance de Senapred reporta al menos 4 fallecidos, 516 damnificados y más de 5.600 viviendas dañadas, el número de clientes sin suministro eléctrico sigue siendo una herida abierta: según la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), a las 15:25 horas de este viernes, 379.162 clientes permanecían sin luz en todo el país .

Las cifras son elocuentes: 161.172 clientes afectados en la Región de Valparaíso, 80.587 en La Araucanía, 31.926 en la Región Metropolitana y 24.052 en Los Lagos . En la Región del Biobío, la cifra supera los 88 mil clientes sin suministro . Detrás de estos números hay familias que pasan la noche a oscuras, niños sin poder calentar sus alimentos, adultos mayores electrodependientes en riesgo vital. La ministra de Energía, Ximena Rincón, reconoció que hay 12.500 personas electrodependientes registradas en el país, de las cuales 981 tendrían corte de suministro . Un dato que debería encender todas las alarmas, pero que el gobierno parece tratar como una estadística más.

Las eléctricas: el negocio que nunca se apaga

La responsabilidad de esta crisis recae directamente sobre las empresas distribuidoras de electricidad, que durante décadas han operado bajo un marco regulatorio que les garantiza la rentabilidad sin exigirles inversiones acordes con las necesidades del país. El sistema eléctrico chileno, diseñado bajo la lógica del mercado, prioriza la generación de ganancias por sobre la seguridad y la resiliencia de la infraestructura.

Las empresas eléctricas han sido históricamente renuentes a invertir en el reforzamiento de sus redes, especialmente en las zonas rurales y de menor densidad poblacional, donde los costos de mantenimiento son mayores y las ganancias menores. El resultado es una infraestructura frágil, que colapsa ante cualquier evento climático de cierta intensidad. Los cortes de luz masivos no son una fatalidad, sino el producto de una decisión empresarial: la de priorizar el dividendo de los accionistas por sobre la seguridad de los usuarios.

El gobierno de Kast, lejos de fiscalizar y sancionar a las empresas responsables, se ha limitado a declarar que “las empresas trabajan para normalizar el servicio”. El presidente Kast ha pedido comprensión a las familias de La Araucanía, argumentando que “no podemos exigirle a brigadas a restablecer el tema de la electricidad”. La declaración es un acto de rendición: el Estado reconoce su impotencia frente al poder de las empresas eléctricas.

La respuesta del Estado: fondos de emergencia y discursos de “aprendizaje”

La respuesta del gobierno a esta crisis ha sido, como era de esperar, insuficiente y tardía. Kast ha anunciado la activación anticipada del 2% de los presupuestos regionales para emergencias , una medida que no aborda el problema estructural de la infraestructura eléctrica. El mandatario ha destacado que “se anticipó la posibilidad de usar los fondos de emergencia durante la emergencia”, como si eso fuera un logro y no una obligación básica del Estado.

El discurso de Kast ha sido el de siempre: “Chile ha ido aprendiendo”, “Chile ha ido a través de cada una de las tragedias mejorando su institucionalidad”. Pero la historia demuestra lo contrario: las tragedias se repiten con una regularidad que evidencia que el Estado no ha aprendido nada, o que simplemente no quiere aprender. La institucionalidad que Kast dice mejorar es la misma que ha permitido que las empresas eléctricas operen con total impunidad, acumulando ganancias millonarias mientras los usuarios quedan a oscuras.

La ministra Rincón ha defendido la gestión del gobierno, señalando que “tenemos un 96% de los clientes en Chile con energía”. Una declaración que intenta minimizar la crisis, pero que oculta la verdadera magnitud del problema: el 4% de los clientes sin luz representan a cientos de miles de personas, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad.

La función de clase del sistema eléctrico

Desde una perspectiva marxista, el sistema eléctrico chileno es un ejemplo perfecto de cómo el capitalismo privatiza las ganancias y socializa las pérdidas. Las empresas eléctricas acumulan ganancias millonarias en tiempos de bonanza, pero cuando la infraestructura colapsa, es el Estado —es decir, los impuestos de la clase trabajadora— el que debe hacerse cargo de la emergencia.

El gobierno de Kast, que ha llegado al poder para defender los intereses del capital, no tiene ningún interés en fiscalizar a las empresas eléctricas. Su agenda es exactamente la contraria: profundizar el modelo neoliberal, flexibilizar los derechos laborales y reducir los impuestos a las grandes empresas. La crisis eléctrica es para ellos un problema de gestión, no un problema estructural.

La clase trabajadora debe entender que los cortes de luz masivos no son un fenómeno natural, sino el producto de un modelo económico que privilegia la acumulación del capital por sobre el bienestar de las personas. Mientras las empresas eléctricas sigan operando bajo la lógica del mercado, mientras el Estado siga siendo un mero espectador de la crisis, los cortes de luz seguirán siendo una realidad cotidiana.

Epílogo: la oscuridad como metáfora

El sistema frontal que azota a Chile es una metáfora perfecta del modelo económico que gobierna el país: una tormenta perfecta de desregulación, abandono estatal y acumulación del capital. Mientras las empresas eléctricas se frotan las manos con sus ganancias, las familias damnificadas pasan la noche a oscuras, esperando que la luz vuelva.

El gobierno de Kast ha respondido a esta crisis con el mismo libreto de siempre: fondos de emergencia insuficientes, discursos de “aprendizaje” y una complacencia absoluta hacia el poder del capital. Pero la clase trabajadora no debe dejarse engañar. La verdadera emergencia no es el sistema frontal, sino un modelo económico que ha convertido la energía en un negocio y ha abandonado a los más vulnerables a merced de la oscuridad.

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