Sáb. Jun 20th, 2026

La hora de la verdad: Colombia elige entre la herencia de Petro y la mano de hierro del “Tigre” trumpista

Jun 20, 2026
Foto Interferencia

Más de 41 millones de colombianos están convocados este domingo a las urnas para definir al sucesor de Gustavo Petro, en una segunda vuelta que no solo enfrenta a dos modelos de país, sino que se ha convertido en el campo de batalla de una disputa geopolítica entre el proyecto de paz y justicia social de Iván Cepeda y la ofensiva neoliberal y represiva que encarna Abelardo de la Espriella, respaldado abiertamente por el presidente estadounidense Donald Trump. La jornada electoral, que se extenderá desde las 8:00 hasta las 16:00, se desarrolla en un clima de extrema polarización, con denuncias de injerencia extranjera y un 6% de votantes indecisos que podrían inclinar la balanza en un resultado ajustado.

Por Equipo El Despertar

Bogotá. Los colombianos vuelven a las urnas este 21 de junio, tres semanas después de una primera vuelta que dejó un escenario inédito: el triunfo de un “outsider” sin trayectoria política, Abelardo de la Espriella, con el 43,73% de los sufragios, frente al 40,91% del senador oficialista Iván Cepeda. La distancia de apenas 660.000 votos, sumada a más de 17 millones de abstencionistas, convierte esta segunda vuelta en una de las más inciertas de la historia reciente del país.

Dos proyectos de país en pugna

La contienda enfrenta dos modelos diametralmente opuestos. Por un lado, Iván Cepeda, filósofo y defensor de derechos humanos, hijo de militantes comunistas asesinados por el paramilitarismo, representa la continuidad del proyecto del Pacto Histórico: profundizar las reformas sociales, mantener el compromiso con los acuerdos de paz, fortalecer los servicios públicos y defender una economía con protagonismo estatal. Su campaña ha buscado moderar el tono, tejiendo alianzas con la excandidata Claudia López y descartando la aspiración de reformar la Constitución.

Frente a él, Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario que ha vivido fuera del país en los últimos años, encarna el giro conservador más radical. Autodenominado “El Tigre”, promete “mano de hierro” contra la delincuencia, con mega cárceles al estilo Bukele, expulsión de inmigrantes y un fuerte ajuste del gasto público. Su referente ideológico no es otro que la tríada Trump-Milei-Bukele, y su discurso se ha centrado en la “seguridad total” y el libre mercado.

La sombra del imperio sobre las urnas

El respaldo de Donald Trump a De la Espriella ha sido explícito y reiterado. El mandatario estadounidense lo ha calificado como un “Líder Inteligente, Fuerte y Duro” y le ha ofrecido “el apoyo completo y total” de Estados Unidos, asegurando que si el ultraderechista se hace con la presidencia, contará con “la fuerza total de Estados Unidos”. Una declaración que, como denunció el presidente Petro, constituye una “injerencia directa” en la soberanía electoral colombiana.

La reacción no se ha hecho esperar. Un grupo de 20 congresistas demócratas estadounidenses, encabezados por Jim McGovern, ha calificado la intervención de Trump como “un insulto a la soberanía e integridad” de Colombia y ha exigido respetar el proceso democrático. “El futuro de Colombia debe ser decidido únicamente por el pueblo colombiano, no por políticos estadounidenses que intentan inclinar la balanza”, afirmó McGovern.

El propio candidato Cepeda ha denunciado el carácter intervencionista del apoyo de Trump, mientras que el gobierno colombiano ha recibido respaldo de europarlamentarios que también han condenado la injerencia de Washington.

La función de clase del balotaje

Desde una perspectiva marxista, la segunda vuelta colombiana no es un mero ejercicio democrático entre dos opciones legítimas. Es la expresión nítida de la lucha de clases en un país donde el conflicto armado, el narcotráfico y la desigualdad estructural son producto del mismo sistema de dominación. De la Espriella no es un “outsider” accidental: es el rostro de una burguesía que necesita desmantelar las conquistas sociales de Petro, abrir la economía al capital transnacional y disciplinar a la fuerza de trabajo con la violencia institucionalizada. Su programa de ajuste fiscal y recortes sociales no es otra cosa que la misma receta de hambre que la derecha ha aplicado en toda América Latina bajo la tutela del FMI y la Casa Blanca.

Cepeda, por su parte, no representa una ruptura revolucionaria, pero encarna la posibilidad de defender los límites del reformismo en un contexto de ofensiva neoliberal. Su compromiso con los acuerdos de paz y su trayectoria como defensor de derechos humanos lo convierten en un blanco del lawfare y la persecución política que la ultraderecha ha ensayado en la región.

La polarización extrema, las denuncias de fraude lanzadas por Petro y la desconfianza en el sistema electoral son el caldo de cultivo de una crisis de legitimidad que el propio sistema burgués no puede resolver. Mientras tanto, los 17 millones de abstencionistas de la primera vuelta no son “apáticos”: son la expresión de una clase trabajadora que ha visto cómo las promesas de cambio se estrellan contra los muros del poder económico.

Epílogo: la batalla continúa

Este domingo, Colombia decidirá su rumbo para los próximos cuatro años. Pero más allá del resultado, la clase trabajadora colombiana ya ha ganado una lección: el imperialismo no se detiene ante las fronteras, y la democracia burguesa es un campo de batalla donde los intereses del capital se imponen con el voto o con la fuerza. La victoria de Cepeda sería un respiro, un espacio para seguir resistiendo. La de De la Espriella, una ofensiva abierta contra los derechos conquistados. Pero en ambos casos, la lucha por una sociedad sin explotación ni opresión sigue siendo la única salida.

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