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El periplo de la vergüenza: parlamentarios chilenos se arrodillan en Tel Aviv mientras el mundo exige justicia para Gaza

Ago 30, 2026
Foto Bio Bio La Radio

Once parlamentarios chilenos viajaron en secreto a Israel entre el 21 y el 30 de agosto, en plena ofensiva genocida contra el pueblo palestino, para fotografiarse con el canciller sionista, recibir medallas de un Estado acusado de crímenes de guerra y prestar sus credenciales a una operación de “lavado de imagen” orquestada por el lobby sionista estadounidense. La delegación, que incluyó a diputados de la UDI, el PDG, Republicanos, el PNL y hasta un senador del PPD, partió sin informar a la ciudadanía, sin transparentar su agenda y sin revelar quién financió los pasajes y el alojamiento. El Centro de Información Palestina fue categórico: los parlamentarios “pusieron sus cargos a disposición de una operación de lavado de imagen conducida por un Estado sometido a graves procedimientos internacionales por genocidio, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y ocupación ilegal”.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile / Tel Aviv. La semana distrital, diseñada para que los parlamentarios recorran sus circunscripciones y escuchen las demandas de los ciudadanos, fue utilizada por un grupo de once legisladores para cruzar medio planeta y regalarse una postal de turismo ideológico al régimen sionista. La gira, que se desarrolló entre el 21 y el 30 de agosto, permaneció oculta para la ciudadanía hasta que el propio canciller israelí, Gideon Sa’ar, publicó una fotografía junto a la comitiva y la presentó como una señal de la “relación renovada” entre Israel y Chile.

La delegación estuvo integrada por los diputados Hans Marowski y Pier Karlezi, del Partido Nacional Libertario (PNL); Marco Antonio Sulantay y Daniel Lilayu, de la Unión Demócrata Independiente (UDI); Roberto Arroyo, Eileen Urqueta y Zandra Parisi, del Partido de la Gente (PDG); Stephan Schubert y José Carlos Meza, del Partido Republicano; Fernando Zamorano, del Partido por la Democracia (PPD); y el senador independiente Enrique Lee. Diez de ellos pertenecen a la derecha y la ultraderecha chilena.

El negocio del silencio: financiamiento opaco y agenda secreta

Uno de los puntos que permanecen sin aclarar oficialmente es quién financió los pasajes, el alojamiento y los traslados. Un asesor de miembros de la comitiva aseguró que los gastos fueron costeados por la Comunidad Israelita de Chile, mientras que la Cámara se limitó a señalar que la invitación fue “sin costo para la corporación”. Los parlamentarios deberán registrar posteriormente el viaje en sus respectivas plataformas de lobby, pero la opacidad que rodea la gira ha generado cuestionamientos dentro del propio Congreso.

La visita fue liderada por el American Jewish Committee (AJC), una organización estadounidense de incidencia política y diplomática proisraelí que desarrolla iniciativas destinadas a autoridades, parlamentarios y otros líderes políticos. Según el Centro de Información Palestina, el AJC mantiene una postura negacionista frente a los informes y decisiones internacionales sobre los crímenes de Israel, ha rechazado las conclusiones de Amnistía Internacional sobre genocidio y apartheid, y ha calificado de “libelo” la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia.

El embajador de la vergüenza: Zaliasnik, cómplice del lavado de imagen

El embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, participó activamente en la operación de lavado de imagen. Apareció junto a la delegación en la fotografía mediante la cual el canciller israelí anunció la supuesta renovación de las relaciones con Chile. Días antes, Zaliasnik había participado en el programa “Defending Israel”, donde describió a la comunidad palestina en Chile como “grande” y “poderosa”, la acusó de “jugar con los números” y sostuvo que “no todos están radicalizados”.

El Centro de Información Palestina denunció que la intervención del AJC sitúa esta gira dentro de una estrategia deliberada de influencia sobre autoridades chilenas y crea un grave riesgo de captura por parte de actores extranjeros interesados en modificar la política de Chile hacia Israel. La delegación se reunió con el vocero militar Roni Kaplan y recibió una medalla de la Cámara israelí, en un gesto que busca normalizar la imagen de un Estado que enfrenta acusaciones de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia.

La hipocresía de la “semana distrital”

El periplo fue efectuado bajo la coartada de una “semana distrital” que desnuda el cinismo de un sector político dispuesto a legitimar la ocupación, el apartheid y el exterminio sistemático del pueblo palestino a cambio de la fotografía oficial y el confort de los hoteles de cinco estrellas. La semana distrital es un período legislativo diseñado exclusivamente para que los diputados y senadores recorran sus respectivas circunscripciones o distritos y escuchen las demandas de sus electores. En lugar de eso, once parlamentarios cruzaron el Atlántico para arrodillarse ante el régimen sionista.

La visita a los territorios ocupados sin denunciar el régimen de dominación colonial y la expansión de los asentamientos constituye una grave incongruencia con la histórica solidaridad internacional de la sociedad chilena con los pueblos en resistencia y una validación indirecta de crímenes que vulneran de forma flagrante el derecho internacional humanitario.

La función de clase de la complicidad

Desde una perspectiva marxista, la gira de los parlamentarios chilenos a Israel no es un hecho aislado. Es la expresión de la alianza de clase que la derecha chilena ha sellado con el imperialismo estadounidense y su principal aliado en Medio Oriente, el régimen sionista. La misma administración que encontró tiempo y recursos para regalar 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la salud, la vivienda y la educación de los sectores populares, es la que ahora envía a sus parlamentarios a fotografiarse con los verdugos del pueblo palestino.

La opacidad que rodea el financiamiento de la gira es la misma opacidad que caracteriza la entrega de los recursos naturales a las transnacionales, la misma que permite a los grupos económicos evadir impuestos y la misma que blinda la impunidad de los poderosos. Los parlamentarios que viajaron a Israel no fueron a defender los intereses de la clase trabajadora chilena; fueron a servir los intereses del capital global, a legitimar el genocidio y a consolidar una alianza que no tiene nada que ver con el bienestar de los de abajo.

Epílogo: la deuda de los parlamentarios con el pueblo chileno

La gira de los once parlamentarios chilenos a Israel no es el fin de la historia, sino su continuación. La ciudadanía chilena, que ha expresado su solidaridad con el pueblo palestino en múltiples ocasiones, tiene derecho a saber quién financió este viaje, qué se discutió en las reuniones y qué compromisos se adquirieron a espaldas del Congreso. La opacidad que rodea la gira es una ofensa a la democracia y una traición a los principios de transparencia y probidad que la derecha dice defender.

Mientras los parlamentarios posan para las fotos en Tel Aviv, el pueblo palestino sigue siendo masacrado en Gaza. Los niños siguen muriendo de hambre bajo el bloqueo. Los hospitales siguen siendo bombardeados. Y los parlamentarios chilenos, que debieran estar en sus distritos escuchando a sus electores, están en Israel recibiendo medallas de un Estado genocida. La deuda de estos parlamentarios con el pueblo chileno y con el pueblo palestino es una deuda que la historia no perdonará.

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