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El exabrupto de la impotencia: el gobierno de los patrones se estrella contra la Sala Cuna y revela su verdadera prioridad: salvar a los empleadores, no a los niños

Sep 9, 2026
Foto Ministerio del Trabajo

El proyecto de Sala Cuna Universal fue aprobado en el Senado, pero el gobierno de José Antonio Kast sufrió un revés en su corazón: la fórmula de financiamiento, que desviaba recursos del Seguro de Cesantía de los trabajadores hacia un fondo de sala cuna, fue rechazada. La derrota fue tan amarga que el ministro del Trabajo, Tomás Rau, fue captado por un micrófono abierto soltando un exabrupto: “Qué desastre, hueón”. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora se desgañita por una sala cuna que, en los hechos, se financiaba con los ahorros de los propios trabajadores.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La jornada del martes 8 de septiembre en el Senado fue todo menos un triunfo para el gobierno de José Antonio Kast. El proyecto de Sala Cuna Universal, que busca ampliar el derecho a sala cuna para trabajadoras, trabajadores e independientes , fue aprobado en particular y despachado a la Cámara de Diputados . Sin embargo, el Ejecutivo sufrió una derrota en el artículo central que establecía su mecanismo de financiamiento .

La propuesta del gobierno contemplaba una cotización de 0,35% de cargo del empleador, compensada con una reducción equivalente de las cotizaciones destinadas al Seguro de Cesantía . En la práctica, los trabajadores verían disminuidos sus ahorros para enfrentar el desempleo para financiar un derecho que, según la oposición, debía ser garantizado por el Estado y no con cargo a los bolsillos de los trabajadores. La fórmula, defendida por el ministro Rau para “no afectar las contrataciones” , fue rechazada por la oposición, que argumentó que “no corresponde crear un nuevo derecho social debilitando otro” . El artículo requería 26 votos, pero obtuvo solo 25 , en parte porque el senador Sebastián Keitel (Evópoli) no registró formalmente su permiso constitucional .

La impotencia de la “mano dura”

La derrota fue tan resonante que el propio ministro del Trabajo, Tomás Rau, no pudo contener su frustración. Tras la aprobación de una indicación de la oposición que establece a los niños menores de dos años como titulares del derecho a sala cuna, en lugar de radicarlo en la persona trabajadora , Rau hizo reserva de constitucionalidad . Al terminar su intervención, su micrófono quedó abierto y se le escuchó decir: “Qué desastre, hueón” . El ministro calificó el hecho como un “exabrupto desafortunado” , pero la frase quedó registrada como la confesión de una administración que ve cómo su agenda choca con la realidad.

El episodio revela la contradicción central del gobierno de los patrones: quiere presentarse como el campeón de los derechos de los trabajadores, pero su única propuesta de financiamiento es desviar recursos que ya pertenecen a los trabajadores. La oposición, encabezada por la senadora Yasna Provoste (DC), fue clara: “El Senado no rechazó financiar la sala cuna; rechazó financiarla sacando recursos del Seguro de Cesantía” .

La hipocresía del “progreso”

La paradoja es brutal. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora se lamenta por no poder financiar una sala cuna con los ahorros de los trabajadores. El ministro Rau intentó desdramatizar el revés argumentando que se aprobaron “casi 27” de los 30 artículos , pero la derrota en el financiamiento es el núcleo de la iniciativa.

El senador Rojo Edwards (IND-RN), quien votó con la oposición, explicó que la “única forma de asegurar la libertad de elección” es que el titular del derecho sea quien lo recibe . La frase es una confesión de clase: para la derecha, la “libertad” es la del mercado, no la de los trabajadores. La Sala Cuna Universal, tal como la concibe el gobierno de Kast, no es un derecho garantizado por el Estado, sino un beneficio que se financia con los ahorros de los propios trabajadores, mientras los empleadores no asumen ningún costo adicional.

La función de clase del debate

Desde una perspectiva marxista, el revés del gobierno en el financiamiento de la Sala Cuna Universal no es una derrota técnica, sino la expresión de la lógica de clase que guía al Estado chileno. La propuesta del gobierno de Kast no buscaba garantizar el derecho al cuidado infantil, sino transferir el costo del cuidado desde el capital hacia los trabajadores. Al desviar recursos del Seguro de Cesantía, el gobierno pretendía que los propios trabajadores financiaran un derecho que debiera ser responsabilidad del Estado y de los empleadores.

La senadora Provoste lo resumió con claridad: “El diseño original vinculaba expresamente la cotización de 0,35% con una rebaja de 0,20 puntos en las cuentas individuales y de 0,15 puntos en el fondo solidario” . Es decir: los trabajadores verían reducidos sus ahorros para enfrentar el desempleo para financiar la sala cuna. El gobierno de Kast, que se llena la boca con discursos de “protección social”, en los hechos propone un sistema que debilita un derecho para crear otro.

El rechazo de la oposición no fue un acto de obstrucción, sino una defensa de los intereses de la clase trabajadora. La CUT ha sido categórica: el proyecto se financia “con los ahorros de las propias trabajadoras y trabajadores”. La derrota del gobierno en el Senado es una victoria de la conciencia de clase: los trabajadores no están dispuestos a que se les quite de un bolsillo lo que se les da en el otro.

Epílogo: el “qué desastre” de los patrones

El exabrupto del ministro Rau es la confesión de una clase que ve cómo sus planes se desmoronan. La Sala Cuna Universal, que debía ser el triunfo legislativo del gobierno, se ha convertido en un símbolo de su hipocresía. La misma administración que regala 4.000 millones de dólares a las grandes empresas, que aumenta los sueldos de los consejeros del Banco Central y que recorta la salud y la educación, ahora no tiene recursos para financiar un derecho básico sin descontarlos de los bolsillos de los trabajadores.

El ministro Rau dijo que prefiere “ver las flores” antes que “la maleza” . Pero los trabajadores ven la maleza: ven que el gobierno de Kast no está dispuesto a financiar la sala cuna con recursos del Estado, sino con los ahorros de quienes ya no llegan a fin de mes. Ven que la “mano dura” es para los de abajo, y la “flexibilidad” es para los de arriba. El “qué desastre” del ministro Rau no es un exabrupto aislado; es el grito de una clase que ve cómo su proyecto se desmorona frente a la resistencia de los trabajadores.

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