El Partido Comunista de Austria (KPÖ) arrasó este domingo en las elecciones municipales de Graz, la segunda ciudad más importante del país, con un contundente 35,6% de los votos, siete puntos más que en 2021. La alcaldesa Elke Kahr, de 64 años, revalidó su mandato y amplió la bancada comunista de 15 a 18 escaños en el parlamento local, venciendo en 12 de los 17 distritos de la ciudad. Mientras la ultraderecha del FPÖ avanza en las encuestas nacionales y amenaza con tomar el poder en Viena, Graz se mantiene como el mayor bastión comunista de la Unión Europea, un ejemplo vivo de que la política de la gente y la gestión al servicio de las mayorías pueden frenar el ascenso del fascismo. La clase trabajadora austríaca y europea asiste a una lección de resistencia: cuando la izquierda gobierna para los de abajo, el pueblo responde en las urnas.
Por Equipo El Despertar
Graz, Austria. El domingo 28 de junio, la segunda ciudad más grande de Austria, la capital de Estiria, volvió a teñirse de rojo. El Partido Comunista de Austria (KPÖ), liderado por la alcaldesa Elke Kahr, obtuvo un histórico 35,6% de los votos en las elecciones municipales, mejorando en siete puntos el resultado de 2021 y consolidándose como la primera fuerza política local. La victoria, lejos de ser un hecho aislado, confirma una tendencia que lleva más de dos décadas consolidándose en esta ciudad de aproximadamente 350.000 habitantes.
El conservador Partido Popular Austríaco (ÖVP), que gobernó Graz durante 18 años ininterrumpidos hasta que los comunistas lo desalojaron del poder en 2021, quedó en segundo lugar con un 25,6% de los apoyos. Los Verdes, que han sido socios de coalición del KPÖ, obtuvieron un 14,8%, mientras que el ultranacionalista FPÖ se hundió al cuarto lugar con apenas un 12%. El Partido Socialdemócrata (SPÖ), que alguna vez fue la gran fuerza de la izquierda austríaca, se desplomó a su mínimo histórico del 5,6%.
El secreto del éxito comunista: política con nombre y apellido
El éxito del KPÖ en Graz no es fruto de la casualidad ni del carisma personal de su líder. Es el resultado de una política municipal basada en la gestión concreta de las necesidades de la clase trabajadora. La alcaldesa Kahr atribuyó su victoria a que escucha las preocupaciones de los habitantes y está “ahí para todos”. Pero los hechos hablan más fuerte que las palabras.
El sello distintivo de la gestión comunista ha sido la vivienda asequible, la infraestructura urbana y la participación ciudadana. Los mandatarios comunistas donan una gran parte de sus dietas a fondos sociales para ayudar a personas en situación de necesidad. Las tarifas municipales se congelaron y se incentivó el transporte público. En materia de salud, mientras el gobierno regional de Estiria —dominado por la ultraderecha— cierra hospitales y reduce médicos, Graz mantiene sus siete centros municipales de salud y ha implementado un servicio de atención domiciliaria activo las 24 horas.
La victoria fue especialmente arrolladora en los distritos populares de la ciudad. En Gries, el KPÖ alcanzó el 49% de los votos; en Jakomini, el 45,3%; y en Lend, el 43,2%. En estos barrios obreros, donde la crisis habitacional golpea con más fuerza, la política comunista de vivienda asequible y servicios públicos de calidad ha encontrado su principal base de apoyo.
Un bastión contra la marea negra
El triunfo del KPÖ en Graz adquiere una relevancia política que trasciende las fronteras de la ciudad. Austria atraviesa un momento de profunda crisis política. Las elecciones parlamentarias de 2024 fueron ganadas por los ultranacionalistas del FPÖ, que obtuvieron el 28,8% de los votos pero no lograron formar gobierno. A nivel nacional, el FPÖ lidera todas las encuestas de opinión. En este contexto, Graz se erige como una trinchera de resistencia contra el avance de la ultraderecha.
El contraste es brutal. Mientras el FPÖ domina el discurso nacional con su agenda xenófoba y autoritaria, la ciudad de Graz, bajo gobierno comunista, ha demostrado que existe una alternativa viable. Como señaló el presidente del Partido de la Izquierda Europea, Walter Baier: “El renovado crecimiento del voto del KPÖ en la segunda ciudad más grande de Austria demuestra que el ascenso de la derecha radical puede ser detenido. Prueba que la política honesta, que pone los intereses de la gente en el centro, es exitosa”.
Las contradicciones de un partido sin representación nacional
La paradoja es notable. A pesar de su dominio en Graz y de su creciente presencia en ciudades como Salzburgo —donde quedaron segundos en 2024 y ocupan una vicealcaldía—, el KPÖ sigue siendo un partido marginal en la política nacional austríaca. En las elecciones parlamentarias de 2024, obtuvo apenas un 2,4% de los votos y ningún escaño. La cláusula de barrera del 4% lo mantiene fuera del parlamento federal, a pesar de haber casi duplicado sus votos.
Esta contradicción refleja la naturaleza profundamente centralizada del sistema político austríaco y la dificultad de que las experiencias locales exitosas se traduzcan en poder a nivel nacional. Sin embargo, la victoria en Graz envía un mensaje político de enorme calado: cuando la izquierda gobierna con coherencia, cuando pone los intereses de la mayoría por encima de los de las élites, el pueblo responde.
La lección de Graz para la clase trabajadora europea
Desde una perspectiva marxista, el triunfo del KPÖ en Graz no es un hecho aislado ni una anécdota pintoresca. Es la demostración de que la política de la gente puede vencer a la política del miedo. En un continente donde la ultraderecha avanza aprovechando el descontento social y la crisis de representación de los partidos tradicionales, Graz ofrece una hoja de ruta alternativa: gobernar para los de abajo, escuchar a la calle y construir políticas públicas que resuelvan los problemas concretos de la clase trabajadora.
La alcaldesa Kahr y su equipo han demostrado que el comunismo no es una reliquia del pasado, sino una herramienta viva y eficaz para transformar la vida de las personas. Han congelado tarifas, garantizado vivienda asequible, fortalecido la salud pública y puesto los recursos municipales al servicio de quienes más los necesitan. Mientras la socialdemocracia se desmorona —el SPÖ alcanzó su peor resultado histórico en Graz—, el comunismo se fortalece.
La lección para la clase trabajadora de toda Europa es clara: la única manera de frenar el avance de la ultraderecha no es adoptando sus discursos ni haciendo concesiones a la agenda neoliberal, sino construyendo alternativas sólidas desde abajo, con políticas concretas que mejoren la vida de las mayorías. Graz es la prueba de que el socialismo, cuando se practica con coherencia, no solo es posible, sino que es electoralmente exitoso.
Mientras el FPÖ amenaza con tomar el poder en Viena, los comunistas de Graz han demostrado que existe otro camino. La trinchera roja en el corazón de Europa sigue en pie. Y desde allí, la clase trabajadora austríaca envía un mensaje que resuena en todo el continente: la resistencia contra el fascismo es posible, y la alternativa existe.
