Apenas tres semanas después de que la ultraderecha se instalara en el Palacio de Nariño —en medio de denuncias de fraude electoral que no cesan—, el expresidente Gustavo Petro ha asumido el liderazgo de la oposición con un despliegue de actividades públicas que no tiene precedentes en la historia reciente de Colombia. Desde su cuenta en X hasta los escenarios masivos en Soacha y Bogotá, el artífice del primer gobierno progresista del país ha desplegado una estrategia múltiple: denuncia diaria del “fraude masivo” que, según él, entregó el poder a Abelardo de la Espriella; presentación de un “gabinete por la vida” que ejercerá control político sobre el Ejecutivo; y convocatoria a movilizaciones para impedir el retroceso de las reformas sociales. Mientras la derecha intenta presentarlo como un líder derrotado, la clase trabajadora colombiana asiste a la construcción de una resistencia que no se rinde, que no acepta la imposición del imperio y que se prepara para disputar el poder en las calles y en las urnas.
Por Equipo El Despertar
Bogotá. La transición de poder en Colombia no fue una alternancia democrática. Fue el resultado de un proceso que el presidente saliente, Gustavo Petro, ha calificado como una “manipulación masiva” del voto popular. Y desde el mismo día en que Abelardo de la Espriella tomó posesión el 7 de agosto, Petro ha actuado como si el verdadero mandato del pueblo siguiera siendo suyo.
El miércoles 26 de agosto, en un evento político en Bogotá, el expresidente presentó al “gabinete por la vida”. El equipo está compuesto por exfuncionarios de su gobierno —la excanciller Yolanda Villavicencio, el exministro de Hacienda Germán Ávila, la exministra de Minas Irene Vélez, entre otros— y tendrá como misión ejercer un control político sobre el Ejecutivo de De la Espriella. “Este no es un gabinete en la sombra, es un gabinete en la luz”, declaró Petro, calificando al nuevo gobierno como la representación de la “muerte” y la “oscuridad”. El senador Iván Cepeda, su sucesor natural y derrotado en las urnas, fue claro: el equipo estará preparado “intelectual, política y técnicamente para asumir la responsabilidad de conducir el Estado en el 2030”. El mensaje es inequívoco: la izquierda no se rinde, y ya está construyendo la alternativa para la próxima década.
La denuncia del fraude: el dispositivo de la mentira al descubierto
La estrategia de Petro no se limita a la institucionalidad. El jueves 27 de agosto, el expresidente volvió a denunciar en sus redes sociales un fraude electoral masivo, vinculando la manipulación del voto con la detención en Bolivia del asesor político argentino Fernando Cerimedo. Según Petro, la información forense del teléfono de Cerimedo probaría una operación de manipulación digital con más de 2 millones de bots y perfiles falsos operados desde granjas automatizadas en distintos puntos del mundo, con énfasis en Miami.
La acusación más grave de su mensaje fue dirigida al resultado mismo de la elección: “Las elecciones en Colombia, solo por el hecho de la manipulación masiva de electores, constriñendo su voto, deberían ser anuladas si tenemos una justicia valiente”. Petro sostuvo que en 1.350 puestos se usaron “matemáticas desde un software” para dar ventaja electoral al actual presidente. La denuncia, que la derecha ha intentado desestimar como una “teoría de la conspiración”, adquiere nueva gravedad tras la caída del “rey de los trolls” Cerimedo, quien ha sido vinculado a campañas de desinformación en toda América Latina.
La movilización popular como herramienta de resistencia
Pero Petro no se limita a las denuncias y los gabinetes alternativos. El expresidente ha vuelto a la calle. El 20 de julio, día de la independencia, convocó una movilización general en defensa de las reformas sociales que su gobierno impulsó y que la ultraderecha amenaza con desmontar. La convocatoria fue el punto de partida de lo que se perfila como una nueva fase de resistencia popular: una estrategia que combina la denuncia política, la construcción de poder institucional alternativo y la movilización social.
La consigna es clara: “No dejar retroceder las reformas sociales”. Y no es una frase vacía. La primera experiencia de gobierno de izquierda en Colombia, aunque truncada por la derrota electoral, dejó un legado de transformaciones que la clase trabajadora no está dispuesta a perder. Petro, que forjó su carrera durante más de tres décadas desde la oposición, sabe que la resistencia no se construye en un día, sino en la acumulación de fuerzas que se preparan para la batalla larga.
Epílogo: la batalla por el alma de Colombia
El despliegue de Petro no es el gesto de un líder derrotado. Es el movimiento de quien sabe que la disputa por el poder no se resuelve en una elección, sino en la correlación de fuerzas que se construye en las calles, en las instituciones y en la conciencia de los de abajo. La presentación del “gabinete en la luz” es un acto de soberanía popular: la izquierda colombiana no acepta la imposición de la ultraderecha, no reconoce la legitimidad de un gobierno que, según sus denuncias, nació del fraude, y ya se prepara para la próxima batalla electoral.
Mientras el gobierno de De la Espriella se instala en el Palacio de Nariño, Petro ha asumido el rol de jefe de la oposición con una intensidad que la derecha no anticipó. Su presencia en redes sociales es masiva, sus denuncias sacuden la agenda pública y sus convocatorias a movilización son respondidas por miles de colombianos. La clase trabajadora colombiana, que dio el voto mayoritario al proyecto progresista, tiene ahora un líder que no se rinde, que no acepta la derrota como definitiva y que se prepara para la resistencia.
La batalla por el alma de Colombia recién comienza. Y Petro, como en los años de oposición a Duque, está dispuesto a librarla.
