Lun. Oct 19th, 2026

La geografía de la rabia obrera: la ola global de protestas contra el ajuste neoliberal expone la crisis de legitimidad del capital transnacional

Oct 19, 2026
People attend protest against Tunisian President Kais Saied's seizure of governing power and declaration of putting a new constitution to public referendum, in Tunis, Tunisia, December 17, 2021. REUTERS/Zoubeir Souissi

Desde Europa Central hasta el Norte de África y América Latina, la juventud y la clase trabajadora ganan las calles contra las políticas del FMI y los recortes de la austeridad, desmantelando la narrativa de la “estabilidad democrática” e identificando al capital como el enemigo común.

Por Equipo El Despertar

Una nueva oleada de rebelión popular sacude simultáneamente diversos rincones del globo, configurando un mapa de resistencia que trasciende las fronteras nacionales. En las calles de Francia, el Norte de África con Túnez a la cabeza, y diversos países de América Latina, miles de estudiantes, trabajadores e informales han paralizado las principales metrópolis para impugnar el encarecimiento de la vida y el desmantelamiento programático de los servicios públicos. Frente a este fenómeno internacional, las cadenas corporativas de noticias y los laboratorios de opinión hegemónicos han desplegado su libreto habitual: encuadrar la protesta social como un catálogo de “disturbios aislados”, “anomia juvenil” o “focos de inestabilidad política”. Sin embargo, el análisis materialista de la coyuntura demuestra que no se trata de estallidos inconexos, sino de la respuesta dialéctica e inevitable de las masas explotadas frente al agotamiento del modelo de acumulación neoliberal y sus programas de ajuste estructural.

En el corazón de la Europa metropolitana, las movilizaciones masivas en Francia —lideradas por la convergencia entre huelgas docentes, sindicatos de base y tomas estudiantiles— han puesto en jaque la agenda del gobierno imperialista, que pretende financiar el rearme militar y el rescate corporativo mediante el recorte del gasto social y la represión a la juventud. Simultáneamente, en Túnez, el deterioro del poder adquisitivo y el ahogo financiero dictado por los paquetes de austeridad del Fondo Monetario Internacional (FMI) han desatado huelgas generales y protestas territoriales que cuestionan la subordinación de la soberanía nacional a los acreedores de la deuda externa. La coincidencia de estas luchas deja al descubierto la naturaleza global del capital: las recetas de miseria aplicadas por la burguesía no conocen fronteras y buscan trasladar el costo de la crisis del sistema directamente sobre las espaldas de los asalariados.

América Latina no permanece ajena a esta dinámica de confrontación de clase. En diversos países de la región, la resistencia popular contra el extractivismo, las privatizaciones de la salud y la educación, y la precarización del empleo formal refleja la vigencia del ciclo de impugnación iniciado en los últimos años. Las comunidades despojadas y la clase trabajadora latinoamericana enfrentan una avanzada que busca reconfigurar los territorios como meras plataformas de exportación de plusvalía y materias primas para el mercado central. Como han denunciado voceros de las centrales sindicales de clase y organizaciones territoriales en el marco de estas jornadas internacionales: “Las medidas de hambre que firma el FMI en Washington o los recortes que aprueban los parlamentos en Europa y Latinoamérica responden a una misma necesidad del gran capital: bajar nuestros salarios para salvar sus tasas de ganancia. Por eso, la respuesta obrera no puede ser otra que la huelga y la calle”.

La respuesta unificada de las élites dominantes ante la emergencia de la protesta popular ha sido el fortalecimiento del brazo represivo del Estado burgués. Ya sea mediante la militarización de los liceos en París, las detenciones arbitrarias en Túnez o el despliegue de leyes de excepción en la región sudamericana, el poder político utiliza la fuerza pública para garantizar el “orden del mercado” e infundir temor en los sectores movilizados. No obstante, la persistencia de las manifestaciones y la creciente articulación entre la clase obrera y los movimientos territoriales marcan un punto de quiebre. Esta geografía de la resistencia ratifica que la paz social es una ilusión del liberalismo y que la conquista de una vida digna para las mayorías solo vendrá de la organización autónoma, el internacionalismo proletario y la superación definitiva del régimen capitalista.

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