Lun. Oct 12th, 2026

La subsunción del intelecto por el capital: La Inteligencia Artificial y el nuevo ciclo de precarización de la fuerza de trabajo

Oct 12, 2026

Bajo la máscara de la «eficiencia tecnológica» y la modernización del mercado laboral, la automatización algorítmica opera como un dispositivo de desvalorización del trabajo vivo para restaurar las tasas de ganancia de los oligopolios de la economía digital.

Por Equipo El Despertar

El acelerado despliegue de la Inteligencia Artificial en los procesos productivos y de servicios ha desencadenado una campaña propagandística sin precedentes por parte de las consultoras corporativas y los voceros del gran capital. La narrativa hegemónica insiste en presentar a la IA como un fenómeno neutro e inexorable que «liberará al ser humano de tareas rutinarias» o impulsará una «transición hacia empleos de alto valor agregado», reduciendo la destrucción masiva de puestos de trabajo a un simple desajuste técnico de reordenamiento profesional. Esta lectura fetichizada oculta la naturaleza real de la tecnología bajo el modo de producción capitalista: un medio para intensificar la explotación y disputar el valor creado por la fuerza de trabajo.

Desde la perspectiva del materialismo histórico, el fenómeno que presenciamos no es más que la profundización de lo que Karl Marx denominó en el Fragmento sobre las máquinas la subsunción del «intelecto general» (General Intellect) bajo el dominio del capital. La acumulación de conocimientos, habilidades y capacidades cognitivas desarrolladas históricamente por la clase trabajadora es expropiada, sistematizada y codificada en modelos de lenguaje e inteligencias artificiales que pasan a ser propiedad privada de un reducido puñado de transnacionales tecnológicas. El trabajo vivo no es reemplazado para emancipar al trabajador, sino para transformarlo en una mercancía prescindible o fácilmente sustituible, presionando a la baja los salarios reales.

En sus recientes pronunciamientos, sindicatos del sector tecnológico, la comunicación y los servicios han comenzado a denunciar el verdadero rostro de esta reestructuración, advirtiendo que «la implementación de la IA no busca mejorar las condiciones de trabajo ni reducir la jornada laboral, sino imponer ritmos de producción asfixiantes, disciplinar a la plantilla mediante la vigilancia algorítmica y justificar despidos masivos bajo el pretexto de la reconversión digital». Esta afirmación transparente la contradicción fundamental: mientras la tecnología incrementa exponencialmente la productividad del trabajo, las ganancias derivadas de dicha eficiencia no se traducen en más tiempo libre o mejores condiciones para la mayoría social, sino en la hiperconcentración de rentas en favor de los accionistas de la Big Tech.

Lejos de conducir a una sociedad del ocio o del conocimiento democratizado, la utilización capitalista de la Inteligencia Artificial amplía el ejército industrial de reserva y precariza aún más la reproducción de la vida obrera mediante el desempleo y el trabajo de plataforma desregulada. El desafío estratégico para el movimiento sindical y la clase trabajadora internacional no radica en una oposición luddita a la tecnología, sino en la lucha política por arrebatarle al capital el control de los medios de producción digitales, exigiendo la reducción de la jornada de trabajo sin reducción salarial y la socialización de los beneficios del progreso científico al servicio de las necesidades humanas.

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