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La reconquista de la soberanía popular: la vía burkinabe desacredita el neocolonialismo y enfrenta el cerco imperialista

Sep 24, 2026
Foto El Pais

Bajo el horizonte del legado de Thomas Sankara y la consolidación de la Alianza de Estados del Sahel (AES), Burkina Faso reorienta su economía hacia la autogestión campesina y la industrialización nacional, desmantelando la tutela francesa mientras desafía la guerra asimétrica financiada por el capital transnacional.

Por Equipo El Despertar

El proceso de transformación política y social que atraviesa Burkina Faso bajo la administración del Capitán Ibrahim Traoré continúa consolidando un viraje histórico de carácter antiimperialista. Frente al relato construido por la prensa corporativa internacional —empeñada en categorizar el proceso como una simple “inestabilidad militar” o una “ruptura del orden democrático liberal”—, un análisis analítico y materialista revela que el país está librando una batalla decisiva por romper con las cadenas del neocolonialismo económico y la dependencia. La expulsión de las fuerzas de ocupación francesas, la ruptura con el franco CFA y el impulso decisivo a la Alianza de Estados del Sahel (AES) junto a Mali y Níger no constituyen meros gestos diplomáticos; representan la liquidación progresiva de la arquitectura de expolio que despojó a la nación de su plusvalor y sus bienes comunes durante décadas.

Los avances económicos y sociales registrados en el último periodo evidencian una reorientación estratégica hacia la soberanía nacional y la satisfacción de las necesidades de las masas populares. A través del fortalecimiento de la producción agroecológica campesina, la nacionalización y regulación de yacimientos mineros clave como el oro, la industrialización local de insumos agrícolas y la reactivación de empresas estatales emblemáticas, el gobierno burkinabe ha comenzado a revertir la lógica del modelo agroexportador extractivo impuesto desde el exterior. El traspaso de tierras a pequeños productores, la garantía de cuotas para campesinas y el impulso a compras públicas centralizadas para abastecer escuelas y comedores demuestran que el desarrollo real no proviene de los préstamos condicionados del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, sino del trabajo acumulado y la soberanía sobre los recursos propios.

Sin embargo, este proceso de liberación no transcurre en el vacío; enfrenta la contraofensiva desembozada de las potencias dominantes. Como enseña la historia de los procesos anticoloniales, el capital transnacional no tolera la pérdida de su “patio trasero” ni el mal ejemplo de un pueblo autodeterminado. El recrudecimiento del terrorismo de bandas armadas en la región del Sahel —utilizado históricamente como un vector de desestabilización e injerencia—, sumado al bloqueo financiero, las sanciones de los organismos satélites regionales y la constante amenaza de sabotaje por inteligencia extranjera, constituyen la respuesta deliberada del imperialismo para asfixiar la revolución. En palabras del propio líder revolucionario Thomas Sankara, cuyo legado reaparece en la práctica política actual: “Es necesario que el pueblo tome conciencia de que el imperialismo no se combate únicamente con discursos, sino mediante la construcción de una economía independiente y popular”.

La viabilidad histórica de la transformación en Burkina Faso depende en última instancia de la profundización del poder popular y de la alianza estratégica con las clases trabajadoras del continente africano y del Sur Global. Mientras los medios del capital intentan aislar el proceso tildándolo de “autoritarismo”, la articulación entre la dirección política, las masas campesinas organizadas y los sindicatos consolida la única garantía real contra la reconquista neocolonial. La lucha del pueblo burkinabe demuestra que la verdadera independencia no se negocia en los despachos diplomáticos de las metrópolis, sino que se conquista mediante la ruptura con la hegemonía imperialista y la construcción de un proyecto socioeconómico verdaderamente soberano.

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