El gobierno de José Antonio Kast ha revertido la política de su antecesor, Gabriel Boric, y ha reactivado la cooperación militar con el régimen de Israel, que había sido suspendida en mayo de 2025 como un gesto de rechazo al genocidio en la Franja de Gaza. La decisión incluye el envío de nuevos agregados militares a Tel Aviv y la participación de la industria armamentística israelí en la feria aeronáutica FIDAE, desde donde promueven sus misiles, drones y sistemas de guerra electrónica. Mientras el mundo es testigo de la masacre sistemática del pueblo palestino, que ya supera las decenas de miles de muertos, el gobierno chileno ha decidido poner su maquinaria estatal al servicio de los verdugos, consolidando una alianza estratégica con el principal responsable del genocidio en curso. La clase trabajadora chilena asiste, una vez más, a la confirmación de una verdad incómoda: para la derecha, los intereses del capital y la geopolítica del imperio pesan más que la defensa de los derechos humanos y la vida de los pueblos oprimidos.
Por Equipo El Despertar
Santiago de Chile. El giro fue tan rápido como predecible. Apenas cuatro meses después de asumir el poder, el Presidente José Antonio Kast ha desmantelado una a una las medidas que su predecesor, Gabriel Boric, había adoptado como respuesta al genocidio cometido por el régimen de Israel en la Franja de Gaza. En mayo de 2025, el exmandatario ordenó el retiro de los agregados de defensa, militar y aéreo que desempeñaban funciones en la embajada de Chile en Tel Aviv, una decisión precedida por el llamado a consulta del entonces embajador en noviembre de 2023 y la exclusión de empresas israelíes de la feria aeronáutica Fidae 2024.
Pero el gobierno de Kast no solo ha revertido estas decisiones: ha ido mucho más allá. Se prevé que en los próximos días anuncie quiénes serán los nuevos agregados militares con los que busca reestablecer los lazos con uno de los principales proveedores de tecnología y equipos para las Fuerzas Armadas chilenas. El nuevo embajador chileno en Israel, Gabriel Zaliasnik, quien ya ha presentado sus cartas credenciales ante el presidente Isaac Herzog, jugará un rol primordial en la gestión de Kast. Zaliasnik ya ha dado pasos concretos en esa dirección, como su reciente visita a la base aérea de Palmachim, una instalación estratégica desde donde el régimen sionista ha desplegado operaciones con drones y armas guiadas para atacar Gaza.
El retorno de los mercaderes de la muerte: IAI y ELTA en FIDAE 2026
La reactivación de la cooperación militar no se ha limitado al ámbito diplomático. En el marco de la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE) 2026, representantes de Israel Aerospace Industries (IAI) y su filial ELTA Systems sostuvieron reuniones clave con oficiales de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), con el objetivo de mostrar las últimas tecnologías aeronáuticas y de defensa desarrolladas a partir de experiencias en escenarios reales de conflicto. Estas reuniones se enmarcan en un claro reimpulso de los vínculos bilaterales en materia de defensa tras el cambio de administración.
La presencia de IAI en FIDAE 2026 no constituye un hecho neutro ni meramente organizativo. La Comunidad Palestina en Chile ha condenado esta participación como “una ofensa moral grave, dolorosa e inaceptable”, acusando a la empresa estatal israelí de ser “una parte estructural del aparato militar que ha cometido diversas violaciones a los Derechos Humanos en Gaza”. El director de la Comunidad Palestina en Chile, Diego Khamis, advirtió que la decisión de Kast constituye un “giro peligroso”, no solo en lo que respecta a la relación con Palestina, “sino con la posición que está teniendo Chile en el manejo de sus relaciones internacionales”.
La dependencia histórica y el cinismo de la “modernización”
Los defensores de esta alianza argumentan que Chile mantiene una relación histórica con la industria de defensa israelí, que se remonta a mediados de la década de 1970. Las Fuerzas Armadas chilenas operan desde hace años una amplia gama de sistemas israelíes: misiles Spike de Rafael Advanced Defense Systems, artillería Soltam de Elbit Systems, fusiles Galil ACE bajo licencia de IWI, sensores y miras optrónicas en tanques Leopard 2A4, modernizaciones en aviones F-5 Tiger con radares y misiles Python IV, mini-UAV SpyLite, radares en aeronaves C-295 Persuader y una extensa lista de equipos electrónicos.
Pero la dependencia histórica no es una excusa, sino una confesión de clase. Durante el gobierno de Boric, la ministra de Defensa, Adriana Delpiano, reconoció que Chile está trabajando activamente en la diversificación de sus proveedores para dejar de comprar armamento y equipamiento militar a Israel, señalando que “no se van a hacer ni se está haciendo” nuevas compras a Israel. Sin embargo, el gobierno de Kast ha decidido no solo mantener esa dependencia, sino profundizarla, abriendo las puertas a nuevos contratos y a la participación de la industria armamentística israelí en los procesos de modernización de las Fuerzas Armadas.
La hipocresía de la “seguridad” y el negocio de la muerte
El discurso oficial del gobierno de Kast se centra en la necesidad de “modernizar y fortalecer las capacidades de las Fuerzas Armadas con un enfoque pragmático y orientado a las necesidades operativas del país”. Pero, ¿qué significa realmente “modernizar” las capacidades militares cuando el principal proveedor de tecnología es un régimen que está siendo investigado por la Corte Internacional de Justicia por el delito de genocidio?
La respuesta es simple: el gobierno de Kast no está interesado en la defensa de los derechos humanos ni en la coherencia ética de su política exterior. Su objetivo es consolidar una alianza estratégica con el imperialismo estadounidense y su principal aliado en Medio Oriente, el régimen sionista, en el marco de una ofensiva global de la ultraderecha internacional. Como ha advertido el exembajador Nelson Hadad, existe “una influencia notoria de parte de Estados Unidos, no solamente respecto de Chile sino que de todos los países que hoy día están haciendo un giro hacia la ultraderecha”.
La función de clase de la alianza militar con el genocidio
Desde una perspectiva marxista, la reactivación de la cooperación militar con Israel no es un error de cálculo diplomático ni una concesión a los grupos de presión. Es la expresión de la lógica de clase que gobierna el Estado chileno bajo la administración de Kast: una alianza incondicional con el imperialismo y el capital global, que prioriza los intereses geopolíticos de Washington y Tel Aviv por sobre la defensa de los derechos humanos y la vida de los pueblos oprimidos.
La misma derecha que se llena la boca con discursos de “defensa de la vida” y “valores cristianos” es la que ahora pone sus Fuerzas Armadas al servicio de un régimen que ha asesinado a más de 73.000 palestinos en Gaza, la mayoría mujeres y niños. La misma administración que promete “orden” y “seguridad” es la que compra armas a los mismos que siembran la muerte y la destrucción en Medio Oriente. La misma clase política que exige “mano dura” contra la delincuencia en Chile es la que financia, con sus impuestos, la maquinaria de guerra del genocidio sionista.
La clase trabajadora chilena no debe dejarse engañar por el discurso de la “modernización” y la “seguridad nacional”. La alianza militar con Israel no es una decisión técnica, sino política: es la confirmación de que el gobierno de Kast ha decidido alinearse con los verdugos del pueblo palestino, convirtiendo a Chile en cómplice de un crimen que la historia no perdonará.
Epílogo: el precio de la complicidad
La reactivación de la cooperación militar con Israel no es un hecho aislado, sino la continuación de la lógica de clase que ha guiado a la derecha chilena desde el retorno a la democracia: la entrega de la soberanía nacional a los intereses del capital global, la subordinación de la política exterior a los dictados del imperio y la complicidad con los crímenes de los poderosos.
Mientras el gobierno de Kast celebra el retorno de los agregados militares y la participación de IAI en FIDAE, el pueblo palestino sigue siendo masacrado en Gaza, los niños siguen muriendo de hambre y las bombas siguen cayendo sobre los hospitales. La clase trabajadora chilena debe entender que esta alianza no es neutral: es un acto de complicidad con el genocidio.
Como ha señalado el jurista y exembajador Nelson Hadad, la decisión de Kast de reanudar la cooperación militar con Israel no es solo un giro en la política exterior, sino una declaración de principios. Y esa declaración es clara: para el gobierno de Chile, la vida de los pales
