A menos de dos semanas de su toma de posesión, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha diseñado una política exterior que rompe con el legado de soberanía del gobierno de Gustavo Petro para alinear al país con el eje conformado por Donald Trump y el Estado sionista. Su plan de “optimización” diplomática implica cerrar 14 embajadas, romper relaciones con Cuba y Nicaragua, cancelar la apertura de la embajada en Palestina, reabrir la legación en Jerusalén y retirar a Colombia del caso por genocidio contra Israel en la Corte Internacional de Justicia .
Por Equipo El Despertar
La geografía del despojo: el cierre de embajadas como ofensiva diplomática
El domingo 26 de julio, Abelardo de la Espriella anunció en un video difundido por sus redes sociales el inicio de una “reorganización” de la red diplomática colombiana . El plan, que entrará en vigor el 7 de agosto, contempla el cierre de 14 embajadas en Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, Chequia, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumanía, Senegal y Sudáfrica .
Pero lo que el discurso de la “eficiencia” oculta es que este recorte no es un acto de austeridad fiscal, sino una ofensiva política. De la Espriella fue explícito al señalar que los cierres “no significan romper relaciones diplomáticas con esos países (…) excepto con Cuba y Nicaragua” . La ruptura con la isla y el régimen sandinista no es una decisión técnica, sino una declaración de guerra ideológica: el nuevo gobierno de Colombia se alinea con la política de bloqueo de Washington contra los gobiernos que se niegan a doblegarse al imperio.
La decisión de suspender la apertura de la embajada en Palestina —una iniciativa del gobierno de Petro que nunca llegó a funcionar— y en su lugar reabrir la legación en Jerusalén es la confirmación de que De la Espriella ha decidido poner a Colombia al servicio del proyecto colonial sionista. Como escribió Rosa Luxemburgo, “la acumulación de capital no es posible sin la violencia y la guerra”. La nueva política exterior colombiana es la expresión de esa violencia, ahora disfrazada de “modernización” diplomática.
El retorno a la casa de los amos: Israel y Estados Unidos como ejes de la política exterior
El giro más significativo de la nueva administración es la restauración de las relaciones con Israel, rotas por Petro en 2024 como protesta por el genocidio en Gaza . De la Espriella ha sido explícito: “La relación histórica que el gobierno de Petro rompió de manera unilateral volverá a fortalecerse. Colombia recuperará sus aliados, su palabra diplomática y su lugar como socio confiable en el mundo” .
El precio de esta alianza es la adhesión incondicional a la agenda sionista: la apertura de la embajada en Jerusalén , el retiro de Colombia del caso de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia y la reanudación de la cooperación militar, clave para el suministro de aviones de combate y fusiles de fabricación israelí que las Fuerzas Armadas colombianas utilizan para combatir a los grupos armados . Como escribió Vladimir Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, “el capital financiero es la fuerza motriz de la política imperialista”. Colombia, bajo De la Espriella, se convierte en un eslabón más de la cadena de dominación del capital financiero internacional.
El “Escudo de las Américas”: la subordinación continental al imperio
La nueva política exterior también contempla la adhesión de Colombia al “Escudo de las Américas”, una alianza impulsada por la administración Trump que, según la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, es “un proyecto orientado a restablecer la subordinación de América Latina y el Caribe a los intereses geopolíticos” de Washington . De la Espriella, que posee ciudadanía estadounidense y es miembro del Partido Republicano , ha sido respaldado explícitamente por Trump, quien lo calificó como un “luchador incansable” .
El plan también incluye el despliegue del “Plan Patriota 2.0”, una operación militar conjunta con el ejército de Estados Unidos cuyo objetivo es “recuperar capacidades, derrotar las amenazas narcoterroristas, fortalecer la autoridad legítima del Estado y contribuir a la estabilidad regional” . La traducción es clara: más intervención militar estadounidense, más violación de la soberanía nacional, más represión contra los movimientos sociales. Como escribió Antonio Gramsci, la hegemonía se ejerce mediante la combinación de coerción y consenso; el “Escudo de las Américas” es el garrote del imperio, mientras el discurso de la “eficiencia” es el consenso fabricado.
Epílogo: el costo de la rendición
La política exterior de De la Espriella no es un acto de “modernización” ni de “ahorro fiscal”. Es la rendición de Colombia a los intereses del capital transnacional y del imperialismo estadounidense. El cierre de embajadas, la ruptura con Cuba y Nicaragua, la sumisión a Israel y la adhesión al “Escudo de las Américas” son piezas de un mismo engranaje: la consolidación de un bloque de ultraderecha en América Latina que, bajo el manto de la “libertad” y la “seguridad”, entrega la soberanía de los pueblos a los amos del capital.
La clase trabajadora colombiana, que ha visto cómo el gobierno de Petro avanzó en la construcción de una política exterior soberana y solidaria, asiste ahora al desmantelamiento de ese proyecto. Como escribió Marx en el Manifiesto Comunista, “los proletarios no tienen patria”. Pero en este contexto, la ausencia de patria es una condena: los trabajadores colombianos quedarán expuestos a las consecuencias de una política exterior que los subordina a los intereses del capital internacional, mientras los grandes empresarios celebran la “modernización” que les abre las puertas de los mercados de la guerra y la especulación.
La lucha por la soberanía no ha terminado. La resistencia de los pueblos de Nuestramérica, que han enfrentado durante siglos la dominación imperial, sigue en pie. La política exterior de De la Espriella no es el final de la historia, sino un nuevo capítulo de la lucha de clases en el continente. Como dijo el propio Petro, “quien no entienda que la soberanía se defiende en cada rincón del mundo, no ha entendido nada de la historia”.
