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Diplomacia, tratados de paz y treguas en tiempos de conflicto imperialista.

Sep 30, 2026

En el marco del materialismo histórico, el Estado no es un árbitro imparcial, sino el “órgano de dominación de clase” (Lenin, El Estado y la revolución). Su política exterior —la diplomacia— constituye la proyección externa de los intereses de la clase dominante hegemonizada en su formación social.

Por Daniel Jadue

Desde la perspectiva del materialismo histórico, la diplomacia, los tratados de paz y las treguas no son expresiones abstractas de “razón universal”, “paz social” o “derecho internacional neutral”. Tampoco representan una interrupción de la política ni un triunfo del altruismo moral sobre la violencia.

Por el contrario, el marxismo entiende la diplomacia y sus instrumentos legales como la continuación de la política de clase y de la competencia de capitales por otros medios, en estricta consonancia con las necesidades del ciclo de acumulación y la correlación de fuerzas entre bloques de capital nacional y transnacional.

1. La diplomacia como superestructura e instrumento de clase

En el marco del materialismo histórico, el Estado no es un árbitro imparcial, sino el “órgano de dominación de clase” (Lenin, El Estado y la revolución). Su política exterior —la diplomacia— constituye la proyección externa de los intereses de la clase dominante hegemonizada en su formación social.

  • Función ideológica: La diplomacia burguesa viste los intereses materiales del capital nacional (acceso a recursos, mercados, rutas comerciales y áreas de inversión de capital) con el lenguaje universalista del “derecho internacional”, la “defensa de la democracia”, la “paz mundial” o la “estabilidad regional”.
  • Función práctica: La labor diplomática consiste en gestionar la competencia interburguesa a escala internacional, negociando las condiciones de explotación de la periferia y canalizando disputas sin recurrir a la destrucción bélica permanente, la cual destruye las propias fuerzas productivas y paraliza la circulación mercantil.

2. Los tratados de paz: El registro jurídico de la correlación de fuerzas

Los tratados de paz no borran las causas de la guerra; únicamente fijan en el plano jurídico el resultado temporal de la confrontación militar y económica.

Como explicaba Vladimir Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916):

“Las alianzas ‘pacíficas’ preparan las guerras y, a su vez, surgen de las guerras, condicionándose recíprocamente y engendrando una alternancia de formas de lucha pacífica y no pacífica sobre una misma base de relaciones imperialistas y de interconexiones de la economía mundial y de la política mundial.”

Desde esta premisa, todo tratado de paz imperialista cumple tres funciones económico-políticas centrales:

  1. Institucionalizar el reparto del plusvalor global: Reorganiza las zonas de influencia, las concesiones de infraestructura, los derechos de extracción de materias primas y las condiciones de servidumbre financiera (deudas e indemnizaciones).
  2. Cristalizar la correlación de fuerzas: Refleja la capacidad bélica e industrial de las potencias al momento de la firma. Dado que el desarrollo del capitalismo es desequilibrado por definición, la correlación de fuerzas económica y militar cambia inevitablemente con el tiempo, haciendo que todo tratado de paz sea intrínsecamente inestable y caduco.
  3. Sembrar las bases del siguiente conflicto: Al imponer condiciones de espoliación sobre los países vencidos o las naciones periféricas, el tratado de paz engendra las contradicciones que alimentarán futuras guerras de redivisión territorial y comercial.

3. Las treguas: Pausas tácticas en la valorización y reorganización del capital

Las treguas y los ceses al fuego temporales son pausas operativas dentro de la dinámica de guerra total o regional. Lejos de constituir el fin de las hostilidades, responden a imperativos tácticos de la economía de guerra y de la geopolítica de clase:

  • Gestión de los costes de producción de la guerra: La guerra moderna destruye una cantidad colosal de trabajo muerto (maquinaria, infraestructura) y trabajo vivo (fuerza de trabajo). Una tregua permite a los Estados y corporaciones militar-industriales reponer inventarios, reorganizar la logística y estabilizar los presupuestos públicos sin agotar las finanzas estatales.
  • Estabilización temporal de mercados clave: En conflictos que amenazan cadenas globales de suministro (como el transporte de hidrocarburos, alimentos o minerales estratégicos), una tregua otorga al capital financiero e industrial el margen necesario para absorber volatilidad, estabilizar precios de futuros y reorganizar rutas de suministro alternativas.
  • Desactivación de la contradicción interna: La prolongación indefinida de la guerra eleva el riesgo de insurrección o malestar social en el frente interno. Las burguesías recurren a treguas para amortiguar el descontento de la clase trabajadora, fragmentar a la oposición y presentar al Estado como un actor “responsable” y “comprometido con la paz”.

4. La vigencia del axioma Clausewitziano-Marxista

El materialismo histórico asimila y profundiza el axioma de Carl von Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Rosa Luxemburgo, en La acumulación del capital (1913), demostró que la diplomacia imperialista y el militarismo son dos caras de la misma necesidad estructural del capital de expandirse hacia ámbitos no capitalistas para realizar la plusvalía. La diplomacia prepara el terreno para la penetración económica o militar; la guerra remueve los obstáculos estructurales; y la tregua/tratado de paz codifica legalmente la nueva posición de dominio.

FaseForma ExternaContenido de Clase
Diplomacia previaNegociación, tratados bilaterales, sancionesPresión económica y delimitación de áreas de penetración de capital.
Guerra AbiertaHostilidad militar, destrucción físicaApertura forzada de mercados, destrucción de capital excedente y despojo territorial.
Tregua / Tratado de pazCese al fuego, conferencias internacionalesLegalización del despojo, reorganización del comercio y preparación de la siguiente fase de acumulación.

Conclusión

Para el materialismo histórico, la consigna burguesa de “paz duradera” bajo el capitalismo es una ilusión ideológica. Mientras los medios de producción y el poder estatal continúen concentrados en manos de la burguesía, la diplomacia y sus tratados no serán más que la administración regulada de la violencia estructural y la reorganización de las condiciones para la explotación del trabajo a escala planeta. La superación de la guerra imperialista no vendrá del perfeccionamiento del derecho internacional ni de la buena voluntad diplomática, sino de la abolición del modo de producción capitalista.

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