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La “llave bioceánica” de los patrones: el pulso por Magallanes desnuda la hipocresía de las derechas aliadas mientras los trabajadores pagan la crisis

Ago 25, 2026

Lo que debía ser una muestra de sintonía ideológica entre los gobiernos de José Antonio Kast y Javier Milei se convirtió en el primer roce diplomático serio de la alianza de ultraderecha, a raíz de las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea Argentina sobre la soberanía del Estrecho de Magallanes. Mientras Chile envió una nota de protesta formal y el canciller Francisco Pérez Mackenna, desde su gira por Vietnam, exigió “responsabilidad” a las autoridades trasandinas, la Cancillería argentina salió a ratificar los tratados de 1881 y 1984, desautorizando a su propio militar. La clase trabajadora asiste, una vez más, al espectáculo de una diplomacia que defiende los intereses del capital y la geopolítica de las potencias, mientras el estrecho sigue siendo una ruta estratégica para el comercio global que beneficia a los mismos de siempre.

Por Equipo El Despertar

Santiago de Chile / Buenos Aires. El domingo 23 de agosto, el brigadier general Gustavo Javier Valverde, jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, concedió una entrevista al canal de YouTube “La Fábrica del Podcast” y sembró la polvareda. “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía”, afirmó. “Hay que mantener ahí, hay que hacer presencia porque eso es una llave bioceánica Atlántico-Pacífico”. Las palabras del militar fueron interpretadas en Chile como un cuestionamiento a la soberanía chilena sobre el estratégico paso austral.

La reacción del gobierno de Kast fue inmediata. El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, quien se encontraba de gira oficial por Vietnam, grabó un video para dejar en claro la postura de su administración. “La soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes en su totalidad es indiscutible, y se funda en los tratados de 1881 y 1984, suscritos por ambos países”, remarcó el canciller. Y fue más allá: “Hago un severo llamado a las autoridades de otros países a ser responsables con sus declaraciones y no confundir a sus ciudadanos. El Estrecho de Magallanes es indiscutiblemente chileno”. Horas antes, el biministro del Interior y Segpres, Claudio Alvarado, había señalado que “obviamente no nos parece bien” y que “nos llama la atención que se levanten cada cierto tiempo este tipo de declaraciones, porque aquí no hay nada que discutir”.

Los límites del “abrazo” ideológico: el primer roce entre aliados

El episodio marca el primer conflicto diplomático entre los gobiernos de José Antonio Kast y Javier Milei, aliados ideológicos que habían estrechado lazos en los primeros meses de ambas administraciones. La Cancillería chilena anunció el envío de una nota de protesta formal a Buenos Aires, en un gesto que revela hasta dónde llega la “hermandad” de las derechas cuando se tocan los intereses geopolíticos del capital. Desde el Palacio San Martín, el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Pablo Quirno, intentó bajar la tensión y desautorizó a su propio jefe militar. “La posición argentina respecto del Estrecho de Magallanes es la que establecen el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984. Ambos instrumentos rigen plenamente y son considerados definitivos por la República Argentina”.

La Cancillería trasandina reafirmó “el valor estratégico de la cooperación con Chile”, en un intento por cerrar el conflicto antes de que escale. Pero el daño ya estaba hecho. Como consignó El País, los gobiernos de Kast y Milei enfrentan su primer conflicto diplomático desde que el ultraconservador llegó a La Moneda.

La “llave bioceánica” del capital: el estrecho como ruta de la acumulación

Detrás de la disputa diplomática, lo que está en juego no es la soberanía de los pueblos, sino el control de una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo. El Estrecho de Magallanes conecta los océanos Atlántico y Pacífico y es una vía clave para el comercio global. Como señaló el propio Valverde, es una “llave bioceánica” que permite el tránsito de mercancías y recursos energéticos. El interés de las élites argentinas y chilenas no es el bienestar de las poblaciones australes, sino asegurar que el flujo de capitales y materias primas no se interrumpa. “Hay que hacer presencia”, dijo el militar. “Presencia” significa, en la práctica, control militar y político de una ruta que beneficia a las grandes corporaciones, no a los trabajadores de la Patagonia.

El artículo V del Tratado de Límites de 1881 establece que “el Estrecho de Magallanes queda neutralizado a perpetuidad y asegurada su libre navegación para las banderas de todas las naciones”. La “libre navegación” es el principio que garantiza que el capital pueda circular sin obstáculos, sin importar las condiciones de vida de quienes habitan en los territorios aledaños.

La hipocresía de la “cooperación”: el silencio del gobierno de Kast sobre los tratados de 1984

La nota de protesta de Chile por las declaraciones del militar argentino no debe ocultar la hipocresía del gobierno de Kast. El Tratado de Paz y Amistad de 1984, que hoy invocan para defender la soberanía chilena, fue firmado durante la dictadura de Pinochet y reafirmó el marco territorial establecido en 1881. La derecha chilena, que hoy se ufana de defender la integridad territorial, ha sido históricamente cómplice de la entrega de los recursos estratégicos del país a las transnacionales. La “cooperación” con Argentina que pregona la Cancillería trasandina no es una política de integración popular, sino un pacto entre élites para administrar el saqueo de la Patagonia.

La función de clase del estrecho

Desde una perspectiva marxista, la disputa por el Estrecho de Magallanes revela la función de clase de la geopolítica. El estrecho no es un territorio en disputa por su valor simbólico o histórico, sino por su importancia estratégica para el comercio global y el control de los recursos energéticos. La “soberanía” que defienden los gobiernos de Kast y Milei no es la soberanía de los pueblos, sino la soberanía del capital. La “llave bioceánica” no es una llave para el desarrollo de las comunidades australes, sino una llave para la acumulación de las grandes corporaciones. La “libre navegación” no es un principio de cooperación internacional, sino un mecanismo para garantizar que el flujo de mercancías no se interrumpa, incluso si eso significa militarizar la región.

Mientras los cancilleres intercambian notas de protesta y los militares se disputan la retórica de la soberanía, los trabajadores de la Patagonia chilena y argentina siguen esperando que el Estado cumpla con sus obligaciones más básicas: empleo digno, salud pública, educación gratuita y vivienda accesible. La disputa por el estrecho no es una disputa por el bienestar de los de abajo, sino por el control de una ruta que beneficia a los de arriba.

Epílogo: el estrecho de los patrones, el olvido de los trabajadores

El pulso por el Estrecho de Magallanes no es el fin de la historia, sino su continuación. La derecha chilena y argentina han demostrado que su alianza ideológica tiene límites cuando se tocan los intereses geopolíticos del capital. Pero la clase trabajadora no debe dejarse engañar por el espectáculo de la diplomacia. La soberanía que defienden Kast y Milei no es la soberanía de los pueblos, sino la soberanía de los grupos económicos que controlan el comercio global.

Mientras los cancilleres se disputan la retórica de la soberanía y los militares se disputan el control de la “llave bioceánica”, los trabajadores de la Patagonia siguen esperando que el Estado cumpla con sus obligaciones más básicas. La lucha por el estrecho no es una lucha por la justicia social, sino una lucha por el control de una ruta que beneficia a los de arriba. La verdadera soberanía no se construye con notas de protesta ni con despliegues militares, sino con la organización de los que saben que el estrecho, como el resto de los recursos del país, debe estar al servicio de las mayorías y no de las minorías.

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