Jue. Jul 2nd, 2026

El diagnóstico que condena al paciente: Kast admite la “enfermedad económica” mientras receta el veneno del ajuste

Jul 2, 2026
El País

El presidente de extrema derecha José Antonio Kast reconoció este miércoles que Chile padece una “enfermedad económica”, luego de que el Banco Central confirmara cinco meses consecutivos de caída de la actividad y el desempleo escalara al 9,4%, su nivel más alto en cinco años. El mandatario admitió que el país “se dio cuenta tarde” de la crisis, pero lejos de atacar sus causas estructurales, su gobierno insiste en aplicar la misma receta del capital: más rebajas de impuestos para los grandes empresarios, más flexibilización laboral y más ajuste fiscal. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de un gobierno que diagnostica la enfermedad pero se niega a recetar el único remedio posible: redistribuir la riqueza, fortalecer el Estado y poner la economía al servicio de las necesidades del pueblo.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El miércoles 1 de julio, el presidente José Kast recibió dos golpes consecutivos mientras se encontraba en Paraguay para la cumbre del Mercosur. El martes, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) había informado que la tasa de desempleo nacional alcanzó el 9,4% en el trimestre marzo-mayo, su cifra más alta en cinco años. Las mujeres son las más golpeadas, con un 10,5% de desocupación, mientras que el desempleo juvenil se disparó al 24,1%. Al día siguiente, el Banco Central confirmó que el Imacec de mayo cayó un 0,9% interanual, sumando cinco meses consecutivos de contracción y acercando a Chile a una recesión técnica.

“Chile hoy pasa por un momento complejo. Hemos visto cifras que prenden más de una luz de alerta”, declaró el mandatario. Y fue más allá: “Nos olvidamos de que íbamos ascendiendo y progresando y nos dimos cuenta tarde de que teníamos una enfermedad económica que afecta la calidad de vida de nuestros compatriotas”. La metáfora médica no es casual: Kast intenta instalar la narrativa de que el país padece un mal que él, como médico de cabecera, debe curar. Pero su diagnóstico y su receta revelan la verdadera naturaleza de clase de su gobierno.

La receta del capital: más flexibilidad, más impunidad, más precariedad

El biministro de Economía, Daniel Mas, fue explícito al señalar el “único camino para volver a crecer y generar empleo”: la aprobación de la megarreforma económica del gobierno. El corazón del proyecto es la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, la invariabilidad tributaria para grandes inversiones y la flexibilización de los derechos laborales.

El propio presidente ha sido claro: su plan de reactivación pasa por más “apertura” y menos regulación. Pero la historia económica enseña que las rebajas de impuestos a las grandes empresas no generan empleo ni inversión productiva; simplemente engordan las utilidades de los grupos económicos, que ya acumulan ganancias récord mientras la clase trabajadora se hunde en la precariedad. El desempleo femenino y juvenil, que golpea con especial fuerza a los sectores populares, no se resolverá con más flexibilidad laboral, sino con políticas de empleo público, inversión en infraestructura social y fortalecimiento de la industria nacional.

La herencia que no quieren reconocer

El ministro Mas atribuyó el complejo escenario, una vez más, al gobierno anterior, afirmando que “recibimos una economía estancada y golpeada desde la segunda mitad del año pasado”. Pero las cifras contradicen esta narrativa. El Banco Central ha reducido progresivamente sus proyecciones de crecimiento para 2026, pasando del rango de 2%-3% en diciembre de 2025 al actual 1%-1,75%. La caída de la actividad no es un fenómeno heredado, sino el resultado de una combinación de factores: el ajuste fiscal de US$3.800 millones anunciado por el gobierno en marzo, que ha frenado el gasto público y la inversión estatal; la incertidumbre generada por la megarreforma, que ha paralizado la inversión privada; y la persistencia de un modelo extractivista que hace a la economía chilena dependiente de las oscilaciones del precio del cobre.

La contradicción de la “mano dura” económica

La paradoja es brutal: Kast llegó al poder prometiendo “mano dura” y “orden”, pero su gestión económica ha profundizado la crisis que dice combatir. Su receta de ajuste fiscal, rebajas de impuestos y flexibilización laboral no es una solución, sino la profundización de las causas estructurales de la crisis: la concentración de la riqueza, la debilidad del Estado y la dependencia del capital extranjero.

El Banco Central ya ha advertido que el principal riesgo es “un estrechamiento abrupto de las condiciones financieras globales, con la deuda pública en 42,6% del PIB y vulnerabilidades crecientes en el frente fiscal y corporativo”. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defiende un escenario de crecimiento del 2% para 2026, pero el mercado ya lo ha rebajado al 1,5%. El académico Gonzalo Martner ha cuestionado la meta de crecimiento del 4% planteada por Kast, señalando que las propias proyecciones del Ministerio de Hacienda muestran que incluso bajo escenarios optimistas, la economía crecería solo un 3,1% hacia 2029.

Epílogo: la enfermedad que no quieren curar

La “enfermedad económica” que Kast dice querer curar no es un virus externo ni una fatalidad inevitable. Es el resultado de un modelo que ha entregado los recursos del país al capital transnacional, que ha desmantelado la industria nacional y que ha precarizado el trabajo para aumentar las ganancias de unos pocos. La receta del gobierno —más rebajas de impuestos, más flexibilidad laboral y más ajuste— no es el remedio, sino el veneno que perpetúa la enfermedad.

La clase trabajadora chilena debe entender que la salida de la crisis no vendrá de la mano de los que la provocaron. No será Kast ni sus ministros quienes resuelvan el desempleo y la precariedad. La única salida posible es la organización popular, la defensa de los derechos laborales, la recuperación de los recursos naturales y la construcción de un Estado que ponga la economía al servicio de las necesidades de las mayorías, no de las ganancias de las minorías. Mientras el gobierno de Kast insista en su receta de ajuste, la enfermedad seguirá avanzando. Y los que pagarán el costo serán, una vez más, los de abajo.

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