El artista puertorriqueño Bad Bunny cerró este fin de semana su gira mundial “DeBÍ TiRAR MáS FOToS” en el Estadio Hiram Bithorn de San Juan con dos conciertos que fueron, ante todo, un acto de denuncia política. Ante 18.000 espectadores que abarrotaron el recinto, Benito Antonio Martínez Ocasio no solo desplegó un espectáculo de primer nivel, sino que convirtió el escenario en una tribuna para denunciar los apagones constantes, la crisis del agua, la corrupción institucional, la gentrificación y el modelo económico que, según sus palabras, “está creado a propósito” para expulsar a los puertorriqueños de su propia tierra. La clase trabajadora de Puerto Rico, que lleva décadas soportando el saqueo colonial y la negligencia de las élites locales, encontró en el “Conejo Malo” una voz que, desde la cultura popular, expone lo que la prensa hegemónica prefiere silenciar.
Por Equipo El Despertar
San Juan. El rugido del público no fue solo por la música. Cuando Bad Bunny, de 32 años, emergió bajo una bandera puertorriqueña que presidía el estadio, el grito “Benito, Benito” no era solo el reconocimiento a un ídolo pop, sino el clamor de un pueblo que encuentra en el artista la voz de su resistencia. Los conciertos del 22 y 23 de agosto no fueron una mera despedida: fueron el acto de cierre de una gira que recorrió 22 ciudades en cuatro continentes, pero que, significativamente, culminó en Puerto Rico, y no en Bruselas como estaba previsto. El retorno a la isla no fue casualidad: fue una declaración de principios.
“Este caos, este desastre, es creado a propósito”
Desde el primer momento, el mensaje de Bad Bunny fue claro y sin ambages. “Este caos, este desastre, es creado a propósito”, sentenció desde el escenario. La acusación no era una simple queja: apuntaba directamente a la complicidad entre el gobierno colonial y las élites económicas que han convertido la precariedad en un mecanismo de control sobre la población.
“No está ni cerca de ser normal que el pueblo todas las noches se le vaya la luz, que haya familias con más de 120 o 130 días sin agua, eso no es normal. La corrupción no es normal, y jamás será”, remarcó el cantante antes de interpretar ‘El Apagón’. La denuncia no era abstracta: más de 180.000 hogares han estado sujetos a interrupciones de agua de hasta 48 horas debido a la sequía y la caída crítica del embalse Carraízo, mientras los apagones se han convertido en parte de la vida cotidiana. Bad Bunny lo resumió con crudeza: “Yo no puedo traerle agua a la gente que no tiene, ni puedo traerle la luz a los que todos los días se les va la luz. Yo lo que quiero hoy es traerles un poco de alegría, lo que quiero traerles hoy son las ganas de seguir sintiendo orgullo de ser de aquí”.
Contra la gentrificación y el capital inmobiliario
Pero la crítica de Bad Bunny no se limitó a los servicios básicos. También apuntó al corazón del modelo económico que expulsa a los puertorriqueños de su tierra. En un momento central del concierto, el personaje “El Sapo Concho” apareció en pantalla para alzar la voz contra el megaproyecto turístico de lujo “Esencia”, declarando: “Déjame decirles que el proyecto Esencia se tiene que cancelar pal carajo”.
La denuncia de Bad Bunny contra el megaproyecto “Esencia” no fue una ocurrencia: forma parte de un patrón de crítica a la gentrificación y el desplazamiento de comunidades trabajadoras que ha caracterizado su obra. El artista vinculó la precariedad de los servicios públicos con un modelo económico que, según él, favorece a inversionistas externos y empuja a los residentes a abandonar la isla. Cuestionó la conversión de viviendas en alquileres vacacionales y el desarrollo de proyectos con alto consumo de agua y energía, que agravan la crisis de los recursos básicos mientras las comunidades populares son desplazadas.
La función de clase de la voz del “Conejo Malo”
Desde una perspectiva marxista, el mensaje de Bad Bunny en el cierre de su gira no es un simple despliegue de conciencia social, sino la expresión de una contradicción de clase que atraviesa la sociedad puertorriqueña. Puerto Rico, como territorio colonial no incorporado de Estados Unidos, es un laboratorio del capitalismo dependiente: un espacio donde la soberanía popular es ficticia, los recursos son extraídos por el capital foráneo y la clase trabajadora es sometida a un régimen de explotación que combina la negligencia estatal con el saqueo corporativo.
Bad Bunny, al denunciar los apagones, la falta de agua, la corrupción y la gentrificación, está señalando los mecanismos concretos de esta dominación. El “caos creado a propósito” que denuncia no es una teoría conspirativa, sino la constatación de que la precariedad no es un accidente, sino una herramienta de control: un pueblo que no tiene luz ni agua es un pueblo que no puede organizarse, que no puede resistir, que está demasiado ocupado sobreviviendo como para luchar contra el despojo.
“A este pueblo lo salvamos nosotros”
Pero el mensaje de Bad Bunny no fue solo de denuncia. Fue también un llamado a la organización y a la resistencia popular. “A este pueblo lo salvamos nosotros”, declaró en uno de los momentos más emotivos de la noche. La frase resume la esencia de la lucha de clase: no serán los gobernantes ni los inversionistas extranjeros quienes resolverán la crisis, sino el propio pueblo organizado.
“Les quiero decir algo desde lo más profundo de mi corazón”, dijo el artista. Y lo que siguió fue una declaración de principios: la defensa de Puerto Rico no es una cuestión de política partidista, sino de supervivencia cultural y material. “Somos grandes, Puerto Rico, somos mucho más que 100 x 35”, sentenció, haciendo referencia a las dimensiones de la isla.
El concierto cerró con el mensaje de que la lucha continúa. Bad Bunny no prometió soluciones mágicas, sino “esperanza y fuerza para luchar y seguir defendiendo esta tierra”. Y en esa promesa, el artista se convirtió en un símbolo de la resistencia de la clase trabajadora puertorriqueña: una resistencia que no se rinde, que no se resigna, que sigue alzando la voz contra el saqueo y la dominación. Mientras los apagones y la falta de agua sigan siendo la norma en Puerto Rico, mientras la gentrificación siga expulsando a los de abajo, la voz del “Conejo Malo” seguirá resonando como un eco de la lucha popular.
