Sáb. Ago 22nd, 2026

El martillo de la guerra: Irán duplica su producción de armas bajo el fuego imperial mientras el complejo militar-industrial global celebra

Ago 22, 2026
Foto Resumen Latinoamericano

Mientras Donald Trump bombardea plantas eléctricas y amenaza con “devolver a Irán a la Edad de Piedra”, la industria de defensa iraní ha duplicado su producción anual de armas, equipos y municiones, y ha triplicado la fabricación de productos estratégicos durante los 40 días de guerra más intensa. Lo que el Pentágono no logró con sus misiles de “Tercera Guerra Mundial”, la Resistencia lo ha consolidado con una movilización industrial que demuestra la falacia del poderío imperial. Mientras Washington se desangra en sus propias contradicciones y agota sus arsenales, la clase trabajadora del mundo paga el costo de una guerra que no pidió: inflación, desempleo y más recursos para la industria de la muerte, que en ambos bandos sigue engordando sus ganancias.**

Por Equipo El Despertar

Teherán. La guerra que Washington y Tel Aviv desataron el 28 de febrero con el asesinato del ayatolá Alí Jamenei no ha logrado su objetivo de “aniquilar” el potencial militar de Irán. Por el contrario, ha desencadenado una movilización industrial sin precedentes que ha convertido a la República Islámica en una máquina de guerra capaz de reponer sus arsenales a un ritmo que supera el de su propio despliegue.

El general de brigada Reza Talaei-Nik, portavoz del Ministerio de Defensa iraní, fue categórico este 21 de agosto: la producción anual de defensa se duplicó entre julio de 2025 y julio de 2026, y la fabricación de algunos productos estratégicos y necesidades militares se triplicó durante la guerra de 40 días. El régimen de los ayatolás ha logrado lo que el Pentágono considera imposible: producir armas y combatir al mismo tiempo, en un “modo de producción sincrónico” que ha convertido a su industria de defensa en “el pilar del sistema de defensa de las Fuerzas Armadas iraníes”.

El imperio contra las cuerdas: la guerra como acelerador industrial

Los datos son elocuentes. Mientras Estados Unidos ha disparado más de 1.000 misiles en el conflicto y ha agotado sus reservas de armas a “niveles preocupantes”, desviando suministros de Asia y Europa, Irán ha mantenido sus líneas de producción activas sin interrupción. El general Abolfazl Shekarchi, portavoz principal de las Fuerzas Armadas iraníes, destacó que la producción de misiles estratégicos “nunca se detuvo” durante la guerra, y que los equipos recién producidos se incorporaban directamente al ciclo operativo, sustituyendo las reservas consumidas.

El general de brigada Mohammad Akraminia, portavoz del ejército iraní, fue aún más explícito: “Hemos hecho el máximo uso de la oportunidad del memorando de entendimiento y de cada momento del alto el fuego” para reparar sistemas dañados, fabricar nuevos equipos e incorporar tecnología de vanguardia. La producción de drones, según el ministro de Defensa interino, ha alcanzado el triple de los niveles previos a la guerra.

La hipocresía del discurso imperialista es monumental. Trump, que prometió “golpearlos muy fuerte” y que “la República Islámica de Irán no existirá más”, se ha visto forzado a declarar una “guerra económica” tras el fracaso de su ofensiva militar. Pero la economía de guerra de Irán no se ha debilitado; se ha fortalecido. Como advirtió el general de brigada Talaei-Nik, “el único camino para resistir la hegemonía es volverse más fuerte y más poderoso”.

La contradicción de clase: el negocio de la guerra en ambos bandos

Desde una perspectiva marxista, lo que está ocurriendo en Irán no es un “milagro” de la Resistencia, sino la confirmación de la lógica de clase que gobierna el capitalismo global: la guerra es el acelerador de la industria, y la industria de la muerte no conoce fronteras ideológicas. Mientras Irán duplica su producción de armas, Estados Unidos también ha invocado leyes para aumentar la suya. Ambos bandos alimentan el mismo ciclo: más armas, más guerra, más ganancias para los fabricantes de misiles y drones.

La clase trabajadora, tanto en Irán como en Estados Unidos, paga el costo de esta carrera armamentista. En Irán, los bombardeos han destruido escuelas, hospitales e infraestructura civil, y el gobierno destina recursos cada vez mayores a la industria militar mientras la población enfrenta la escasez de alimentos y medicinas. En Estados Unidos, el presupuesto de defensa se dispara mientras se recortan programas de salud pública, vivienda y educación. Los mismos trabajadores que financian con sus impuestos la maquinaria de guerra son los que sufren la inflación y el desempleo que la guerra genera.

El portavoz del IRGC, Hossein Mohebbi, reveló que la producción de misiles aumentó durante el alto el fuego y que la precisión mejoró utilizando el conocimiento adquirido en combate. La guerra, lejos de debilitar a Irán, ha perfeccionado su maquinaria de muerte. La lección es brutal: el imperialismo no puede ganar una guerra de desgaste contra un país que ha aprendido a fabricar sus propias armas, a esconder sus fábricas en complejos subterráneos y a mantener la producción mientras los misiles caen.

Epílogo: la deuda del sistema con los de abajo

El anuncio del general Talaei-Nik de que Irán planea aumentar su producción de defensa entre tres y cinco veces es una advertencia para el imperio, pero también una condena para la clase trabajadora. Cada misil que sale de las fábricas iraníes es un hospital que no se construye, una escuela que no se repara, un salario que no se paga. Cada drone que se fabrica es un niño que no come, una familia que no tiene techo, un trabajador que no tiene empleo.

Mientras Washington y Teherán se enfrentan en el estrecho de Ormuz y en las mesas de negociación, el complejo militar-industrial de ambos países celebra sus ganancias récord. Los fabricantes de armas estadounidenses ven cómo sus acciones se disparan con cada nuevo paquete de ayuda militar. Los generales iraníes consolidan su poder político con cada misil que producen. Y los trabajadores, en ambos lados del conflicto, siguen pagando la cuenta.

La guerra que comenzó el 28 de febrero no ha terminado. El ultimátum de Trump, la tregua violada y las amenazas de una “guerra económica” total son la confirmación de que el imperialismo no se rinde, pero tampoco puede ganar. La Resistencia iraní ha demostrado que un pueblo que se niega a ser sometido puede convertir la guerra en su propia fábrica de dignidad. Pero esa dignidad tiene un costo: el mismo que siempre pagan los de abajo. Mientras los misiles sigan volando, la clase trabajadora seguirá sangrando. Y la industria de la muerte, como siempre, seguirá celebrando.

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