Jue. Sep 3rd, 2026

La doble moral de la “austeridad”: Kast reajusta en 14,4% los sueldos de los consejeros del Banco Central mientras los trabajadores siguen esperando

Sep 2, 2026
Foto Diario Financiero

Mediante el Decreto Supremo N°700, firmado el pasado 3 de agosto, el Presidente José Antonio Kast y el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, autorizaron un reajuste de 14,4% en las remuneraciones de los cinco consejeros del Banco Central. La presidenta del instituto emisor, Rosanna Costa, pasará de ganar $18.441.014 a $21.098.704 brutos mensuales; el vicepresidente, Alberto Naudon, de $16.392.013 a $18.754.403; y los consejeros Luis Felipe Céspedes, Claudio Soto y Kevin Cowan, de $15.367.512 a $17.582.253. Este incremento, que contrasta con el alza de apenas 3% registrada entre 2020 y 2025, representa el mayor reajuste en una década. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: la “austeridad” y el “orden fiscal” son siempre para los de abajo; para los de arriba, siempre hay presupuesto.

Por Equipo El Despertar

antiago de Chile. La mañana del miércoles 2 de septiembre, diversos medios de comunicación dieron cuenta de una noticia que, en cualquier otro contexto, habría pasado inadvertida: el gobierno de José Antonio Kast había autorizado un reajuste del 14,4% en las remuneraciones de los consejeros del Banco Central. La presidenta Rosanna Costa pasará a ganar $21.098.704 brutos mensuales, una cifra que multiplica por más de 40 veces el salario mínimo y que la convierte en una de las autoridades mejor pagadas del Estado.

El mecanismo utilizado para justificar el incremento es, como siempre, una coartada técnica. La Ley Orgánica Constitucional del Banco Central establece que las remuneraciones de los consejeros deben ser propuestas por una comisión integrada por tres exautoridades del instituto emisor, quienes deben basarse en las rentas vigentes para los cargos ejecutivos más altos en la banca privada. La comisión, integrada por los economistas Manuel Marfán, Sebastián Claro y Pablo García, presentó su propuesta el 23 de febrero, y el Presidente de la República, por medio de un decreto del Ministerio de Hacienda, la oficializó.

Pero la aparente “neutralidad técnica” de este mecanismo oculta una verdad de clase: el Estado chileno, incluso en sus instituciones más “autónomas”, está diseñado para garantizar que las élites económicas reciban compensaciones acordes a su posición en el mercado, mientras los trabajadores son sometidos a un régimen de ajuste y precarización.

La hipocresía de la “austeridad” y el “orden fiscal”

La paradoja de este reajuste alcanza niveles grotescos cuando se contrasta con el discurso oficial del gobierno de Kast. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que anunció un ajuste fiscal de 6.000 millones de dólares, ahora dice necesitar “mantener el atractivo del cargo” para los consejeros del Banco Central.

El contraste es brutal. Entre 2020 y 2025, la remuneración base de los consejeros subió apenas un 3% —desde $9.946.610 a $10.245.008—, mientras la inflación acumulada en ese período bordeó el 36%. Durante prácticamente una década, los sueldos de los consejeros no tuvieron reajustes. Pero en el momento en que la derecha llega al poder, el “cuasicongelamiento” se rompe con un incremento del 14,4%, el mayor en diez años.

La justificación oficial es que se debe “mantener una relación cercana entre los salarios que hay en el sector privado para puestos equivalentes, con los que ganan los consejeros”. Es decir: para atraer a los “economistas de primer nivel”, el Estado debe pagarles lo mismo que el sector privado. La lógica es impecable desde el punto de vista del capital: los mejores cerebros deben estar al servicio del mercado, y el Estado debe competir con el mercado para contratarlos. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple y brutal: ¿por qué la misma lógica no se aplica a los trabajadores de la salud, los profesores, los funcionarios públicos que sostienen el Estado con su trabajo? ¿Por qué la “competencia con el sector privado” es un argumento válido para los consejeros del Banco Central, pero no para los trabajadores de base?

El negocio de la “autonomía” técnica

El aumento de los sueldos del directorio del Banco Central no es un hecho aislado. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno. El Banco Central, aunque formalmente autónomo, es una institución que opera en los márgenes del poder económico. Sus consejeros son, en su mayoría, economistas formados en las universidades de la élite, con vínculos estrechos con el sector financiero. Su función no es proteger a la clase trabajadora, sino garantizar la estabilidad monetaria que el capital necesita para acumular.

La comisión que propuso el reajuste estaba integrada por Manuel Marfán, Sebastián Claro y Pablo García, tres economistas que han ocupado altos cargos en el instituto emisor y que, como toda la élite económica chilena, defienden los intereses del capital. Su propuesta no fue una recomendación técnica neutral; fue un acto de clase.

El propio Banco Central ha señalado que la fijación de estos montos “no es discrecional”. Pero la “no discrecionalidad” es la coartada perfecta para una decisión que, en los hechos, beneficia a los de arriba. La ley exige que las remuneraciones se basen en las rentas del sector privado, pero el sector privado no fija sus rentas en función de las necesidades del Estado; las fija en función de la acumulación de capital. Al vincular los sueldos de los consejeros a los del sector privado, el Estado se subordina a la lógica del mercado, y la “autonomía” técnica se convierte en una herramienta de dominación de clase.

La función de clase del reajuste

Desde una perspectiva marxista, el reajuste del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central no es una medida técnica, sino un acto de clase. Es la confirmación de que el Estado chileno, incluso en sus instituciones más “autónomas”, está diseñado para servir a los intereses del capital. La misma lógica que permite a los consejeros del Banco Central recibir un aumento de 14,4% es la que permite a las grandes empresas recibir rebajas tributarias millonarias, mientras los trabajadores son sometidos a recortes, ajustes y precarización.

La hipocresía del discurso oficial es monumental. La misma administración que se llena la boca con discursos de “austeridad” y “orden fiscal”, que exige sacrificios a los trabajadores y recorta la salud y la educación, no tiene problemas en autorizar un aumento del 14,4% para los consejeros del Banco Central. La “austeridad” es siempre para los de abajo; para los de arriba, siempre hay presupuesto.

Mientras los trabajadores de la salud ven recortados sus presupuestos, mientras los profesores enfrentan la precarización de sus condiciones laborales, mientras los estudiantes pierden la gratuidad, los consejeros del Banco Central ven aumentar sus sueldos en un 14,4%. El mensaje es claro: el Estado chileno no es un ente al servicio del bien común, sino un mecanismo de dominación que la clase dominante utiliza para proteger sus intereses y los de sus allegados.

Epílogo: la “austeridad” de los patrones

El reajuste de los sueldos del directorio del Banco Central es la prueba más contundente de que la “austeridad” que pregona el gobierno de Kast no es una política económica, sino una herramienta de dominación de clase. La misma administración que exige sacrificios a los trabajadores, que recorta la salud y la educación, que impulsa una reforma constitucional para restringir derechos fundamentales, no tiene problemas en autorizar un aumento del 14,4% para los consejeros del Banco Central.

La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “austeridad”. La verdadera lucha no es contra los sueldos de los consejeros del Banco Central, sino contra un sistema que blinda a los de arriba y criminaliza a los de abajo. Mientras el gobierno de Kast sigue predicando la “mano dura” para los pobres, la élite económica sigue haciendo su agosto con el saqueo de los recursos públicos. El reajuste de los sueldos del Banco Central no es el fin de la historia; es apenas el comienzo de una nueva ofensiva de clase.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *