A tres años de la llegada del “anarcocapitalista” a la Casa Rosada, el peso argentino ha perdido casi un 70% de su valor, la inflación supera el 31% anual y el modelo económico se sostiene sobre el endeudamiento externo y el ajuste fiscal más brutal de la historia reciente del país. Mientras Javier Milei promete un “Año de la Grandeza” con un dólar a $1.800 y Donald Trump lo rescata con un “importante crédito stand-by”, la clase trabajadora argentina asiste al desmantelamiento de su Estado social, a la pérdida de su poder adquisitivo y a la consolidación de un modelo que, lejos de la “libertad” prometida, profundiza la dependencia del capital financiero internacional.
Por Equipo El Despertar
El “milagro” de la devaluación perpetua
La historia del peso argentino bajo la administración de Milei es la crónica de un descalabro anunciado. El 11 de diciembre de 2023, en el primer día hábil después de su asunción, el dólar oficial cerraba a un valor de $462,40. Tres años después, el tipo de cambio mayorista roza los $1.500 y el dólar blue, la cotización que refleja el verdadero pulso de la economía popular, supera los $1.500.
En enero de 2026, el gobierno estrenó un nuevo esquema cambiario. Se mantuvo el régimen de flotación entre bandas, pero los topes comenzaron a ajustarse por inflación. El argumento oficial era que el esquema anterior, con bandas que subían al 1% mensual, generaba una “forzada apreciación del peso” que el mercado no podía sostener. Pero la corrección no fue un ajuste técnico; fue la confesión de que el modelo no funcionaba. El valor de la divisa subió un 1,4% en su primer día de implementación, su mayor aumento diario en más de un mes.
Como escribió Karl Marx en el Capital, “la moneda no es una cosa, sino una relación social”. La devaluación del peso no es un fenómeno natural, sino el resultado de una relación de fuerzas donde el capital financiero internacional, los grupos económicos concentrados y el Estado, bajo la conducción de Milei, han impuesto un modelo que transfiere la riqueza de los trabajadores a los acreedores externos.
El ajuste como doctrina: el FMI y el imperio como salvadores
El gobierno de Milei ha convertido el ajuste fiscal en una religión. Desde su llegada al poder, ha recortado el gasto público, desregulado la economía y eliminado los controles de capital. Pero el resultado no ha sido la “prosperidad” que prometía, sino una crisis de la deuda que ha requerido el rescate del Fondo Monetario Internacional y del gobierno de Donald Trump.
En septiembre de 2025, Trump recibió a Milei en Nueva York y lo respaldó políticamente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que EE.UU. está listo para comprar bonos argentinos, otorgar un “importante crédito stand-by” y negociar una línea de swap de USD$20.000 millones con el Banco Central. El Banco Mundial, a su vez, aceleró el desembolso de US$4.000 millones de un paquete de ayuda de US$12.000 millones.
La paradoja es brutal: el gobierno que se presentó como el abanderado del “libre mercado” y la “libertad” ha terminado mendigando ayuda al imperio y al FMI, los mismos organismos que la retórica oficial decía combatir. Como escribió Rosa Luxemburgo en La acumulación del capital, “el imperialismo no es una fase aislada, sino la expresión del capitalismo en su etapa de expansión forzada para asegurar su supervivencia”. Argentina, bajo Milei, se ha convertido en el eslabón débil de una cadena de dominación que el capital financiero global no está dispuesto a soltar.
La deuda como mecanismo de transferencia de riqueza
Las reservas brutas del Banco Central argentino alcanzan los 43.000 millones de dólares, pero las estimaciones privadas indican que las reservas netas son negativas en más de 15.000 millones. Es decir, el Estado argentino debe más de lo que tiene. La deuda externa, que Milei prometió reducir, no ha hecho más que crecer. Y el costo de ese endeudamiento lo pagan los trabajadores, que ven cómo sus salarios se deterioran, sus servicios públicos se desmantelan y sus derechos laborales se flexibilizan.
El “Año de la Grandeza Argentina” que Milei declaró para 2026 no es más que una coartada publicitaria. El dólar, que el propio gobierno proyecta a $1.800, seguirá subiendo. La inflación, que en noviembre de 2025 alcanzó el 31,4% interanual, seguirá erosionando el poder adquisitivo de los trabajadores. Y el ajuste fiscal, que Milei ha convertido en su principal bandera, seguirá transfiriendo recursos desde los sectores populares hacia el capital financiero.
La función de clase del “milagro” mileísta
Desde una perspectiva marxista, el modelo económico de Milei no es una anomalía ni una desviación del capitalismo. Es su expresión más descarnada: la acumulación por desposesión, la transferencia de riqueza desde los trabajadores hacia el capital, la subordinación de los intereses nacionales a los designios del imperio.
El ajuste fiscal, la devaluación y el endeudamiento externo no son medidas técnicas; son herramientas de dominación de clase. La clase dominante argentina, aliada con el capital financiero internacional, utiliza el aparato del Estado para extraer la plusvalía de los trabajadores y garantizar sus propias ganancias. Como escribió Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, “el capital financiero es la fuerza motriz de la política imperialista”. Y en Argentina, bajo Milei, esa fuerza motriz ha encontrado su expresión más acabada.
Epílogo: el costo del “milagro”
El peso argentino sigue cayendo. La inflación sigue subiendo. Los trabajadores siguen pagando el costo de un modelo que los excluye y los explota. Milei, que prometió “libertad” y “prosperidad”, ha entregado el país al capital financiero internacional y al FMI, mientras la clase trabajadora asiste al desmantelamiento de su Estado social.
La devaluación del peso no es un fenómeno natural; es el resultado de una decisión política. La inflación no es un “shock externo”; es la consecuencia de un modelo que privilegia la acumulación del capital por sobre el bienestar de las mayorías. Y el ajuste fiscal no es una “medida necesaria”; es la expresión de una lucha de clases donde los trabajadores pagan el costo de una crisis que no han generado. El “milagro” de Milei no es más que una farsa. Y la clase trabajadora argentina, que ha sido la principal víctima de esta farsa, debe entender que la única salida posible no es el “libre mercado”, sino la organización y la lucha por un mundo donde la economía esté al servicio de las personas, no del capital.
