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El embajador de los chats y la comunidad de los 130 años: la hipocresía del gobierno de Kast en una sola declaración

Ago 31, 2026
Foto Radio Universidad de Chile

El embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, el mismo que debe su cargo a una trama de influencias destapada en los chats de Luis Hermosilla y que mas parece agente sionista que embajador, calificó a la comunidad palestina chilena como una colectividad que “juega con los números” y tiene una presencia “abrumadora” en los medios y el Congreso. La declaración, realizada en el programa estadounidense “Defending Israel”, provocó el rechazo de la comunidad palestina, la embajada de Palestina en Chile y parlamentarios de la oposición, quienes exigieron su salida. La respuesta del gobierno de José Antonio Kast fue, como era de esperar, un desmarque tibio que, en los hechos, deja al diplomático en su cargo mientras las y los chilenos de origen palestino asiste a la confirmación de una verdad incómoda: para el gobierno de los patrones, la lealtad al imperio y a la agenda sionista vale más que la dignidad de los chilenos y chilenas que han construido este país durante más de un siglo.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La semana comenzó con una nueva polémica que expone las contradicciones del gobierno de José Antonio Kast. Gabriel Zaliasnik, embajador de Chile en Israel, participó en el programa “Defending Israel” del canal JBS, donde se refirió a la comunidad palestina en Chile en términos que encendieron todas las alarmas. “Es una comunidad pequeña, de 20 mil a 25 mil personas en este momento, en condiciones muy difíciles”, señaló Zaliasnik, para luego agregar que la colectividad “juega con el número porque eso es política”.

El diplomático también describió a los palestinos como una comunidad con “fuerte presencia en los medios, en el parlamento”, y políticamente muy involucrados en el país. La caracterización no fue casual: proyectó una imagen de la comunidad palestina como “numerosa, organizada, influyente y potencialmente peligrosa”, una forma de “estigmatización colectiva” que la propia organización calificó como “profundamente discriminatoria y peligrosa”.

El silencio ante el mapa de la ocupación

La Embajada del Estado de Palestina en Chile fue más allá en su crítica. En una declaración pública, cuestionó la indiferencia del diplomático ante un mapa exhibido durante la entrevista que representaba la totalidad del territorio palestino ocupado —Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza— como parte de Israel, junto con los Altos del Golán sirio ocupado. “Guardar silencio ante esa representación no constituye un asunto menor para un diplomático a cargo de representar la política exterior del país”, señaló el comunicado.

La embajada también rechazó la caracterización de los chilenos de origen palestino cristiano como parte de un proceso de “radicalización”, calificando esa interpretación como “profundamente objetable”. “Identificarse como propalestino no constituye radicalización, sino una forma legítima de expresar la identidad y la historia de una familia”, subrayó. Y fue categórica al advertir: “Las declaraciones del embajador, junto con el cambio en el patrón de votación de Chile, nos llevan a concluir que se ha producido un cambio en la posición de Chile”.

La estigmatización de 130 años de historia

La Comunidad Palestina de Chile, que cuenta con más de 130 años de presencia en el país, no se quedó de brazos cruzados. En una carta abierta al Presidente Kast, la organización expresó su “profunda preocupación” y cuestionó que un representante del Estado chileno se refiera a una comunidad chilena en esos términos ante una audiencia extranjera. “Chile no es simplemente el país que acogió a nuestros antepasados: es nuestro país. Somos chilenos”, señalaron.

La diputada Carolina Tello (FA) calificó como “muy grave que el embajador de Chile en Israel cuestione públicamente las cifras y la legitimidad de la comunidad palestina chilena”. El senador PS, Fidel Espinoza, fue más lejos: “No puede seguir” y pidió la salida de Zaliasnik. Incluso desde el oficialismo, el ministro del Interior, Claudio Alvarado, reconoció que el diplomático “cometió un error” y que Cancillería lo “llamará al orden”.

Sin embargo, la respuesta del gobierno fue, en los hechos, una palmada en la espalda. El canciller Francisco Pérez Mackenna se desmarcó de los dichos, asegurando que “no representan la posición de la Cancillería”, pero descartó que Zaliasnik sea removido de su cargo. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, ahora se toma el tiempo para “llamar al orden” a un embajador que estigmatiza a una comunidad entera, sin asumir consecuencias.

El embajador de los chats: la trama que lo llevó al cargo

La hipocresía alcanza niveles grotescos cuando se recuerda que Zaliasnik no llegó a su cargo por mérito, sino por una trama de influencias destapada en los chats de Luis Hermosilla. El abogado, actualmente en prisión preventiva por el “caso Audios”, fue el artífice de su nombramiento. Las conversaciones filtradas entre Hermosilla y Zaliasnik revelaron que el nombramiento del diplomático fue fraguado en conversaciones privadas entre las élites del poder judicial y político.

En un intercambio por WhatsApp, el abogado Samuel Donoso respondió a una consulta sobre quiénes podían suceder a las ministras próximas a jubilar: “En estas quinas estamos de acuerdo c lucho (Luis Hermosilla) y gz (Gabriel Zaliasnik) en que los mejores serían la Sra Gajardo y Sempertegui (sic)”. Pocos días después, ambos fueron ratificados. El mismo Zaliasnik que hoy estigmatiza a la comunidad palestina es el producto de una red de influencias que la derecha chilena ha utilizado para copar el aparato del Estado con sus propios cuadros, sin importar los principios que dicen defender.

La comunidad palestina chilena lo recordó en su carta: antes del nombramiento formal de Zaliasnik, ya habían presentado observaciones respecto a su perfil, apuntando al “eventual predominio de visiones particulares por sobre” el interés nacional. La advertencia no fue escuchada, y hoy el gobierno cosecha las consecuencias.

La función de clase del silencio oficial

Desde una perspectiva marxista, el caso Zaliasnik no es una anomalía, sino la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno. La estigmatización de la comunidad palestina no es un exabrupto aislado; es la manifestación de una política exterior que ha girado hacia el alineamiento incondicional con el imperio y la agenda sionista. El mismo gobierno que se llena la boca con discursos de “mano dura” y “orden” no tiene problema en que su embajador cuestione la legitimidad de una comunidad que ha contribuido a Chile durante más de un siglo.

La comunidad palestina lo resumió con claridad: “Su ‘nosotros’ institucional no puede ser una comunidad particular frente a otra. Su ‘nosotros’ debe ser Chile, y dentro de ese Chile estamos todos, cualquiera sea nuestro origen, religión o posición política”. Pero para el gobierno de Kast, el “nosotros” no incluye a los palestinos. Incluye a los que se alinean con los intereses del capital y del imperio.

La embajada de Palestina fue aún más directa al advertir que “se ha producido un cambio en la posición de Chile”. Un cambio que no se comunica por canales oficiales, sino que se infiere de las declaraciones de un embajador en un programa extranjero. Un cambio que, en los hechos, significa que el gobierno de Kast ha decidido abandonar la posición histórica de Chile de apoyo al derecho internacional y a la autodeterminación del pueblo palestino.

Epílogo: la comunidad de los 130 años y el gobierno de los chats

El caso Zaliasnik es la prueba más contundente de que el gobierno de Kast no es un gobierno de “orden” y “transparencia”, sino de influencias, estigmatización y alineamiento incondicional con los intereses del capital. El embajador que cuestiona la legitimidad de la comunidad palestina es el mismo que llegó al cargo gracias a una trama de influencias destapada en los chats de Luis Hermosilla. La comunidad que ha construido Chile durante 130 años es estigmatizada por un diplomático que debe su puesto a una red de corrupción.

La clase trabajadora de origen palestino, como toda la clase trabajadora chilena, no debe esperar nada de un gobierno que ha demostrado que su única lealtad es a los intereses de los de arriba. Mientras el gobierno de Kast se desmarca con gestos tibios y mantiene en su cargo a un embajador que estigmatiza a una comunidad entera, la clase trabajadora sabe que la verdadera lucha no es contra los dichos de un diplomático, sino contra un sistema que blinda a los de arriba y criminaliza a los de abajo. La comunidad palestina chilena, con sus 130 años de historia, no será silenciada por un embajador de los chats. Y el gobierno de Kast, como todos los gobiernos de los patrones, terminará pagando el costo de su hipocresía.

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