Jue. Sep 10th, 2026

La hipoteca del sueño: el plan “Casa Propia” de Kast entrega el negocio de la vivienda a los bancos y deja a los trabajadores con la deuda

Sep 9, 2026
Foto El Desconcierto

La reforma al mercado de capitales que el Presidente José Antonio Kast presentó este miércoles desde Cerro Castillo promete convertir a Chile en un “país de propietarios” mediante la creación de un Fondo Nacional de Vivienda (Fonavi) que comprará créditos hipotecarios a la banca por hasta US$ 15.000 millones. Sin embargo, la letra chica de la iniciativa revela su verdadera función de clase: el Estado inyectará recursos millonarios para liberar capacidad de endeudamiento de los bancos y mejorar sus condiciones de liquidez, mientras los trabajadores siguen enfrentando el mismo problema estructural: el precio de la vivienda sigue siendo inalcanzable, el pie sigue siendo la principal barrera de entrada y la deuda hipotecaria se prolonga por décadas. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora dice querer “facilitar el acceso a la vivienda propia” con un fondo que, en los hechos, es un salvataje a la banca.


Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La mañana del miércoles 9 de septiembre, el Presidente José Antonio Kast, acompañado por cinco ministros, presentó desde el Palacio Presidencial de Cerro Castillo la esperada reforma al mercado de capitales, bautizada como “Casa Propia”. La iniciativa, que contempla alrededor de 30 medidas agrupadas en cinco ejes, tiene como “punta de lanza” la creación de un Fondo Nacional de Vivienda (Fonavi), administrado por BancoEstado, que comprará créditos hipotecarios originados por la banca. Según las estimaciones del Ejecutivo, el fondo permitiría financiar alrededor de 150 mil viviendas nuevas o usadas en los próximos años, con créditos “a 30 años, con 10% de pie” y tasas “mucho más competitivas”.

En su discurso, Kast fue enfático: “Necesitamos un Chile de propietarios, más que un Chile de arrendatarios”. El mandatario sostuvo que “detrás de cada llave, hay años de trabajo, de ahorro, de sacrificio y de renuncias”, y que la reforma busca que “cada familia chilena tenga un lugar donde pueda construir su hogar”. Pero detrás de la retórica del “sueño de la casa propia” se esconde una operación financiera que beneficia a los mismos de siempre.

El negocio de la vivienda: el fondo estatal como salvataje a la banca

El mecanismo del Fonavi es revelador: la banca seguirá originando y otorgando créditos hipotecarios, pero el fondo saldrá a comprarle esa cartera, liberando capacidad de endeudamiento a los bancos y generando espacio para mejorar las condiciones de nuevos préstamos. Los bancos, eso sí, seguirán administrando la cartera de créditos, que ahora contaría además con garantía estatal. En otras palabras: el Estado inyecta recursos públicos para que los bancos puedan prestar más, pero la deuda sigue siendo de los trabajadores, y los bancos siguen cobrando comisiones por administrar los créditos.

El capital autorizado del fondo alcanza hasta US1.500millones, aunque partiría con una capitalización inicial de US1.500 millones; a eso se suma una autorización de endeudamiento de hasta diez veces su capital, lo que en la práctica le permitiría al fondo comprometer recursos por hasta US15.000 millones. El costo fiscal del paquete se estima en US15.000 millones. El costo fiscal del paquete se estima en US 100 millones anuales una vez en régimen. La pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple y brutal: ¿por qué el Estado chileno, que no tiene recursos para financiar la salud, la educación y la vivienda social, sí tiene US$ 15.000 millones para comprarle créditos a la banca?

La hipocresía del “menos pie, menos carga”

La reforma también contempla que el Estado aporte tres puntos porcentuales para completar el pie de 10% de la primera vivienda. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, aseguró que la iniciativa permitirá reducir las tasas de interés del 4% al 3% y facilitar el acceso a viviendas de hasta 6.000 UF. La ley que amplía el subsidio a la tasa hipotecaria —promulgada el 26 de agosto— ya había sumado 30 mil nuevos cupos al beneficio, elevando de 50 mil a 80 mil el total disponible, y ampliando el valor máximo de las viviendas de 4.000 a 6.000 UF. Según la Cámara Chilena de la Construcción, el nuevo límite de 6.000 UF permite abarcar el 88,1% de la oferta de viviendas nuevas actualmente disponible en el país.

Pero la letra chica revela que la deuda sigue siendo el corazón del negocio. El subsidio a la tasa de interés reduce el dividendo mensual, pero no ataca el problema de fondo: el precio de la vivienda sigue siendo inalcanzable para la mayoría de los trabajadores. El pie de 10% sigue siendo una barrera infranqueable para quienes no tienen ahorros. Y el plazo de 30 años significa que los trabajadores pasarán toda su vida productiva pagando una deuda que, en los hechos, es un mecanismo de transferencia de riqueza desde los salarios hacia el capital financiero.

La lógica de clase del “sueño de la casa propia”

Desde una perspectiva marxista, la reforma “Casa Propia” no es un mecanismo para facilitar el acceso a la vivienda, sino un dispositivo para profundizar la financiarización de la economía chilena. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora dice querer “facilitar el acceso a la vivienda” con un fondo que, en los hechos, es un salvataje a la banca.

La hipocresía del discurso oficial es monumental. Kast ha reconocido que el objetivo de la reforma es “menos pie, menos carga financiera para la familia, tasas de interés más bajas y más plazo para la deuda hipotecaria”. Pero el “menos pie” se financia con recursos públicos que podrían destinarse a vivienda social. El “menos carga” se logra alargando el plazo de la deuda, lo que significa que los trabajadores pagarán intereses durante más años. La “casa propia” que promete el gobierno no es un derecho, sino una mercancía que se adquiere a través del endeudamiento a largo plazo.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, explicó que la reforma responde a la necesidad de “ampliar el ecosistema financiero del país después de años de sequía”. La “sequía” a la que se refiere Quiroz no es la falta de vivienda para los trabajadores, sino la falta de liquidez en el mercado financiero. La reforma no está diseñada para los que no tienen casa; está diseñada para los bancos que necesitan recuperar su capacidad de préstamo. Los US$ 15.000 millones que el fondo podrá movilizar no irán a construir viviendas sociales; irán a comprar créditos hipotecarios, es decir, a transferir recursos públicos al sector financiero privado.

El subsidio a la clase media y el abandono de los de abajo

El gobierno ha presentado la reforma como una medida para la “clase media”. Pero la ampliación del tope de 4.000 a 6.000 UF beneficia a quienes ya tienen capacidad de ahorro y acceso al crédito, no a las familias en situación de vulnerabilidad. Mientras el gobierno reduce los subsidios del Fondo Solidario de Vivienda (DS49) en un 62% para 2026 —de 13.420 a solo 5.000 subsidios—, destina US$ 15.000 millones a comprar créditos hipotecarios de la banca. La lógica es brutal: los de abajo, que no tienen acceso al crédito, son abandonados; los de arriba, que pueden pagar un pie del 10%, reciben el apoyo del Estado para seguir endeudándose.

El ministro de Vivienda, Iván Poduje, había advertido en febrero que el gobierno anterior recortó en 20 mil los subsidios del DS49. Pero el gobierno de Kast no ha revertido ese recorte; lo ha profundizado. En mayo, el gobierno redujo los subsidios DS49 para comités anunciados en febrero a solo 5.000 para todo 2026. La “casa propia” que promete Kast no es para los que no tienen casa; es para los que ya tienen capacidad de endeudarse.

Epílogo: el sueño de los patrones y la deuda de los trabajadores

La reforma “Casa Propia” no es el fin de la crisis habitacional; es su continuación por otros medios. El fondo de US$ 15.000 millones no construirá una sola vivienda; comprará deudas. Los trabajadores seguirán pagando créditos hipotecarios durante 30 años, mientras los bancos recuperan su liquidez y el Estado asume el riesgo. La casa propia, que Kast presenta como un “sueño legítimo”, se convierte en una pesadilla de décadas de endeudamiento.

El ministro Quiroz ha asegurado que la reforma permitirá créditos “a 30 años, con 10% de pie” y tasas “mucho más competitivas”. Pero los trabajadores saben que el pie de 10% sigue siendo inalcanzable para la mayoría. Saben que el subsidio a la tasa de interés no resuelve el problema del precio de la vivienda. Saben que el fondo de US$ 15.000 millones no es para ellos; es para los bancos.

La clase trabajadora no debe dejarse engañar por la retórica del “sueño de la casa propia”. La verdadera lucha no es por un crédito hipotecario a 30 años; es por una política habitacional que garantice el derecho a la vivienda, no el derecho de los bancos a cobrar intereses. Mientras el gobierno de Kast siga priorizando el salvataje de la banca por sobre la construcción de vivienda social, el “Chile de propietarios” seguirá siendo un espejismo para los de abajo.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *