Mientras la administración de Delcy Rodríguez acepta la presencia de militares estadounidenses y una misión técnica israelí bajo el pretexto de la ayuda humanitaria tras los terremotos del 24 de junio, la base chavista ha roto la disciplina y ha salido a las calles de Caracas por segunda jornada consecutiva para gritar “Gringos, go home” y quemar las banderas de Estados Unidos e Israel. La protesta, que reunió a organizaciones comunitarias y movimientos populares en la Plaza Bolívar, no es un simple acto de descontento: es la expresión de una profunda herida en el alma del chavismo, que ve con horror cómo la “presidenta encargada” utiliza la tragedia de los más de 5.500 muertos para justificar el asentamiento de delegaciones extranjeras vinculadas al imperialismo.
Por Equipo El Despertar
La farsa de la ayuda humanitaria: el imperio que saquea bajo el disfraz de la misericordia
El 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 devastaron el centro-norte de Venezuela, dejando más de 5.500 muertos y una estela de destrucción que el gobierno de Delcy Rodríguez no ha podido gestionar. Frente a la catástrofe, la administración encargada aceptó el envío de brigadas internacionales. Pero lo que podría haber sido una operación de auxilio legítimo se ha convertido en una ocupación encubierta. Washington envió contingentes militares de auxilio y equipos de rescate especializados. Tel Aviv, por su parte, canalizó la llegada de delegaciones de ayuda médica e ingeniería para la reconstrucción. La presencia de funcionarios y rescatistas israelíes constituye un hecho inédito en casi dos décadas, dado que las relaciones diplomáticas entre Caracas y Tel Aviv estaban rotas desde 2009.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aprobó la extensión de la presencia del “ente sionista” en territorio venezolano tras la solicitud de Rodríguez al Ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar. La delegación israelí, que incluye a 30 especialistas en “reconstrucción”, ha sido recibida por la propia presidenta encargada. Pero como ha advertido la Plataforma Internacional de Solidaridad con la Causa Palestina, el sionismo no es una ideología de ayuda humanitaria: es una “ideología fascista de expansión, que promueve la ocupación, que roba territorios y practica genocidio”. La misma maquinaria de muerte que ha devastado Gaza, que ha asesinado a más de 73.000 palestinos y ha herido a 173.500 más, ahora se presenta en Venezuela como “rescatista”. Como escribió Rosa Luxemburgo, “la acumulación de capital no es posible sin la violencia y la guerra”.
El gobierno de Donald Trump, que se jacta de “controlar Venezuela y a su presidenta interina”, no ha ocultado su agenda. La presencia de tropas estadounidenses e israelíes en suelo venezolano es la materialización de un viejo sueño imperial: el control de las reservas de petróleo más grandes del mundo. El intelectual venezolano Luis Britto García ha denunciado que la presencia operativa de fuerzas estadounidenses en territorio venezolano y la entrada de efectivos militares de EE.UU. e Israel se ha dado bajo el pretexto de la “ayuda humanitaria”.
La patria se defiende: el grito de la base chavista contra la capitulación
Lo más significativo de esta crisis no es la maniobra del imperio, sino la reacción del pueblo. Durante años, la base chavista había mantenido una disciplina interna férrea, alineada con las directrices del gobierno. Pero el sábado 25 y el domingo 26 de julio, esa disciplina se rompió. Organizaciones comunitarias, colectivos urbanos y movimientos populares chavistas tomaron la Plaza Bolívar de Caracas para expresar su rechazo a la creciente presencia de Estados Unidos e Israel.
Los manifestantes quemaron banderas estadounidenses e israelíes, pisotearon fotografías de Trump y Netanyahu, y corearon consignas como “Gringos go home” o “Esto no es ayuda, es una ocupación”. Las pancartas eran elocuentes: “La patria se defiende. Contra la presencia yanqui y sionista en el país de Bolívar y Chávez”, se leía en los volantes digitales. Rafael Uzcátegui, dirigente del Partido Pátria Para Todos, fue categórico: “Hoy estamos señalando: Venezuela sí, Trump no. Venezuela sí, yankees no. Nos negamos a la capitulación”.
La protesta no es un acto de deslealtad al proyecto bolivariano, sino un acto de defensa de su esencia. Hindu Anderi, coordinadora de la Plataforma Internacional de Solidaridad con la Causa Palestina, fue lapidaria: “La presencia israelí y la influencia estadounidense hacen parte de un plan de ocupación que trata de dividir a la población y robar recursos naturales”. Y recordó la tradición de solidaridad con Palestina que el chavismo construyó desde Hugo Chávez: una embajada palestina en Caracas, convenios educativos, culturales y económicos. “Para nosotros, es un momento de retroceso”, sentenció.
La función de clase de la ocupación encubierta
Desde una perspectiva marxista, la crisis venezolana no es un conflicto entre “gobiernos” o “ideologías”. Es la expresión de la lucha interimperialista por el control de los recursos energéticos y la hegemonía regional. El imperialismo estadounidense, que ha perdido influencia en Medio Oriente, busca recomponer su dominio en América Latina a través de la “ayuda humanitaria” y la “cooperación militar”. El sionismo, por su parte, utiliza Venezuela como un escenario para limpiar su imagen de genocida y ampliar su influencia en el continente.
La respuesta popular en Caracas es la confirmación de que los pueblos no son tontos. La base chavista ha comprendido que la presencia de tropas extranjeras no es una ayuda, sino una ocupación. Que la “reconstrucción” que ofrecen Trump y Netanyahu no es para reparar los daños del terremoto, sino para reconstruir las ganancias del capital transnacional. Como escribió Antonio Gramsci, la hegemonía se ejerce mediante la combinación de coerción y consenso. Pero el consenso se ha roto. La base chavista ha decidido que la patria se defiende con las manos, con las banderas quemadas y con el grito en la garganta.
Epílogo: el fantasma de Bolívar
La protesta de Caracas es un recordatorio de que el sueño de Bolívar no ha muerto. El libertador, que advertía contra la “presencia yanqui” en Nuestramérica, sigue vivo en la memoria de los que se niegan a capitular. La presencia de militares estadounidenses e israelíes en Venezuela no es el final de la historia, sino un nuevo capítulo de la lucha de clases en el continente.
La clase trabajadora venezolana, que ha resistido el bloqueo, las sanciones y la guerra económica, no se doblegará ante una ocupación encubierta. La base chavista, que ha roto la disciplina para defender la esencia del proyecto bolivariano, ha dado una lección de dignidad. Como escribió el Che Guevara, “la victoria no es la meta, es el camino”. Y en ese camino, la resistencia popular sigue escribiendo su propia historia.
