Vie. Ago 28th, 2026

El “Día D” de la impotencia: la guerra contra Irán agota los arsenales de EE.UU. y obliga a Trump a cambiar misiles por sanciones

Ago 27, 2026

Después de seis meses de una guerra que comenzó como una demostración de fuerza y terminó como un pozo sin fondo, el imperio estadounidense se enfrenta a su mayor humillación militar desde Vietnam. El Pentágono ha consumido casi el 80% de sus interceptores de defensa antimisiles y prácticamente la totalidad de sus misiles de precisión de largo alcance, dejando a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados de la OTAN en una situación “más allá de lo crítico” . Incapaz de sostener la guerra en el campo de batalla, Donald Trump ha declarado un “Día D económico” contra Irán, amenazando con sanciones sin precedentes a cualquier país que mantenga vínculos con Teherán . La clase trabajadora del mundo asiste a la confirmación de que el imperialismo, en su fase de decadencia, no puede sostener la guerra ni la mentira del “pacificador” que Trump prometió ser.


Por Equipo El Despertar

El colapso del arsenal: del mito de la invencibilidad a la realidad del agotamiento

La guerra contra Irán, que comenzó el 28 de febrero de 2026 con bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel, ha expuesto las vulnerabilidades estratégicas del poder militar estadounidense de una manera que ni siquiera la debacle de Vietnam logró. El Pentágono ha consumido casi el 80% de sus misiles interceptores THAAD, aproximadamente la mitad de sus Patriots y prácticamente la totalidad de sus misiles de precisión de largo alcance, incluyendo los ATACMS y los PrSM .

Las cifras son elocuentes. Antes de la guerra, Estados Unidos contaba con alrededor de 2.200 misiles Patriot y 452 THAAD en sus reservas . Al final de julio, el arsenal de Patriots había caído por debajo de los 1.000, mientras que los THAAD se habían reducido a unos 250 . En el plano ofensivo, la situación es aún más crítica: la Armada estadounidense disparó más de 850 misiles Tomahawk solo en las primeras cuatro semanas de campaña, y las reservas de misiles de superficie a superficie —ATACMS y PrSM— están prácticamente agotadas .

La capacidad de producción no puede compensar el ritmo de consumo. Lockheed Martin está expandiendo la producción de PAC-3 MSE a 2.000 misiles por año y THAAD a 400, pero la expansión de las fábricas y cadenas de suministro llevará años . El CSIS estima que reabastecer el arsenal de Tomahawks tomará hasta cuatro años . Los nuevos misiles Patriot no comenzarán a entregarse hasta mayo de 2029, y la reposición completa de los THAAD se extenderá hasta finales de 2029 . Mientras tanto, el Pentágono recibe apenas 15 nuevos Tomahawks y 20 Patriots al mes, y no se prevén entregas de THAAD en 2026 .

La crisis ha sido tan profunda que Trump se vio obligado a cancelar nuevos ataques contra Irán en al menos dos ocasiones en las últimas semanas, después de que los principales asesores militares expresaran su preocupación por la disminución de las municiones clave . Un alto funcionario de Trump confirmó que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recibió el “visto bueno” final para una ofensiva masiva, pero Trump dio marcha atrás tras hablar con aliados de Medio Oriente que temían represalias iraníes .

La crisis de la defensa: la OTAN expuesta y los aliados en riesgo

El agotamiento de los arsenales no es solo un problema estadounidense. Los misiles interceptores Patriot en Europa están en una situación “más allá de lo crítico” debido a la guerra con Irán, lo que ha generado serias preocupaciones sobre la vulnerabilidad de los países de la OTAN frente a un posible ataque ruso . Un funcionario de defensa de EE.UU. advirtió que, en caso de un ataque con misiles balísticos rusos, la OTAN podría verse forzada a “recibir golpe tras golpe” por la escasez de Patriots .

Los países del Golfo también han expresado nuevas preocupaciones. Varias naciones dependen de sistemas de defensa aérea estadounidenses y han reconocido que la escasez de reservas podría obstaculizar su propia capacidad para interceptar ataques entrantes de misiles y drones iraníes, particularmente si son objetivo en respuesta a cualquier escalada estadounidense . El agotamiento de los interceptores deja a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados vulnerables a los ataques con misiles y drones, y las revelaciones sobre los bajos inventarios de THAAD no se habían informado previamente .

El “Día D” económico: la confesión de la derrota

Frente a la imposibilidad de sostener la guerra en el campo de batalla, la administración Trump ha recurrido a la guerra económica. El 19 de agosto, Trump anunció que Estados Unidos impondría una “guerra económica y aislamiento sin precedentes” contra Irán, calificándola como “un Día D económico” y la “operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno” . El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que Washington impondrá “las sanciones más duras de la historia” y describió la estrategia como un “golpe de uno-dos” que combina el bloqueo existente con nuevas sanciones .

La guerra económica, sin embargo, es el reconocimiento implícito de que la guerra militar ha fracasado. Como señala un análisis de AP, el giro refleja “la realidad desesperada que Trump enfrenta con una guerra cada vez más impopular que parece no poder terminar” a solo meses de las elecciones de medio término . Trump ha amenazado con “tremendas consecuencias económicas” a cualquier país que proporcione una “línea de vida” a Irán, en un intento de aislar a Teherán y forzar su rendición .

Pero la estrategia económica no es nueva, y sus posibilidades de éxito son escasas. Irán ha soportado casi cinco décadas de sanciones estadounidenses y ha desarrollado una alta tolerancia al dolor económico . El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araqchi, calificó la propuesta como “terrorismo económico” y argumentó que el “Día D económico” está diseñado para desviar la atención de la propia crisis de Estados Unidos, incluyendo su creciente deuda y el aumento de los costos de intereses . Como señaló Sanam Vakil, del think tank Chatham House, “Trump una vez más parece subestimar la determinación del liderazgo de Irán, que ve la resistencia, no la capitulación, como el único camino viable” .

La humillación más grande desde Vietnam

El alcance de la derrota estadounidense ha sido comparado, por analistas y publicaciones como Foreign Policy, con la catástrofe de Vietnam . Pero, según algunos análisis, la derrota en Irán podría ser incluso más severa. Mientras que Vietnam, a pesar de las pérdidas humanas, no alteró la trayectoria global de poder de Estados Unidos, la guerra contra Irán ha dejado al país más débil de lo que entró .

El desempeño militar de Estados Unidos, a pesar de su superioridad en equipamiento, expuso las limitaciones de su capacidad para sostener una guerra prolongada . El objetivo de cambio de régimen en Irán no solo fracasó, sino que fortaleció al gobierno existente . Los ataques aéreos estadounidenses e israelíes demostraron las limitaciones del poder militar convencional, ya que el programa de misiles de Irán resistió los asaltos combinados . Como señaló un exmiembro del Congreso, se trata de la “mayor humillación en la historia de Estados Unidos” .

La guerra ha expuesto el “talón de Aquiles” del escudo defensivo estadounidense . El costo de reposición de los arsenales se mide en años —de dos a cinco para la mayoría de las municiones— y el Pentágono no ha recibido ni un solo dólar del Congreso para reemplazar un solo misil desde el inicio de la guerra . La invocación de la Ley de Producción de Defensa por parte de Trump para acelerar la producción es “útil”, pero “el impacto será limitado” mientras la guerra continúe .

La función de clase de la derrota imperial

La crisis militar y económica que enfrenta Estados Unidos no es un accidente ni un error táctico. Es la manifestación de la contradicción fundamental del imperialismo en su fase de decadencia. Incapaz de sostener su hegemonía a través del consenso y la dominación económica, el capital recurre a la guerra. Pero incluso la guerra, su última carta, se revela como una estrategia agotada.

La clase trabajadora del mundo debe leer esta derrota como una lección. El poderío militar del imperio tiene límites. La resistencia de los pueblos, organizada y consciente de sus intereses, es capaz de enfrentar a la maquinaria bélica más poderosa del planeta. La guerra contra Irán no ha logrado ninguno de sus objetivos: no ha derrocado al gobierno, no ha desmantelado el programa nuclear, no ha abierto el estrecho de Ormuz y ha dejado a Estados Unidos con arsenales agotados y aliados desprotegidos.

Mientras Trump promete un “Día D económico” y los generales advierten sobre la escasez de misiles, la clase trabajadora debe entender que la guerra no es un conflicto entre “democracias” y “dictaduras”, sino la expresión de la lucha de clases a escala global. El estrecho de Ormuz, los precios del petróleo y los arsenales militares no son temas abstractos: son las herramientas con las que el capital intenta imponer su voluntad sobre los pueblos. La derrota de Estados Unidos en Irán no es el fin de la historia, sino su continuación. Y la resistencia, como siempre, la libran los de abajo.

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