La Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) ha convocado a un paro y movilización nacional para el jueves 1 de octubre, bajo la consigna “Ni un peso menos para la educación”, en respuesta a los recortes presupuestarios impulsados por el gobierno de José Antonio Kast y a la falta de diálogo de la ministra de Educación, María Paz Arzola. La convocatoria, aprobada en el último plenario de la organización, busca frenar lo que los estudiantes consideran un ataque estructural a la educación pública, que incluye la posible eliminación de programas clave como la alimentación escolar y la beca de vocación docente.
Por Equipo El Despertar
La Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) ha convocado a un paro y movilización nacional para el jueves 1 de octubre, con el objetivo de exigir “el resguardo y fortalecimiento de los fondos destinados al sector” bajo la consigna “Ni un peso menos para la educación”. La convocatoria fue aprobada en el último plenario de la Confech y responde, según la organización, “a la preocupación del movimiento estudiantil ante los requerimientos de recortes realizados por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y al nulo pronunciamiento de la ministra de Educación María Paz Arzola al respecto”.
El origen del conflicto: recortes y silencio
Desde la organización recordaron que “en abril, el ministerio de Hacienda realizó una serie de requerimientos al ministerio de Educación, encabezado por la ministra María Paz Arzola, ordenando el recorte significativo de asignaciones presupuestarias y, en muchos casos, la eliminación directa de programas de gran importancia para el sostenimiento de la educación pública”. Entre los programas amenazados, la Confech mencionó el Programa de Alimentación Escolar (PAE), el Fondo de Apoyo a la Educación Pública, la Beca de Apoyo Vocación Profesor y los programas de reinserción escolar, entre muchos otros.
A esta preocupación se suma, según los estudiantes, la falta de diálogo de la autoridad ministerial. “A pesar de las solicitudes, la ministra de Educación no ha concretado ninguna reunión con la organización nacional estudiantil de forma que permita entablar el diálogo necesario para canalizar oportunamente las preocupaciones públicas y legítimas de los y las estudiantes del país”, señalaron desde la Confech.
Una ofensiva que no es aislada: el contexto de la arremetida gubernamental
El paro convocado por la Confech no es un hecho aislado. Se enmarca en un contexto de creciente conflictividad social frente a las políticas del gobierno de Kast, que ha impulsado una agenda de recortes y ajustes que golpea directamente a los sectores populares. La Confech ya había convocado una movilización nacional el 3 de junio, la primera gran marcha contra el gobierno de Kast, que terminó con 35 detenidos y una estudiante con fracturas faciales tras la represión policial.
La consigna de la movilización de octubre, “Ni un peso menos para la educación”, sintetiza la demanda central del movimiento estudiantil, pero también expresa una crítica más profunda al modelo económico que el gobierno de Kast pretende profundizar. La Confech ha sido explícita en su rechazo a la “megarreforma” tributaria, que según los estudiantes “busca rebajar los impuestos a las grandes fortunas y corporaciones privadas, afectando directamente los servicios públicos y profundizando la desigualdad social”.
La organización también ha manifestado su rechazo a la Ley de Escuelas Protegidas, una iniciativa que, según los estudiantes, “prioriza exclusivamente el control policial y la aplicación de medidas punitivas para enfrentar la violencia escolar, ignorando deliberadamente las causas socioeconómicas subyacentes del problema”.
La función de clase del paro estudiantil
Desde una perspectiva marxista, el paro convocado por la Confech no es una simple protesta gremial por un presupuesto. Es la expresión de una contradicción de clase fundamental: el gobierno de Kast representa los intereses del gran capital, y su política de recortes en educación es una transferencia de recursos desde el conjunto de la sociedad hacia los grupos económicos que financian su proyecto. La “megarreforma” que rebaja los impuestos a las grandes empresas en 4.000 millones de dólares anuales es la misma que desfinancia la educación pública.
La Confech lo expresó con claridad: “Sabemos que van por todo y que intentarán tocar derechos consagrados como la gratuidad, así como los aportes basales en la educación. Frente a la mayoría relativa que alcanzan en el Congreso gracias al apoyo de sectores como el PDG, no tenemos ninguna confianza en el actual escenario legislativo. Por el contrario, advertimos el riesgo inminente de que se genere un recorte estructural a la educación que amenace los avances históricos y precarice aún más el sistema”.
La organización también ha anunciado una ronda de reuniones con diversos actores del mundo educativo —manipuladoras de alimentos, trabajadoras de jardines infantiles, profesores, asistentes de la educación, académicos y rectores— para fortalecer la paralización. “El objetivo es llevar una articulación conectada dentro del espectro de la educación, donde se pueda contar con el apoyo de todos los sectores comprometidos con la educación pública”, plantearon.
La voz de los estudiantes: “Un gobierno autoritario, de recortes y retroceso”
Las declaraciones de los dirigentes estudiantiles durante las movilizaciones previas anticipan el tono de la jornada del 1 de octubre. La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y vocera de la Confech, Laura Mlynarz, calificó al gobierno como “autoritario” y cuestionó la respuesta policial durante la marcha de junio: “Hoy los estudiantes del país nos movilizamos frente a un gobierno autoritario, un gobierno de recortes, de retroceso, un gobierno que cada vez se quiere asemejar más a los tiempos dictatoriales de este país”.
Aranza Díaz, vocera de la Red de Solidaridad Estudiantil, vinculó la movilización con la agenda económica del gobierno: “Mientras el presidente se reunía con Milei en La Moneda para seguir profundizando, para seguir expandiendo su modelo económico, nosotros estábamos ahí en las calles, defendiendo a nuestro pueblo donde tenemos que estar”. Y añadió: “Mientras ellas sigan precarizando nuestra vida y nuestra universidad y nuestra educación, los estudiantes tendremos que salir a la calle a defender nuestro futuro”.
La convocatoria del 1 de octubre es, por tanto, mucho más que una protesta por un presupuesto. Es la continuación de una lucha que se remonta a las jornadas de 2011 y 2019, y que hoy enfrenta a un gobierno que ha declarado la guerra a la educación pública. Como señaló la Confech, “defender la educación pública es hacer crecer, avanzar y transformar a Chile”. Y esa defensa, para los estudiantes, pasa por las calles.
