Para comprender la función del Poder Judicial, es preciso remontarse a la naturaleza del Derecho en el modo de producción capitalista. Como argumentó Evgeny Pashukanis en su obra La teoría general del Derecho y el marxismo, la forma jurídica es la contraparte necesaria de la forma mercancía. En el mercado, los productores independientes se encuentran formalmente como propietarios “iguales” que intercambian equivalentes. El Derecho burgués codifica esta abstracción declarando la igualdad formal de todos los individuos ante la ley.
Por Editor El Despertar
n el ideario del constitucionalismo liberal, el Poder Judicial se presenta como el garante supremo de la equidad, un árbitro imparcial situado por encima de las pugnas sociales cuya única brújula es el mandato abstracto de la ley. Sin embargo, desde la perspectiva de la crítica marxista de la economía política y la teoría del Estado, esta pretendida neutralidad constituye uno de los dispositivos ideológicos más eficaces para la preservación del orden social existente. Lejos de constituir un espacio aséptico de resolución de conflictos, la judicatura opera como un engranaje fundamental del aparato estatal burgués, diseñado para garantizar la reproducción continuada de las relaciones de producción capitalistas y la hegemonía de las clases poseedoras.
1. El mito del «Derecho Imparcial» y la forma jurídica capitalista
Para comprender la función del Poder Judicial, es preciso remontarse a la naturaleza del Derecho en el modo de producción capitalista. Como argumentó Evgeny Pashukanis en su obra La teoría general del Derecho y el marxismo, la forma jurídica es la contraparte necesaria de la forma mercancía. En el mercado, los productores independientes se encuentran formalmente como propietarios “iguales” que intercambian equivalentes. El Derecho burgués codifica esta abstracción declarando la igualdad formal de todos los individuos ante la ley.
No obstante, esta igualdad abstracta encubre —y legitima— una desigualdad sustancial en las condiciones materiales de existencia. El contrato de trabajo, por ejemplo, es consagrado por el sistema judicial como un acuerdo libre entre partes iguales, velando el hecho de que el proletario, desprovisto de medios de producción, está materialmente obligado a vender su fuerza de trabajo al capitalista. El Poder Judicial, al aplicar la norma jurídica sobre la premisa de la igualdad formal, naturaliza la explotación y transforma la coacción económica en una obligación legal mente sancionada.
2. El Poder Judicial como aparato coercitivo e ideológico del Estado
En la formulación clásica de Karl Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista, el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de la burguesía. Louis Althusser profundizó esta conceptualización al diferenciar entre los Aparatos Represivos del Estado (ARE) y los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE). El Poder Judicial ocupa una posición estratégica y de bisagra entre ambas dimensiones:
- Dimensión coercitiva (ARE): A través del monopolio de la violencia legítima, los tribunales ejecutan la fuerza punitiva del Estado mediante desalojos de terrenos ocupados por sectores populares, la criminalización de la huelga y la protesta social, el encarcelamiento masivo de la clase trabajadora y la custodia estricta del derecho de propiedad privada sobre los medios de producción.
- Dimensión ideológica (AIE): Mediante la ritualidad procesal, el lenguaje especializado y la ilusión de la «debida garantía procesal», la magistratura inculca la creencia en que la justicia es accesible para todos por igual. Esta hegemonía ideológica despolitiza el conflicto social, reencuadrando las contradicciones de clase como disputas jurídicas individuales.
3. La justicia asimétrica y la captura del aparato judicial por la élite
La ilusión de la imparcialidad se quiebra sistemáticamente al examinar el funcionamiento práctico de la administración de justicia. Nicos Poulantzas, en Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, señaló que el Estado goza de una «autonomía relativa» que le permite arbitrar entre distintas facciones del capital o conceder reformas secundarias a las clases subordinadas para mantener la estabilidad del sistema. Sin embargo, esta autonomía encuentra un límite infranqueable cuando se ven amenazados los fundamentos de la acumulación capitalista.
La asimetría del Poder Judicial se evidencia en dos dinámicas estructurales:
- La doble vara punitiva: Mientas los delitos contra la propiedad cometidos por la clase trabajadora son severamente castigados con penas privativas de libertad, la delincuencia de «cuello y corbata» —evasión fiscal, colusión de mercados, delitos ambientales y corrupción política— es tratada con indulgencia procesal, penas sustitutivas o dilataciones interminables.
- Redes de cooptación y tráfico de influencias: La selección y ascenso de altos magistrados no responde a un proceso meritocrático neutro, sino a alianzas operativas entre bufetes corporativos, castas políticas y bloques de poder económico. Como han evidenciado diversos escándalos de corrupción en América Latina y el mundo (como el Caso Audios en Chile), los jueces de las altas cortes forman parte del mismo entramado social que las élites de capitalistas, lo que garantiza una afinidad de clase espontánea al momento de fallar sobre cuestiones estratégicas.
Conclusión
El Poder Judicial no es un cuerpo de jueces independientes caídos del cielo, sino la expresión institucionalizada del poder de una clase sobre otra. Su función primaria dentro del modo de producción capitalista no es la realización de una “justicia” metafísica, sino la preservación de la propiedad privada, la garantía de la continuidad del proceso de acumulación de capital y la pacificación de la lucha de clases a través del binomio coacción-ideología. Mientras persista la división de la sociedad en clases antagónicas, el Derecho y los tribunales continuarán siendo un instrumento de dominación velado por la máscara de la neutralidad formal.
