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La pelea de los cómplices: Reino Unido e Israel se lanzan sanciones mientras la clase trabajadora paga la crisis en Asia Occidental

Sep 10, 2026
Foto Atalayar

En una escalada sin precedentes entre dos aliados históricos, el Reino Unido anunció la prohibición de importar bienes de los asentamientos israelíes en Cisjordania y la suspensión de más de 30 licencias de exportación de armas a Israel. Tel Aviv respondió con la orden de cerrar el consulado británico en Jerusalén Este y la prohibición de entrada a 12 funcionarios británicos. La crisis diplomática, sin embargo, es una disputa entre dos potencias imperialistas que, pese a sus diferencias tácticas, comparten la misma responsabilidad en la opresión del pueblo palestino y en la desestabilización de toda la región. La clase trabajadora mundial asiste a un nuevo capítulo de la misma historia: mientras los de arriba pelean por el botín, los de abajo pagamos las consecuencias.


Por Equipo El Despertar

Londres / Tel Aviv / Gaza. La tarde del martes 8 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, subió a la tribuna de la Cámara de los Comunes para anunciar un giro histórico en la política exterior del Reino Unido hacia Israel. “No creo que el pueblo británico quiera que apoyemos la ocupación aceptando productos de los asentamientos en nuestras tiendas y supermercados”, declaró. Y luego vino el anuncio: la prohibición de importar bienes de los asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este, la suspensión de más de 30 licencias de exportación de armas a Israel y la prohibición de promocionar la venta de tierras en asentamientos ilegales en territorio británico.

La respuesta de Tel Aviv fue inmediata y contundente. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, anunció una serie de “contramedidas”: el cierre del consulado general británico en Jerusalén Este —abierto en 1839 y uno de los ocho consulados “históricos” en esa parte de la ciudad—, el retiro del personal británico del Centro de Coordinación Cívico-Militar liderado por Estados Unidos en Gaza y la prohibición de entrada a 12 funcionarios británicos considerados “anti-Israel”. “Quien actúe contra Israel enfrentará las acciones israelíes”, advirtió Sa’ar.

La crisis escaló aún más cuando Miliband, en un gesto inusual para un político occidental, reconoció que existe “limpieza étnica de palestinos” por parte de “terroristas colonos” en zonas de Cisjordania. Sa’ar calificó las acusaciones de “indignantes y equivocadas”. El Financial Times resumió la situación con crudeza: las relaciones entre ambos países no estaban “tan mal” en décadas.

La pelea de los cómplices: dos potencias imperialistas se reparten el botín

Desde una perspectiva marxista, la disputa entre Londres y Tel Aviv no es un conflicto entre el “bien” y el “mal”, ni entre la “democracia” y el “autoritarismo”. Es una pelea entre dos potencias imperialistas que, pese a sus diferencias tácticas, comparten la misma naturaleza de clase y la misma responsabilidad en la opresión de los pueblos de Asia Occidental. Ambas son parte de la alianza imperialista liderada por Estados Unidos, y ambas han armado y financiado la maquinaria de guerra que ha convertido Gaza en un cementerio. La analista británica Tariq Ali lo ha señalado con claridad: “El Reino Unido no es un actor neutral. Es un cómplice del genocidio”.

La historia lo confirma. El Reino Unido fue el arquitecto original del colonialismo de asentamiento en Palestina, con la Declaración Balfour de 1917 y el Mandato británico que allanó el camino para la creación del Estado de Israel. Desde entonces, ha sido uno de los principales proveedores de armas y apoyo diplomático a Tel Aviv. La suspensión de 30 licencias de exportación de armas que anunció Miliband es una fracción mínima del total de la relación militar entre ambos países, y no revierte décadas de complicidad.

Israel, por su parte, no es una víctima de la presión británica. Es un actor imperialista regional que, con el respaldo de Washington, ha llevado a cabo una campaña de limpieza étnica en Gaza que ha dejado más de 70.000 muertos, incluidos al menos 20.000 niños. La disputa con Londres no cambia esa realidad. Como señaló Miliband, las medidas británicas están diseñadas para “presionar” a Israel, no para castigarlo. “Continuaremos apoyando el comercio importante y valioso con Israel dentro de las fronteras anteriores a 1967”, dijo, y se opuso “de todo corazón” a la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

La respuesta de la Resistencia: ocho países apoyan las sanciones pero la crisis se profundiza

La respuesta internacional no se hizo esperar. Ocho países —Turquía, Egipto, Indonesia, Jordania, Pakistán, Catar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos— emitieron una declaración conjunta celebrando las medidas británicas y exigiendo que Israel “retire todas las medidas relacionadas con la actividad de asentamientos y otras acciones destinadas a cambiar el carácter geográfico y demográfico del territorio palestino ocupado”. La declaración reafirmó que “la solución de dos Estados es el único camino viable para lograr una paz justa, duradera y completa”.

Pero la crisis no se limita a la disputa diplomática. La guerra contra Irán, que comenzó el 28 de febrero con la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, sigue cobrándose vidas. Más de 1.200 personas han muerto en Irán, incluidos 168 niños, según cifras citadas por parlamentarios británicos. El estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, permanece bloqueado de facto. Los precios del crudo se han disparado, la inflación golpea a los trabajadores de todo el mundo y la amenaza de una conflagración regional se cierne sobre millones de personas.

El Reino Unido, lejos de distanciarse de la guerra, sigue siendo un actor clave en ella. Los parlamentarios del Partido Verde han denunciado que aviones bombarderos estadounidenses despegan desde bases británicas, incluida la RAF Fairford, para atacar Irán. “El primer ministro no está siendo del todo sincero con el país”, dijo el líder verde Zack Polanski. “Sigue diciendo que no estamos involucrados en esta guerra, pero todavía tenemos suelo británico y bases donde los bombarderos estadounidenses vuelan hacia Irán”.

La clase trabajadora paga la factura

Mientras los gobiernos de Londres y Tel Aviv se enzarzan en una pelea de sanciones y contramedidas, la clase trabajadora de ambos países y de toda la región paga el precio. En el Reino Unido, el gobierno de Burnham ha prometido aumentar el gasto militar mientras los servicios públicos —la sanidad, la educación, la vivienda— se desmoronan. En Israel, la economía de guerra y la movilización masiva de reservistas han sumido a miles de familias en la precariedad. En Gaza, la población sigue siendo masacrada.

La crisis diplomática entre Londres y Tel Aviv no es una pelea entre “amigos” que se distancian. Es una disputa entre dos potencias imperialistas sobre cómo gestionar mejor la opresión del pueblo palestino y el control de los recursos de la región. Mientras Miliband dice que las medidas están diseñadas para “presionar” a Israel hacia la “solución de dos Estados”, Israel responde con el cierre del consulado y la expulsión de diplomáticos. Ninguno de los dos bandos cuestiona la ocupación en sí misma. Ninguno de los dos bandos menciona el derecho al retorno de los refugiados palestinos. Ninguno de los dos bandos habla de la clase trabajadora.

Epílogo: la pelea de los patrones y la lucha de los pueblos

La disputa entre el Reino Unido e Israel es una pelea entre dos cómplices que se acusan mutuamente de no ser lo suficientemente cómplices. El Reino Unido quiere seguir vendiendo armas a Israel, pero no quiere que sus supermercados vendan productos de asentamientos ilegales. Israel quiere seguir colonizando Cisjordania, pero no quiere que le cierren consulados. Ninguno de los dos está dispuesto a dejar de explotar a la clase trabajadora palestina e israelí.

La clase trabajadora mundial no debe dejarse engañar por esta disputa. La solidaridad con el pueblo palestino no se expresa con sanciones selectivas que no cuestionan la ocupación. Se expresa con la organización, la movilización y la lucha por el fin del colonialismo de asentamiento. Mientras los imperios pelean por el botín, los pueblos deben unirse para arrebatárselo. La historia, como siempre, la escribirán los que resisten.

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