La noche del jueves 23 de julio, el ejército israelí emitió órdenes de evacuación para cuatro áreas de la Franja de Gaza. Acto seguido, bombardeó los mismos lugares a los que había ordenado huir, destruyendo viviendas en los campos de refugiados de Bureij y Jabalia, así como en los barrios de Zeitoun y Tal al-Hawa, en la ciudad de Gaza. El saldo: al menos tres muertos y más de veinte heridos en las últimas 24 horas, según el Ministerio de Salud de Gaza. Pero las cifras de víctimas mortales no son más que la punta del iceberg.
Por Equipo El Despertar
Gaza. La noche del jueves 23 de julio, la Franja de Gaza se convirtió en un infierno de fuego y desplazamiento. El ejército israelí emitió órdenes de evacuación para cuatro zonas distintas, advirtiendo a la población que debía abandonar sus hogares de inmediato. Pero la advertencia no era un gesto humanitario. Era el preludio de una masacre. Tal como denunció el periodista de Al Jazeera Ibrahim al-Khalili: “Lo que es particularmente alarmante es que estas advertencias han sido seguidas por ataques contra las mismas áreas donde se dijo a la gente que huyera”.
El modus operandi es tan cínico como efectivo: se ordena a la población civil que abandone sus viviendas, se genera pánico y caos, y luego se bombardea el lugar donde se les ordenó huir, destruyendo lo poco que les quedaba. Así, el ocupante logra el desplazamiento forzado de miles de familias sin necesidad de una invasión terrestre masiva. La táctica es vieja, pero su ejecución en Gaza ha alcanzado niveles de barbarie difíciles de describir.
Las caras del desastre: campos de refugiados, barrios residenciales y tiendas de campaña
Los blancos de los bombardeos no fueron instalaciones militares. Fueron hogares. El campo de refugiados de Jabalia, en el norte de Gaza, fue uno de los más golpeados. Un edificio de varias plantas fue destruido tras recibir la orden de evacuación, causando grandes explosiones y daños en las tiendas de campaña de los desplazados que se encontraban en las cercanías. En el campo de refugiados de Bureij, en el centro de la Franja, una mezquita parcialmente dañada y una vivienda contigua fueron bombardeadas después de que se ordenara a los residentes del bloque de viviendas que evacuaran. El ataque destruyó ambos edificios y causó graves daños a las casas vecinas.
La Defensa Civil de Gaza reportó un incendio masivo tras el bombardeo de una casa frente al edificio Al-Zaharna, en el centro de la calle Al-Jalaa, al oeste de la ciudad de Gaza. En el campo de refugiados de Maghazi, otro ataque aéreo dañó viviendas y una clínica médica, dejando a más familias sin techo. Un bombardeo israelí con un dron de combate en el oeste del campo de refugiados de Nuseirat alcanzó una tienda de campaña que albergaba a personas desplazadas, matando a un palestino e hiriendo a varios más. Y en el barrio de Zeitoun, al sureste de la ciudad de Gaza, un ataque contra un edificio dejó varios heridos.
El ballet de la muerte: el método detrás de la locura
La secuencia es siempre la misma: una orden de evacuación, un bombardeo y una nueva ola de desplazados. La lógica es tan fría como inhumana: reducir el territorio a escombros para hacerlo inhabitable, forzar a la población a huir hacia el sur, y convertir la Franja de Gaza en una zona de muerte lenta donde cada palmo de tierra es un objetivo militar y cada familia una pieza en el tablero de la ocupación.
Los testimonios de los gazatíes son desgarradores. Familias enteras que huyen en medio de la noche, con sus pocas pertenencias, sin saber a dónde ir. Personas que regresan dos horas después de la evacuación para encontrar sus hogares reducidos a escombros. Un éxodo que ya ha desplazado a casi dos millones de personas, la mayoría de ellas apiñadas en la superpoblada ciudad de Rafah, en el sur, cerca de la frontera con Egipto.
El portavoz de la Defensa Civil de Gaza, Mahmoud Bassal, confirmó que se registraron “grandes operaciones de desplazamiento” en la ciudad de Gaza, el norte y el centro de la Franja, tras las órdenes de evacuación israelíes. “Para las familias aquí, una orden de evacuación significa mucho más que simplemente moverse de un lugar a otro; significa abandonar cualquier refugio que hayan logrado encontrar, a menudo por la noche y en pánico, con muchas personas obligadas a salir a las calles porque simplemente no tienen ningún otro lugar adonde ir”, resumió Al-Khalili.
La farsa del “alto el fuego”: 1.180 muertos desde octubre de 2025
El bombardeo del jueves es solo el último episodio de una escalada que no ha cesado desde que se anunció un “alto el fuego” en octubre de 2025. Según el Ministerio de Salud de Gaza, desde la entrada en vigor del acuerdo, Israel ha matado a 1.180 palestinos y herido a 3.810. En las últimas 24 horas, doce cadáveres y doce heridos han sido ingresados en los hospitales de la Franja. Y la cifra real es sin duda mayor: al menos 10.000 personas permanecen desaparecidas, presumiblemente bajo los escombros de sus hogares.
La tregua, que la administración Trump presentó como un logro histórico, no ha sido más que una tregua para que Israel reorganice su maquinaria de guerra mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado. La segunda fase del acuerdo, que incluía la retirada total israelí, el desarme de Hamás y el inicio de la reconstrucción, sigue estancada.
La complicidad de la comunidad internacional: 1,4 millones de personas en inseguridad alimentaria
Mientras los bombardeos continúan, la comunidad internacional asiste con una mezcla de impotencia y complicidad. La ONU ha denunciado que al menos 57 palestinos murieron entre el 13 y el 20 de julio en bombardeos israelíes que alcanzaron áreas residenciales y tiendas de campaña de desplazados. Pero las condenas no han sido acompañadas de acciones concretas para detener la masacre.
La situación humanitaria es desesperada. Según un análisis de las agencias de la ONU, 1,4 millones de personas (el 67% de la población de Gaza) siguen sufriendo niveles de inseguridad alimentaria “críticos o peores”. El director de preparación y respuesta a emergencias del Programa Mundial de Alimentos, Ross Smith, fue contundente: “Las cosas no están bien en Gaza. Sigue siendo una situación humanitaria crítica y desesperada”.
Epílogo: la resistencia como única respuesta
El bombardeo de Gaza y las órdenes de evacuación no son actos aislados de violencia. Son la continuación de una guerra de exterminio que el Estado sionista ha librado contra el pueblo palestino desde 1948. La destrucción del 90% de la infraestructura de Gaza no es un “daño colateral”; es el objetivo. La evacuación forzada de casi dos millones de personas no es una “medida humanitaria”; es la implementación de una limpieza étnica.
La clase trabajadora del mundo debe leer estos hechos con otros ojos. No se trata de un conflicto religioso o territorial; es la expresión más brutal de la lucha de clases a escala global. El Estado sionista, como brazo armado del imperialismo en Oriente Medio, utiliza la tecnología más avanzada para perpetuar el dominio colonial sobre un pueblo que se niega a ser sometido.
La resistencia palestina, que ha demostrado su capacidad de lucha en cada rincón de Gaza, es la única fuerza que puede poner freno a esta escalada. La solidaridad internacional con el pueblo palestino no es una opción, es una necesidad para detener el avance del fascismo religioso y la ocupación colonial. Mientras el sionismo siga imponiendo su ley de hierro sobre las cenizas de Gaza, la única respuesta posible es la organización, la conciencia de clase y la resistencia internacional.
