Mar. Sep 1st, 2026

El rey de los trolls en el palacio de los patrones: el caso Cerimedo desnuda la podredumbre de la democracia burguesa

Ago 31, 2026
Foto Radio Universidad de Chile

La detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, el “rey de los trolls”, ha destapado una trama de manipulación digital que conecta a los operadores de la ultraderecha latinoamericana con el corazón del gobierno de José Antonio Kast. Las revelaciones de su expareja, Nadia Beller —quien sobrevivió a un intento de sicariato presuntamente orquestado por el propio Cerimedo—, y el hallazgo de una “granja de bots” en sus propiedades, han encendido todas las alarmas sobre el uso de la desinformación, las cuentas falsas y las noticias falsas como herramientas para influir en procesos electorales y construir mayorías artificiales. Mientras el gobierno niega cualquier vínculo y el Presidente admite conocerlo pero descarta haber trabajado con él, la oposición ha presentado denuncias penales y busca crear una comisión investigadora para destapar el financiamiento y la coordinación de estas operaciones digitales. La clase trabajadora asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: la “democracia” que celebran los de arriba no es más que una farsa donde la voluntad popular puede ser moldeada por algoritmos, bots y dinero sucio, mientras los de abajo siguen pagando el costo de un sistema que los excluye y los manipula.**

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile. El nombre de Fernando Cerimedo era, hasta hace unos días, un eco lejano en la política chilena. Estratega digital de Javier Milei, operador de la ultraderecha latinoamericana, fundador de la agencia de marketing político Numen y del portal “La Derecha Diario” . Pero su reciente detención en Bolivia —imputado por intento de feminicidio contra su expareja, la abogada Nadia Beller— ha abierto una caja de Pandora que amenaza con salpicar al corazón del gobierno de José Antonio Kast.

Durante los allanamientos, las autoridades encontraron el equivalente a US$50 mil en distintas monedas y una presunta “granja de bots” destinada a generar miles de mensajes mediante cuentas creadas artificialmente. La pregunta que hoy recorre los pasillos del Congreso y las redacciones de los medios es simple y brutal: ¿quién trajo a Chile al “rey de los trolls”, quién pagó por sus servicios y hasta dónde llega su red en La Moneda?

El modus operandi de la manipulación de clase

Lo que Beller ha revelado en los últimos días es la confirmación de un mecanismo de dominación que la clase dominante ha perfeccionado en la era digital. Cerimedo, según su expareja, se jactaba de haber participado en la campaña presidencial de “K” —el apodo con el que se refería a Kast— e incluso de haber contribuido a su llegada a La Moneda. “Estoy segurísima de que él trabajó con el equipo de ‘K’, porque fue otra de las cosas de las que él se llenaba la boca: de que había hecho un nuevo presidente”, sostuvo Beller.

El modus operandi de Cerimedo era la creación de “realidad artificial”. A través de miles de perfiles cuidadosamente creados, el argentino creaba noticias falsas, se ensañaba con los candidatos rivales y ensalzaba a sus clientes, hasta crear corrientes de opinión que intervenían la agenda . Cuando una noticia ya estaba instalada en redes, los medios de prensa del mismo sector la tomaban y convertían en noticia. La operativa era simple, pero con un impacto político profundo.

El ejemplo más claro de esta estrategia fue la campaña contra Evelyn Matthei durante la primera vuelta presidencial de 2025. Personas vinculadas al Partido Republicano orquestaron una “campaña asquerosa” para instalar que Matthei estaba presentando problemas de salud mental, utilizando la edición de videos, difusión de noticias falsas y un batallón de bots. Matthei, que denunció la estrategia en su momento, fue tajante esta semana: “No le creí nada y sigo no creyéndole nada”.

La “Casa Común” de los patrones y los nombres que no quieren ser nombrados

Los hilos de la trama se tejen en 2020, en pleno proceso constitucional. Un comando de empresarios con sede en Vitacura —la “Casa Común” — contrató a Cerimedo para realizar una serie de encuestas de dudosa metodología a través de redes sociales, consideradas no solo “truchas” sino derechamente como “operaciones políticas”. Una de ellas, realizada por su empresa Numen, proyectaba un 42,3% para el Apruebo, cuando este terminó arrasando con un 78%. La justificación de Cerimedo fue tan cínica como reveladora: “analizamos y proyectamos los datos con voto obligatorio, 100% de asistencia de votantes”, obviando que el voto era voluntario.

Lo que El Mostrador y otros medios han revelado es que tres de los principales colaboradores de José Antonio Kast compartieron labores con Cerimedo en esa misma “Casa Común”: Alejandro Irarrázaval, actual jefe de asesores del Segundo Piso de La Moneda; Felipe “Yeti” Costabal, actual jefe de la Secretaría de Comunicaciones (Secom); e Ignacio Dülger, colaborador del mismo círculo que renunció hace dos semanas. Fuentes internas de aquella campaña señalan que “lo más probable” es que el propio Costabal haya sido el eslabón directo que llevó a Cerimedo a Chile.

La hipocresía del discurso oficial es monumental. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, afirmó que “el Gobierno de Chile no tiene ninguna vinculación con esa persona”. El Presidente Kast admitió que conoce a Cerimedo, pero descartó tajantemente haber trabajado con él: “En ninguna de mis campañas he trabajado con este señor”. Sin embargo, la expareja de Cerimedo lo contradice, y las evidencias de sus posteos a favor de Kast durante al menos cuatro años son públicas y verificables.

La función de clase de la “guerra de bots”

Desde una perspectiva marxista, el caso Cerimedo no es una anécdota de corrupción individual, sino la expresión de la lógica de clase que gobierna el capitalismo digital. La ultraderecha latinoamericana, que se presenta como defensora del “libre mercado” y la “libertad de expresión”, no duda en utilizar la manipulación algorítmica, las granjas de bots y las encuestas truchas para imponer su agenda. La desinformación no es un accidente, sino una herramienta de dominación: un pueblo desinformado es un pueblo que no puede organizarse.

El propio Cerimedo reconoció en 2020 que Numen entró en contacto con empresarios chilenos que financiaban la campaña del Rechazo . Es decir, el capital —los mismos grupos económicos que hoy celebran la megareforma de Kast— financió al operador de la ultraderecha para garantizar el triunfo de una opción que blindaba sus intereses. La “Casa Común” no era un comité de ciudadanos preocupados; era el brazo político del capital, dispuesto a pagar por la manipulación de la voluntad popular.

La presencia de Irarrázaval, Costabal y Dülger en ese mismo espacio no es una coincidencia. Es la confirmación de que el gobierno de Kast no es una anomalía en la política chilena, sino la culminación de un proyecto de clase que utiliza todas las herramientas a su alcance —la represión, el ajuste fiscal, la desinformación y los bots— para consolidar el poder de los de arriba. Como ha señalado el investigador Bruno Rojas, “lo ocurrido constituye un riesgo para la democracia, y omitir su tratamiento equivaldría a permitir que estas redes de manipulación política sigan operando sin control ni consecuencias” [8†L24-L26].

Epílogo: la crisis de la democracia representativa

El caso Cerimedo es la prueba más contundente de que la democracia representativa, en el Chile de los patrones, es una farsa. La voluntad popular no se expresa en las urnas; se moldea en las “granjas de bots”, se compra con dinero sucio y se manipula con noticias falsas. La clase dominante no necesita ganar elecciones limpiamente; necesita controlar la narrativa, instalar el miedo y construir mayorías artificiales que legitimen su poder.

El diputado José Montalva, que busca crear una comisión investigadora, ha sido claro: “Las granjas de bots y este ecosistema de manipulación digital pueden intoxicar nuestros procesos democráticos”. Pero la pregunta que la clase trabajadora debe formularse es más profunda: ¿qué democracia es esa que puede ser intoxicada por un puñado de algoritmos? ¿Qué soberanía popular es esa que puede ser doblegada por un operador que se jacta de “crear realidad artificial”?

Mientras los diputados discuten y los oficios se acumulan, la clase trabajadora sigue esperando que sus salarios alcancen para llegar a fin de mes. El “rey de los trolls” ha sido detenido en Bolivia, pero su legado sigue operando en los despachos de La Moneda. La pregunta no es si el gobierno de Kast tiene algo que ocultar, sino cuánto tiempo podrá seguir ocultándolo. La lucha por la transparencia no es una lucha técnica; es una lucha de clase. Porque cuando los de arriba manipulan la verdad, los de abajo son los únicos que pueden exigir que la realidad sea devuelta a su lugar.

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