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El tiro en la nuca del sueño americano: el asesinato de Johan Durán por el ICE desnuda la barbarie del imperio

Jul 14, 2026

Un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos asesinó este lunes a tiros a Johan Sebastián Durán Guerrero, un joven colombiano de 26 años que residía legalmente en el país, trabajaba dos empleos para mantener a su esposa y su hija de tres años, y que no era siquiera el objetivo del operativo migratorio. Mientras la administración Trump intenta justificar el crimen con la versión de que el joven intentó usar su vehículo como arma, testigos presenciales, vídeos y las propias contradicciones de las autoridades estadounidenses desmienten la farsa. El presidente colombiano, Gustavo Petro, calificó el hecho como un “asesinato” y denunció que lo mataron “por creerlo un ser inferior y sin derechos”. La clase trabajadora del mundo asiste a un nuevo capítulo de la misma historia: el imperio que se ufana de la “libertad” y el “sueño americano” no duda en ejecutar sumariamente a un joven migrante que solo buscaba un futuro digno para los suyos, mientras su maquinaria represiva siembra terror y muerte en nombre de la “seguridad”.

Por Equipo El Despertar

Biddeford, Maine. La madrugada del lunes 13 de julio, la tranquilidad de esta pequeña ciudad costera de 22.000 habitantes se vio quebrada por el estruendo de los disparos. Agentes del ICE realizaban labores de vigilancia en una dirección donde creían que residía una persona en situación migratoria irregular con una orden de expulsión. Alrededor de las 07:00 hora local, intentaron detener un vehículo que salía de esa dirección. El conductor era Johan Sebastián Durán Guerrero, un joven colombiano de 26 años, oriundo de Bucaramanga, que había emigrado a Estados Unidos en busca de oportunidades laborales y residía en Biddeford con su esposa y su hija de tres años.

La versión oficial del ICE, emitida a través del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), sostiene que “el vehículo intentó huir del lugar y, por temor por la seguridad pública, un agente disparó su arma”. Sin embargo, las contradicciones de las propias autoridades estadounidenses han comenzado a desmoronar esta narrativa. El senador independiente de Maine, Angus King, declaró que el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, le informó inicialmente que los agentes buscaban ejecutar una orden de arresto contra otra persona, no contra Durán. Horas después, Mullin lo llamó para corregir la información: el joven colombiano no era el objetivo del operativo. El hombre que fue ejecutado sumariamente ni siquiera estaba en la mira de la agencia.

Un trabajador, no un criminal: la vida de Johan Durán

Johan Durán no era un delincuente ni una amenaza para la seguridad pública. Era un trabajador migrante que, según su padre Omar Durán, tenía permiso de trabajo y cumplía con todos los requisitos exigidos por las autoridades migratorias estadounidenses. Trabajaba en una veterinaria durante las mañanas y realizaba entregas a domicilio con su vehículo por las tardes, dos empleos para mantener a su esposa y a su hija de tres años.

“Él tenía mucha visión para salir adelante, muchos sueños por cumplir, una persona muy joven y realmente mi hijo es un hijo maravilloso y no sé por qué le hicieron eso”, declaró su padre en una entrevista con Blu Radio. “Era una persona de bien, una persona criada con valores”.

La Coalición por los Derechos de los Inmigrantes de Maine (MIRC) confirmó que Durán tenía autorización para trabajar en Estados Unidos y número de Seguro Social. “Era un miembro de nuestra comunidad, un vecino y un ser humano cuya vida fue trágicamente truncada”, declaró la organización.

La farsa de la “legítima defensa” y las pruebas que la desmienten

El ICE sostiene que Durán intentó atropellar al agente con su vehículo. Sin embargo, testigos presenciales y vídeos difundidos por medios locales han puesto en seria duda esa versión. Daniel Boucher, un testigo del tiroteo, declaró a la AFP que escuchó disparos antes de ver a agentes del ICE sacar a una persona de un auto blanco con la cabeza y la cara ensangrentadas. “En ese momento escuché claramente a la víctima decir: ‘Intenté detenerme’, algo por el estilo”, afirmó. Las imágenes muestran el automóvil desplazándose sin control tras los disparos, lo que contradice la tesis de un ataque deliberado.

Los agentes involucrados en el tiroteo no portaban cámaras corporales, lo que deja abiertas múltiples preguntas sobre lo ocurrido. El FBI y la Oficina del Inspector General del DHS han iniciado investigaciones, pero la historia enseña que estos procesos rara vez conducen a sanciones para los agentes del imperio.

El grito de Petro: “Lo mataron por creerlo un ser inferior”

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, fue categórico en su condena. En un mensaje en X, calificó el hecho como un “asesinato” y denunció que lo mataron “por creerlo un ser inferior y sin derechos”. “Lo que ha ocurrido en Maine es un asesinato a un colombiano, latinoamericano en manos del Gobierno de los EE.UU.”, sentenció. Petro exigió una acción jurídica “más rápida” del servicio exterior colombiano y pidió al presidente Donald Trump un mensaje para Colombia sobre lo sucedido.

La Embajada de Colombia en Estados Unidos ha solicitado información y aclaraciones al DHS sobre las circunstancias de la muerte. El senador Angus King ha exigido una “investigación completa, transparente y abierta”. La gobernadora de Maine, Janet Mills, dijo estar “horrorizada por esta tragedia”. Pero las palabras de condolencia no devuelven la vida a Johan Durán, ni reparan el daño causado a su esposa e hija.

La barbarie como política de Estado

El asesinato de Johan Durán no es un hecho aislado. Es la segunda vez en una semana que el ICE utiliza fuerza letal contra un migrante, y al menos la novena muerte desde que Trump inició su ofensiva migratoria. Cientos de personas se manifestaron este martes frente a un centro de detención del ICE en Scarborough, Maine, coreando consignas como “Estas personas son asesinos” y portando carteles que decían “No más asesinatos” y “Pongan fin a este terror”.

La administración Trump ha ordenado a ICE suspender temporalmente los controles de tránsito tras la ola de críticas, pero la suspensión no es absoluta y no cambia la naturaleza de un sistema que trata a los migrantes como enemigos, no como seres humanos.

La función de clase del terror migratorio

Desde una perspectiva marxista, el asesinato de Johan Durán no es una anomalía ni un exceso de un agente. Es la expresión más brutal de la lógica de clase que gobierna el imperio estadounidense: un sistema que necesita un ejército de trabajadores migrantes para sostener su economía, pero que los mantiene en un estado de vulnerabilidad y miedo para explotarlos sin piedad y desecharlos cuando se interponen en el camino de la “seguridad”.

El “sueño americano” no es más que una coartada ideológica para ocultar la explotación. Johan Durán trabajaba dos empleos, pagaba sus impuestos, contribuía a la sociedad que lo recibió, y aun así fue ejecutado en la calle como si fuera un animal. La versión del ICE, que cambia de un momento a otro, es la confesión de un poder que no necesita pruebas para matar, solo la certeza de que la víctima es vulnerable, es migrante, es latinoamericano.

La clase trabajadora del mundo debe leer este crimen con otros ojos. No es un hecho aislado ni una mala praxis. Es la lógica del capital: los que construyen el imperio con sus manos son desechados cuando su presencia incomoda. Johan Durán no es el primero ni será el último. Mientras el imperialismo siga necesitando mano de obra barata y manteniendo un régimen de terror contra los migrantes, las ejecuciones sumarias seguirán siendo la norma. La única respuesta posible es la organización internacional de los trabajadores, la solidaridad sin fronteras y la lucha por un mundo donde nadie sea considerado un “ser inferior y sin derechos”.

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