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El baile de los misiles: el imperio agita la bandera de la “paz” mientras la sangre de los pueblos tiñe el Golfo y las cenizas de Gaza vuelan hacia el norte

Jul 27, 2026
Foto El País de Uruguay

En las últimas 48 horas, el teatro de la guerra en Asia Occidental ha conocido una nueva vuelta de tuerca. Mientras las élites de Washington y Tel Aviv se preparan para una cumbre en la Casa Blanca, la maquinaria de muerte no cesa un instante. La misma mano que firma memorandos de entendimiento, lanza oleadas de bombas. La misma voz que habla de “paz”, ordena ataques contra plantas nucleares y condena a la población civil a vivir bajo el terror constante. La clase trabajadora del mundo, que carga sobre sus espaldas el peso de esta locura con el precio del petróleo y la inseguridad global, asiste una vez más al espectáculo del capitalismo en su fase imperialista: una guerra que se nutre de las ganancias de los monopolios mientras entierra a los hijos de los proletarios bajo los escombros.


Por Equipo El Despertar

El fantasma de la tregua y la realidad de los bombardeos

La guerra que comenzó el 28 de febrero con un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a instalaciones nucleares iraníes ha entrado en una nueva fase de contradicciones flagrantes. Un alto el fuego mediado por Pakistán en abril, que prometía una paz duradera, no ha sido más que una ilusión. El presidente Trump declaró en las últimas horas el fin de la tregua, retomando los ataques, mientras Irán anunciaba que el estrecho de Ormuz, la arteria energética del mundo, permanece cerrado hasta que cesen las “intervenciones estadounidenses” en la región.

Este lunes, mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se preparaba para reunirse este martes con Trump en la Casa Blanca para “defender la seguridad y el futuro de Israel”, el Pentágono reportó una nueva ronda de ataques. Según Irán, lanzaron ataques con drones contra instalaciones y bases militares de Estados Unidos en todo Oriente Medio, en represalia por la decimotercera noche consecutiva de ataques estadounidenses contra su territorio. Explosiones se reportaron en la costa del Golfo y en el oeste, norte y centro del país, dejando al menos cuatro muertos y cinco heridos.

Mientras las potencias se enfrentan en el Golfo Pérsico, la matanza en Gaza no se detiene. Este lunes, al menos tres palestinos han muerto y otros doce han resultado heridos en los últimos ataques israelíes. El Ministerio de Salud de Gaza reporta que desde el alto el fuego de octubre, ya son 1.203 los muertos y 3.900 los heridos en el enclave. La cifra total de fallecidos desde el inicio de la ofensiva israelí en 2023 asciende ya a 73.329, con 174.009 heridos. Peor aún, se sabe que aún hay cadáveres bajo los escombros, en lugares a los que es imposible acceder. En la última jornada, una incursión con drones dejó a varios palestinos heridos en Jan Yunis y Rafah, y tres pescadores resultaron heridos por fuego israelí cerca del puerto de Gaza.

Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo”. Esta famosa frase del Manifiesto Comunista de Marx y Engels podría parafrasearse hoy para decir: “Un espectro se cierne sobre el mundo: el espectro de la guerra imperialista”. Pero no es un espectro, es una realidad tangible que se alimenta del hambre y la desesperación.

La violencia como método de dominación de clase

La escalada de violencia no es producto del azar ni de la locura de los líderes. Es una respuesta calculada del imperialismo en crisis. Como escribió Lenin, “el imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la que ha cobrado forma la dominación de los monopolios y del capital financiero”. Trump, al declarar que los daños en el estrecho serán pagados con “dinero iraní que Estados Unidos tiene en su posesión y controla”, no está haciendo otra cosa que actuar como el cobrador de la plutocracia, utilizando las fuerzas armadas para garantizar la rentabilidad del capital financiero. La respuesta de Irán, calificando esta acción de “precedente incendiario”, muestra la dinámica de un conflicto que no tiene solución dentro de los límites del sistema actual.

El imperialismo, como bien lo definió Bujarin, se caracteriza por la “política de la violencia” para la reestructuración del mercado mundial. Los ataques y las contraofertas no son más que la guerra de los monopolios por el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales, utilizando a los Estados como sus agentes ejecutores.

Las grietas en el bloque imperial

Sin embargo, el imperio no es monolítico. En una muestra de las contradicciones internas del bloque dominante, unos 600 exjefes de seguridad de Israel enviaron una carta a Trump alertándole sobre el “peligro del terrorismo colono judío” en Cisjordania, advirtiendo que esta “escalada de violencia amenaza la seguridad de Israel, los intereses de EE.UU. y la estabilidad regional”. Esta misiva, firmada por exgenerales y altos funcionarios del Mosad, el Shin Bet y la Policía, revela que incluso entre las filas de la clase dominante sionista existe un sector que comprende que la política de colonización desenfrenada es un callejón sin salida que pone en riesgo la propia viabilidad del proyecto. Esta fisura, sin embargo, no conduce a un cambio en la política imperialista, sino que refleja la pugna interna entre diferentes fracciones del capital por definir las tácticas de dominación.

El precio de la guerra para los de abajo

Mientras los políticos y generales deciden el destino de millones de personas en salones de mármol, la clase trabajadora paga el precio de esta guerra con su sangre y su sudor. Los pescadores de Gaza, los conductores de camiones que ven el precio del crudo superar los 100 dólares el barril, los campesinos atrapados entre dos fuegos, todos ellos son las víctimas anónimas de un sistema que necesita de la guerra para reproducirse. Como dijo Rosa Luxemburgo, “la paz burguesa no es más que la guerra civil de la burguesía, que se transforma en la paz de los cementerios para los trabajadores”.

La cumbre de Netanyahu y Trump, la conferencia en Londres sobre el estrecho, son el rostro “civilizado” de una misma barbarie: la de un capitalismo que no tiene respuestas para la crisis estructural que él mismo crea. En el escenario de Asia Occidental, la lucha de clases se libra con misiles y drones, pero su esencia es la misma: la disputa entre el capital y el trabajo, entre la opresión y la emancipación. La única salida no es la victoria de un imperialismo sobre otro, sino la organización internacional de la clase trabajadora para poner fin a la guerra y construir una sociedad basada en la cooperación y no en la explotación.

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