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El ajuste que no cesa: el Banco Central entierra el 1% y la economía de los patrones se desploma bajo el peso de su propia receta

Sep 9, 2026
Foto Radio Universidad de Chile

La economía chilena se encamina a su peor desempeño desde la pandemia. El Banco Central recortó este miércoles su proyección de crecimiento para 2026 a un magro 0,25%-0,75%, muy por debajo del 1%-1,75% que aún proyectaba en junio. La inversión caerá 0,3%, el consumo se debilitará y el desempleo ya escaló al 9,5%. La misma administración que encontró tiempo y recursos para regalar 4.000 millones de dólares a las grandes empresas mediante la megareforma tributaria, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora cosecha los frutos de su propia política: una economía estancada, una inversión paralizada y una clase trabajadora que paga el costo de un modelo que prioriza la acumulación del capital por sobre el bienestar de las mayorías.


Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. La noticia que el Banco Central entregó este miércoles en su Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre es un golpe directo a la ficción del “gobierno de la eficiencia”. El instituto emisor recortó drásticamente sus perspectivas de crecimiento para el Producto Interno Bruto (PIB) de 2026, pasando de un rango de 1,0%-1,75% estimado en junio a apenas 0,25%-0,75%. La corrección a la baja, la segunda en menos de tres meses, confirma que la economía chilena no solo no repunta, sino que se hunde en un mar de contradicciones que el propio gobierno ha contribuido a generar.

La economía que se desangra: los números de la debacle

El diagnóstico del Banco Central es lapidario. El ente rector señaló que “la economía local se ha debilitado en el transcurso del año”. Durante el primer trimestre, el desempeño de la actividad fue afectado principalmente por factores de oferta. Sin embargo, a partir del segundo trimestre, se hizo presente una debilidad de la demanda, un deterioro del mercado laboral, un debilitamiento de los indicadores de confianza y los efectos negativos del alza de los combustibles en el ingreso de empresas y hogares.

La magnitud de la caída es brutal. La demanda interna, que el Banco Central proyectaba en junio con un crecimiento de 2,2%, fue revisada a la baja a apenas 1,1%. La inversión, que debía crecer 2,2%, ahora caerá 0,3%. El consumo privado, que sostenía la economía con un alza de 1,8%, apenas alcanzará un 1,5%. El Imacec de julio, el peor dato en tres años, cayó un 1,5% anual. La producción de bienes se desplomó 3,2%. El desempleo, por su parte, escaló al 9,5%, según consignó el propio IPoM.

El hueco de la megareforma: el regalo a los ricos que nadie pidió

El gobierno de José Antonio Kast ha intentado presentar su megareforma tributaria como una solución a la crisis. Pero los hechos demuestran lo contrario. La rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, el corazón de la iniciativa, no ha generado la inversión prometida. Al contrario, la inversión cae, la confianza se deteriora y la economía se estanca. La clasificadora de riesgo Fitch Ratings ya había advertido en agosto que la megarreforma aún no elevará el crecimiento potencial de Chile. Y las proyecciones del Banco Central confirman que el “impulso” que el gobierno esperaba de su reforma no llegará hasta 2027, y solo si la ley se implementa de manera efectiva.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, había anunciado en junio que la meta de crecimiento del 4% no se alcanzaría durante esta década. Pero la magnitud del ajuste —de 1,75% a 0,75% en apenas tres meses— es una confesión de que el modelo que la derecha chilena ha impuesto no funciona. La misma administración que encontró tiempo y recursos para aprobar una megareforma que transfiere 4.000 millones de dólares anuales a las grandes empresas, que recortó la gratuidad universitaria y desfinanció la salud pública, que autorizó un aumento del 14,4% en los sueldos de los consejeros del Banco Central, ahora cosecha una economía que se desangra.

La clase trabajadora paga la factura

Las cifras del Banco Central no son números fríos. Son la vida de los trabajadores chilenos. La caída de la inversión significa menos empleos. El debilitamiento del consumo significa que las familias ya no pueden llegar a fin de mes. El deterioro del mercado laboral significa que el desempleo seguirá subiendo. El 9,5% de desocupación que ya registra el país es la prueba de que el “gobierno de la emergencia” no ha resuelto la crisis del empleo.

La senadora Daniella Cicardini (PS) fue categórica al referirse al informe del Banco Central: “Sin duda da cuenta de que son malas noticias para Chile”. La parlamentaria planteó la necesidad de tener presente que “no todo es factor externo, hay ciertas decisiones que ha tomado el gobierno del Presidente Kast que han generado también consecuencias”. Cicardini recordó los sucesivos “bencinazos” que han golpeado a los trabajadores y cuestionó el discurso irresponsable del gobierno cuando habla de un “Estado quebrado”.

La hipocresía del “impulso” de la Ley de Reconstrucción

El Banco Central ha proyectado que la Ley de Reconstrucción “proveería un mayor impulso a la actividad, principalmente a través de la inversión” a partir de 2027. Según el instituto emisor, el PIB crecería entre 2% y 3% en 2027 y entre 2,25% y 3,25% en 2028. Pero estas proyecciones dependen de que la ley se implemente, de que los factores de oferta se disipen y de que no haya nuevas disrupciones climáticas.

La pregunta que la clase trabajadora debe formularse es simple y brutal: ¿por qué el gobierno de Kast no invirtió en estimular la economía cuando aún había margen, en lugar de regalar 4.000 millones de dólares a las grandes empresas? ¿Por qué la “Ley de Reconstrucción” es la única esperanza de reactivación, mientras la salud, la educación y la vivienda de los trabajadores siguen siendo recortadas? La respuesta es evidente: para la derecha chilena, la prioridad no es el bienestar de los trabajadores, sino la acumulación del capital. La “reconstrucción” que promete el gobierno no es la de los empleos perdidos ni la de los salarios que no alcanzan; es la reconstrucción de las ganancias de los grupos económicos.

Epílogo: la economía de los patrones y el abandono de los de abajo

El recorte de las proyecciones de crecimiento del Banco Central no es el fin de la crisis, sino su nueva fase. El gobierno de Kast ha demostrado que su única respuesta a la crisis es más de lo mismo: más rebajas de impuestos para los ricos, más ajuste fiscal, más recortes para los trabajadores. La clase trabajadora no debe dejarse engañar por el discurso de la “reactivación” ni por las promesas de la “Ley de Reconstrucción”. La economía no se reactiva regalando el Estado al capital; se reactiva con inversión pública, con redistribución de la riqueza, con un modelo que ponga las necesidades de las mayorías por encima de las ganancias de las minorías.

Mientras el gobierno de Kast celebra sus megareformas y los consejeros del Banco Central reciben sus aumentos, los trabajadores siguen esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. La economía de los patrones no es el fin de la historia; es el recordatorio de que la lucha de clases sigue siendo la única clave para entender el Chile del 2026. Mientras el capital siga acumulando, los de abajo seguirán pagando la cuenta.

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